La inteligencia artificial, la concentración del poder tecnológico y la soberanía digital plantean nuevos desafíos para las sociedades contemporáneas. ¿Quién decide qué tecnologías se desarrollan, a qué intereses responden y cómo impactan en la vida cotidiana? En Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), Jorge Zaccagnini, analista en informática, docente, escritor y militante político-social, habló sobre la necesidad de construir una tecnología que priorice el bienestar de las personas y el bien común.
Con más de medio siglo de trayectoria en la gestión pública y la consultoría tecnológica, Zaccagnini es titular de la Asociación Civil Infoworkers e impulsa el concepto de tecnología conveniente, una perspectiva que propone evaluar los avances técnicos no solo por sus capacidades, sino también por su impacto social y ambiental. Durante la entrevista, advirtió sobre el avance de una globalización tecnocrática en la que la información se convierte en una fuente central de poder y defendió la necesidad de mantener al ser humano en el centro del desarrollo tecnológico.
Jorge Zaccagnini es analista en informática, docente, escritor y militante político-social. Cuenta con una trayectoria de más de medio siglo en la gestión pública, la consultoría tecnológica y la defensa de la soberanía digital en la Argentina. Actualmente se desempeña como presidente de la Asociación Civil Trabajadores de la Información y es el coordinador de la iniciativa Misión Tecnológica Conveniente.
¿JorgeCómo estás? Bienvenido a Modo Fontevecchia.
Muy bien. Muchas gracias.
Contanos un poco tu concepto de la construcción de una tecnología conveniente.
Bueno, tecnología conveniente es un concepto que circula por el pensamiento nacional hace muchos años y que, de alguna manera, tiene como definición la idea de buscar una tecnología de cualquier nivel de complejidad. No se trata solo de las tecnologías de punta, sino de todas. Por eso, algunas de las actividades tienen como referencia al hornero, porque ese hornerito, haciendo ese nido inteligente, en realidad también hace tecnología. Con una característica: no es cualquier tecnología. Son tecnologías que apuntan a cumplir con dos o tres objetivos básicos. El primero es mejorar la calidad de vida de la gente. El segundo es fortalecer el bien vivir, el conjunto de la sociedad. Y el tercero es respetar la casa común. Son tres objetivos simples, pero precisamente por ser simples, son objetivos con los cuales se puede medir en qué medida una tecnología apunta en esa dirección o en qué medida apunta en otra. Cuando el papa León XIV habla de desarmar la inteligencia artificial en su encíclica, en realidad está diciendo algo que tiene que ver con la tecnología. Porque desarmar no significa romper, sino mirar adentro para poder discernir cuándo una tecnología es conveniente y cuándo no.
Hace años que hablamos de estos temas juntos y una de las dudas que sé que tenés, y que circula en el ecosistema, es que las tecnologías preponderantes, especialmente en el ecosistema digital —estamos hablando de inteligencia artificial, sistemas de mensajería, redes sociales y buscadores—, están concentradas y controladas por un grupo de siete u ocho empresas: Google, Meta, ahora OpenAI y Anthropic, Amazon y algunas más. Por lo general, tienen como objetivo su propia maximización del beneficio económico y no el de la gente. Entonces, ¿en qué estatus estamos? Es un poco utópico pensar que esas empresas van a pensar en el bien común.
Bueno, es como vos lo decís, Agustino. Estamos, de acuerdo con mi perspectiva, transitando hacia una mutación de la globalización financiera a una nueva forma de globalización, que es la globalización tecnocrática, en donde el valor simbólico que tuvo históricamente la moneda se transforma en algo distinto, en donde el valor está en la información y el poder, en aquellos que la manejan. Ese es el estadio en el que, a mi juicio, estamos. Creo que, cuando hablamos del mundo y de la Argentina, no debemos olvidar que surge un mundo que pasa inadvertido. Cuando hablamos recién de la capacidad de discernir, hay algo que va en contra de eso: toda esta revolución solo emerge en hechos concretos cuando ya está incorporada, porque es silenciosa. En realidad, ingresa a través de ventanas que parecen siempre beneficiosas, como fue el uso de las redes. En algún momento, países como Ucrania, hace muy poco, de pronto ven que, para que Rusia no bombardee su país, tienen que pedirle por favor a Elon Musk que no libere Starlink y que les siga avisando de dónde vienen los drones para poder defender a su pueblo.
En ese contexto, el otro día, cuando Lula gana el balotaje, dice que traigan los data centers acá y que construyamos una inteligencia artificial local. ¿Qué factibilidad hay de que pasen esas cosas?
Mirá, el tema de los data centers es un tema que, por ser deslocalizado, en realidad tiene como principal impacto cuánto impacto ambiental implica instalarlos en un lugar o en otro, porque da lo mismo, salvo por circunstancias de una guerra que, hasta hoy, no tiene las dimensiones que tendría que tener. Algunas zonas son más o menos peligrosas para el funcionamiento de los mismos. El problema principal que tiene la inteligencia artificial es que no hay que definirla desde lo que puede hacer, sino desde lo que le vamos a demandar. Acá surge un perfil social importante, que es lo que nosotros llamamos el demandante de tecnología. Es decir, un individuo, una sociedad o una institución que tenga la capacidad de pedir y la sapiencia de exigir desarrollos de orden tecnológico que cumplan con sus necesidades y con ciertos principios. En nuestro caso, los principios de la tecnología conveniente. Entonces, cuando hablamos, por ejemplo, de un nuevo país y pensamos en la necesidad de que haya un Estado más eficaz y eficiente en la Argentina, eso lo dicen todos. Lo primero que hay que plantear es qué tiene que pedir ese Estado, no solamente qué tiene que hacer, y la sociedad cómo tiene que prepararse para que este discernimiento vaya en beneficio del conjunto.
