Modo Fontevecchia•Editorial de Jorge Fontevecchia

Día 1059: Perfil festeja sus 50 años con "No dejes que el algoritmo te imponga qué leer, elegí papel"

A partir de hoy y durante el año en que la editorial celebra su 50 aniversario, hasta diciembre de 2027, Perfil distribuirá de manera gratuita un diario en papel en instituciones educativas.

Día 1059: Perfil festeja sus 50 años con "No dejes que el algoritmo te imponga qué leer, elegí papel"
Día 1059: Perfil festeja sus 50 años con "No dejes que el algoritmo te imponga qué leer, elegí papel" | +Perfil
Hoy 11:18

Hoy se consumen noticias con un celular . La mayoría de las veces ni siquiera se entra dentro de la web de un medio. Si no que se ven las redes sociales y los llamados algoritmos nos muestran contenidos que presuponen que nos van a interesar. Las empresas tecnológicas saben lo que nos interesa porque se lo decimos permanentemente, cada vez que nos quedamos mirando un vídeo, nos damos un me gusta a una publicación o comentamos una noticia.

Las empresas necesitan que estemos cada vez más tiempo mirando el celular , dentro de la aplicación, para poder vender más caros sus anuncios; por eso nos muestran contenidos y noticias con las que estemos de acuerdo y, de esta manera, todo el tiempo alimentamos nuestros prejuicios y maneras de ver el mundo con las noticias que reafirman lo que ya pensábamos. Esto se llama sesgo de confirmación y es uno de los procesos que llegó con la digitalidad y los teléfonos inteligentes, y está erosionando el debate democrático.

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Si cada cual solo ve las noticias con las que ya está de acuerdo, es muy difícil que encontremos puntos en común. Esto hace que se produzca cada vez más polarización y menos pensamiento crítico. Tribus digitales a un y otro lado de la grieta, alimentadas por aplicaciones y medios que montaron un negocio alrededor de decirnos lo que queremos escuchar.

A la vez, hay estudios que indican que el llamado scrolleo incesante del celular, en el que se mira fragmentariamente millas de contenidos, está destruyendo nuestra capacidad de atención, memoria y profundidad de análisis. En resumidas cuentas, mirar el teléfono durante mucho tiempo sin un horizonte claro de lo que estamos viendo nos vuelve más tontos, menos críticas y, por consiguiente, más manejables. Veamos un video que hizo el equipo multimedia de Perfil al que le agradezco su cobertura de este primer día de distribución.

Además, expertos en educación advierten que esto ya tiene consecuencias: los análisis de las pruebas PISA muestran una asociación entre el uso recreativo intensivo de dispositivos digitales y peores resultados en comprensión lectora. No se trata de demonizar la tecnología, sino de preguntarnos qué habilidades estamos dejando de desarrollar.

Pero hay algo más. No se trata solamente de discutir cómo consumimos noticias, sino de preguntarnos qué tipo de sociedad estamos construyendo y qué capacidades estamos perdiendo. Porque leer no es simplemente recibir información . Es desarrollar la capacidad de comprender, relacionar conceptos, incorporar vocabulario, seguir un razonamiento y construir una opinión propia. Y en este punto, el soporte en el que leemos importa.

El historiador francés Roger Chartier, uno de los grandes especialistas en la historia de la cultura escrita , estudió cómo los distintos soportes materiales transforman nuestras maneras de leer, interpretar y relacionarnos con el conocimiento. La aparición de la imprenta y la expansión de los libros y los periódicos no fueron solamente revoluciones tecnológicas: modificaron la circulación de las ideas y ampliaron el acceso a la cultura . La historiadora Elizabeth Eisenstein, por su parte, explicó cómo la imprenta fue un agente de transformación cultural que permitió multiplicar y estabilizar el conocimiento, haciendo posible que las ideas circularan, se compararan y fueran discutidas por públicos cada vez más amplios.

Hoy estamos frente a una paradoja. Después de siglos en los que la humanidad avanzó ampliando sus posibilidades de lectura, la revolución digital amenaza con producir un retroceso en algunas de esas capacidades. No porque las pantallas sean malas en sí mismas, ni porque debamos renunciar a las ventajas de la tecnología, sino porque leer en una pantalla conectada a un universo de estímulos permanentes no es lo mismo que sentarse a leer un texto en papel.