Obviamente, hay que reconocer que el avance tecnológico ha traído muchos más beneficios que contras, me parece.
Así es.
Pero periodísticamente son más interesantes algunas de las cosas negativas. Entonces, ahora estamos viendo, por ejemplo, que las empresas de inteligencia artificial están reventando el ecosistema de las matemáticas analíticas y académicas, solucionando todos los problemas históricos que llevan 100 años sin poder resolverse. Hay gente que ha dedicado su vida, su carrera, a trabajar ahí, y que considera que es parte fundamental del entrenamiento de las generaciones. Vienen, le tiran 20.000 agentes, le roban inclusive parte del trabajo que estaban haciendo sobre sus plataformas algunos de estos matemáticos y terminan por destruir una camada entera de gente que podía ser pensadora. Por otro lado, solucionaron el problema. Es un problema teórico, analítico. ¿Cómo ves vos ese balance? ¿Hasta qué punto, por darnos soluciones, terminamos por generar otros problemas?
Mirá, a mí me parece que esto que describís, que es tal cual, además se extiende a otras actividades humanas. No hablemos solamente del trabajo, que es un tema especial, pero pensemos en la creación. También hay un traslado de un sistema que históricamente ha tenido, muchas veces porque no tenía otra opción, un eje antropocéntrico a un eje tecnocéntrico. ¿Y cuál es el problema del tecnocentrismo? El problema del tecnocentrismo es que nos excluye a nosotros. Porque, en la lógica de este grupo de personas que mencionaste —no quisiera ni siquiera traer el tema del transhumanismo—, hay una mirada sobre la realidad que tiene que ver con una lógica que corre al ser humano como centro y objetivo de todas las cosas. En realidad, el ser humano es un inconveniente. Por eso, sus formas de representación también son inconvenientes. Peter Thiel dice que la democracia es un obstáculo para la tecnología, y lo dice como si fuera un problema. Sin embargo, la democracia, eso que él señala como un problema, en realidad es uno de los esquemas en los que nosotros podemos seguir luchando, los seres humanos, para seguir instalando al hombre y a la mujer en el centro de todo desarrollo tecnológico.
Y entonces, para seguir con la parte de ciencia ficción, si Peter Thiel, que vende un servicio a través de su empresa Palantir, que en algún momento seguramente la mayoría de los gobiernos del mundo van a utilizar, aunque acá todavía no lo están utilizando, conecta su inteligencia artificial a todas las bases de datos y te permite ver todo lo que están haciendo los humanos y controlarlos, de alguna manera, ¿cuánto falta o cuáles son las etapas hasta que los robots nos excluyan totalmente? Porque ayer hablábamos con Fede Sandler, un analista financiero, de los puntos de riesgo del prospecto de IPO de Anthropic, y uno de ellos era la eliminación de la humanidad. Entonces, ¿cómo sería eso? ¿En qué punto nos podrían excluir a nosotros?
Mirá, para contestarte quiero decirte una cosa que es una creencia mía: el futuro no está escrito. El futuro no está escrito. Cuando nosotros hacemos ciencia ficción, como vos decís, en realidad estamos haciendo una prospectiva, que es el lugar adonde podría ir el mundo si los humanos, que todavía tenemos el poder de decisión, no decidimos una alternativa de orden superior que permita apropiarnos de la tecnología y ponerla al servicio de nuestros propios intereses. Cuando digo los propios, hablo simplemente de la humanidad. En ese caso, me parece que hay un conflicto desde esas perspectivas. Tenemos que verlo desde un lugar en el que hay una lucha entre los pueblos organizados, es decir, las naciones, y aquellos que manejan una tecnología capaz de destruir esto. Esta lucha ya está instalada. Yo creo personalmente que la globalización tecnocrática ya está instalada. Ayer todo el mundo se sacudió con el problema que pasó con Binance. ¿Qué pasa ahí? Hay un mundo invisible para la mayoría de la humanidad que, de pronto, emerge, y aparecen dos personas que parecen ser los dueños de esa casa de cambio inasible, diciendo que van a poner los 6.000 millones de dólares que han perdido porque entraron unos hackers que se supone que son norcoreanos. Van a sacar ese dinero de algún bolsillo y esos dólares, hechos por los Estados, hechos por las naciones, van a aparecer y se van a trasladar para salvar un sistema que, en realidad, se basa en la intangibilidad de creer que las cosas tienen valor por el valor que otra persona piensa que tienen. Ese es el sistema de las criptomonedas. Esta muestra que hay un conflicto en el que uno, no porque quiera solamente, sino porque no le queda otro lugar, forma parte de la humanidad. Debe defender que todo lo que la humanidad produzca debe ser en beneficio del ser humano, poniéndolo en el centro para que viva mejor, para que no trabaje 16 horas por día, sino dos. En última instancia, los bienes y servicios que se producen, las riquezas que se generan, son cada vez más sencillos de producir sin la intervención del hombre. Por lo tanto, tendría que haber una redistribución válida, con valores que hay que establecer y que no son los mismos que antes, en los que solamente se consideraban el trabajo, el capital y demás. Tiene que haber una redistribución que permita a la gente estar con su familia, quererla, poder ser feliz y sentir que las pocas horas que necesita para aportar al conjunto social son horas valiosas para construir una sociedad global armónica.
Jorge, muchísimas gracias por tu tiempo acá en Modo Fontevecchia. Veremos qué nos depara el futuro. Tratemos de ser optimistas y, bueno, gracias por estar aquí.
LMM