Hay evidencia científica al respecto. Una investigación de Delgado, Vargas, Ackerman y Salmerón, publicada en 2018, que reunió los resultados de numerosos estudios internacionales, concluyó que la comprensión de la lectora tiende a ser superior cuando se lee en papel, particularmente cuando se trata de textos informativos y complejos. Otro metaanálisis, realizado por Virginia Clinton en 2019, llegó a conclusiones similares: la lectura impresa favorece la comprensión , especialmente cuando hay que procesar información extensa y recordar lo leído. No es una cuestión de nostalgia ni de preferencias generacionales. Son diferencias que aparecen en investigaciones sobre aprendizaje y procesos cognitivos.

Editorial Perfil cumple 50 años con más de 100 publicaciones en la Argentina y el mundo

También hay estudios realizados con chicos. En Noruega, Anne Mangen, Knut Schwippert y Hildegunn Støle evaluaron a más de 1.100 estudiantes de 10 años y encontraron mejores resultados de comprensión entre quienes habían leído los textos en papel. En la Universidad de Valencia, el grupo de investigación interdisciplinario sobre lectura (ERI) descubrió que incluso la lectura por placer, sin objetivos educativos, favorece una mayor comprensión cuando se realiza en soportes físicos.

¿Por qué sucede esto? Porque el papel propone una relación diferente con el tiempo y la atención. No hay notificaciones, ventanas emergentes, enlaces que nos llevan a otros contenidos ni una sucesión infinita de estímulos que compiten por nuestra concentración. El texto está ahí, tiene un principio y un final, y podemos volver sobre una página, subrayar una frase, detenernos en un párrafo o comparar dos informaciones. El diario tiene, además, una organización espacial que permite reconocer la importancia relativa de las noticias y descubrir contenidos que no necesariamente estábamos buscando . La lectura deja de ser una sucesión de fragmentos para convertirse en una experiencia continua.

No es casual que varios países estén revisando sus políticas de digitalización educativa. Suecia, que había avanzado fuertemente en la incorporación de dispositivos digitales a las aulas, decidió desde 2023 volver a priorizar los libros impresos y la escritura a mano, destinando recursos públicos a la compra de materiales físicos. En Finlandia, algunas escuelas comenzaron a recuperar los libros y cuadernos después de comprobar que las pantallas dificultaban la concentración de sus alumnos . Francia, Alemania y los Países Bajos también están revisando el lugar que deben ocupar los dispositivos digitales en la educación. Incluso en Japón, uno de los países más tecnologizados del mundo, los libros impresos y la escritura manual siguen teniendo un lugar central en la enseñanza.

Lo interesante es que no estamos hablando de países atrás que rechazan la modernidad. Estamos hablando de sociedades que incorporan masivamente la tecnología y que ahora advierten que digitalizarlo todo no necesariamente significa aprender más ni mejor. La discusión no es tecnología sí o tecnología no. Es qué tecnología, para qué y en qué momento de la formación de una persona.

Hay un concepto fundamental para entender esta discusión: Media Literacy , o alfabetización mediática . Se trata de la capacidad de comprender cómo se produce la información, quién la produce, qué intereses puede haber detrás, cómo distinguir una noticia de una opinión, cómo identificar una fuente confiable y cómo reconocer una manipulación . En una época en la que cualquiera puede producir y distribuir millones de contenidos, esta capacidad se vuelve tan importante como saber leer y escribir.

Un diario puede contribuir a desarrollar esa alfabetización . No solamente porque ofrece información seleccionada por periodistas profesionales, sino porque permite enseñar, a través de su propia organización, a distinguir una noticia de una interpretación, una entrevista de una columna de opinión y un dato comprobable de una afirmación. La identificación de las fuentes, la contextualización de los acontecimientos y la convivencia de distintas miradas son también formas de educación mediática. No alcanza con que los chicos aprendan a navegar por internet: necesitan aprender a evaluar críticamente aquello que encuentran.

El filósofo alemán Markus Gabriel, referente del Nuevo Realismo , habla de la necesidad de una Nueva Ilustración que vuelva a colocar la verdad y la realidad en el centro de la discusión pública. Frente a la posverdad y la proliferación de noticias falsas, su planteo es recuperar la posibilidad de distinguir entre lo verdadero y lo falso, y de construir acuerdos sobre una realidad compartida. Un diario impreso, con una selección editorial común para todos sus lectores, puede ser una herramienta concreta en esa dirección.

50 años

La acción durante el año aniversario contempla una tirada de 10.000 ejemplares diarios , con una extensión de 40 páginas, similar a la de los principales diarios nacionales. La distribución se concentrará en las instituciones educativas. De esta manera podrás llegar a público de chicos en edad escolar, adolescentes y al resto de la familia.

¿Y cuánto cuesta hacer todo esto? La propuesta tiene una ventaja importante: no requiere montar una redacción nueva ni contratar periodistas adicionales para producir los contenidos. Perfil ya genera durante la semana una cantidad de información, investigaciones, entrevistas y análisis para su edición digital en Perfil.com . Ese material puede aprovecharse para la edición impresa. Los costos adicionales se concentran principalmente en la impresión, el diseño, el maquetamiento y la distribución. Es decir, se trata de aprovechar una estructura periodística existente para ampliar el alcance social de sus contenidos. El proyecto contempla, además, la posibilidad de obtener financiamiento mediante instituciones y organizaciones interesadas en promover la alfabetización, el pluralismo informativo y la calidad democrática.

El objetivo, entonces, no es competir con el teléfono ni convencer a las personas de que abandonan Internet. Es ofrecer una alternativa a una forma de consumo que se vuelve prácticamente automática. Queremos que alguien que habitualmente pasa 20 minutos mirando contenidos inconexos en su celular pueda dedicar ese mismo tiempo a leer una noticia completa , descubrir un tema que desconocía, encontrarse con una opinión diferente de la propia o llevarse una pregunta que no se había hecho antes.

Además, el papel tiene algo que las pantallas no pueden reproducir completamente: es un objeto que se comparte . Un ejemplar puede pasar de mano en mano, quedar en un asiento del subte para que lo lea otro pasajero o en una mesa de un café, llevarse a una casa, guardarse o prestarse. La información deja de estar encerrada en una pantalla individual y vuelve a circular en un espacio común.

En definitiva, no queremos que el diario sea un objeto de nostalgia reservado para quienes crecieron leyendo en papel. Queremos que también lo descubran las nuevas generaciones. Que un chico pueda llevar a su casa, que sus padres lo lean con él y que ese primer contacto con un periódico se convierta en una puerta de entrada a los libros y otras formas de lectura más profundas.

Porque si durante siglos el periódico fue una herramienta para alfabetizar a las sociedades y ampliar la ciudadanía, hoy puede volver a cumplir esa función. No nos proponemos regresar al pasado, sino recuperar algunas de las mejores conquistas culturales de la modernidad para enfrentar los problemas de nuestro tiempo. En una sociedad en la que las plataformas compiten por nuestra atención y los algoritmos deciden cada vez más qué vemos y qué dejamos de ver, poner un diario gratuito en manos de los ciudadanos es también una manera de devolverles una parte de su autonomía.

Por eso, desde este 3 de noviembre —día en que se cumplen exactamente los 50 años de la primera publicación de Editorial Perfil, La Semana , y hoy su continuadora , la revista Noticias — y hasta fin del ciclo lectivo de 2027 en diciembre del año próximo, el diario Perfil se distribuirá durante un año completo de manera gratuita en colegios y para padres con hijos en edad escolar.

A estos 50 años podríamos haberlos celebrado con una fiesta para un conjunto limitado de personas, pero nos pareció mejor dedicar esa energía a compartirlo con lectores devolviendo a la sociedad parte de lo que recibimos de apoyo durante este medio siglo bajo el eslogan con el que terminamos esta columna:

"Que el algoritmo no te imponga qué leer. Elegí papel."

Producción de texto e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi

MEG

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