La cuadragésima edición de la Feria del Libro de Córdoba, que empezó el 30 de octubre e irá hasta el 15 de noviembre en la Supermanzana de la Intendencia, se consolida como un espacio de celebración y conmemoración de sus cuatro décadas de trayectoria continua. En esta nueva edición, el lema “Una ciudad que lee, escribe y edita” sintetiza una búsqueda colectiva y le devuelve la centralidad del discurso a la comunidad.
Respecto al cruce de disciplinas que propone la grilla, Íbero Martínez, cocurador de la feria junto a Graciela Ferrero, enfatiza la premisa de la curaduría: “La idea principal, que compartimos con Graciela, fue imaginar una feria con equilibrio; le escapamos a lo obvio y apostamos por una programación diversa, buscando afinar, o tal vez reforzar, el vínculo del libro con la comunidad y de la comunidad con el libro”.
A su vez, Ferrero destaca que la feria trasciende el diseño individual para convertirse en una construcción cultural donde confluyen los distintos oficios del libro. En ese marco, la decana de la Facultad de Lenguas amplía la significación del lema elegido: “Los curadores trazamos una de las tantas líneas de sentido del acontecimiento y planteamos un lema ‘hospitalario’ con lo que entendíamos como una voluntad compartida: ‘Una ciudad que lee, escribe y edita. Leer la memoria, escribir el presente, editar el futuro’.
En este enunciado el tiempo y la temporalidad tienen una gran significación, la feria es celebración (cuarenta años de trayectoria) y conmemoración (memoria compartida) de los 50 años del trauma histórico del golpe de Estado”. De este modo, la propuesta busca rescatar el valor de la palabra frente al derroche del sinsentido contemporáneo.
El cruce internacional y los debates urgentes
Para esta edición, Alemania y Francia se incorporan como países invitados de honor a través de una articulación de diplomacia cultural canalizada por el Kultur Ensemble, el organismo que integran operativamente el Goethe-Institut y la Alianza Francesa de Córdoba. La agenda incluye clases abiertas de idiomas, ciclos de cine, conciertos de música coral y jazz a cargo de figuras como el pianista francés Benoît Delbecq (quien dictará un workshop y dará un concierto de jazz el jueves 12), e intervenciones gastronómicas desarrolladas junto al Instituto Mariano Moreno.
En efecto, uno de los puntos más destacados de esta agenda fue la participación del filósofo francés Éric Sadin, quien abordó, el pasado viernes, el impacto social de las inteligencias artificiales generativas a partir de su libro El desierto de nosotros mismos, editado por Caja Negra.
Consultado sobre cómo dialogan estas referencias internacionales con la producción local, Martínez señala la importancia de evitar el aislamiento cultural: “Buscamos que esas voces pudieran entrar en diálogo con nuestras propias preguntas y con nuestra producción cultural. Los debates sobre inteligencia artificial, cine, traducción y literatura forman parte del presente, pero también atraviesan lo que leemos, escribimos y editamos en Córdoba. La identidad escritural de Córdoba no se construye aislada: también se alimenta de esos cruces”.
En consonancia con esta postura, Ferrero resalta que las actividades propuestas por el Kultur Ensemble enriquecen la escena al establecer “otro diálogo fecundo como línea de sentido de esta Feria y posible horizonte cultural para nuestra ciudad”.
“La salud es responsabilidad de las provincias”: el fuerte mensaje de Lugones al cerrar COSSPRA
Refugio de resistencia y la fuerza de la edición independiente
Frente a la coyuntura socioeconómica adversa que atraviesa la industria editorial y la cultura en general, la curaduría planteó la feria como una gesta de preservación frente a las lógicas del mercado masivo. Sobre este punto, Martínez remarca la escala del esfuerzo organizativo: “Pensamos una feria sobria, pero también extensa y potente. La curaduría se apoyó, además, en el trabajo y la voluntad de funcionarios y trabajadores de la Municipalidad, que aportaron muchas horas, cuidados y voluntad”.
Por su parte, Ferrero fundamenta el rol crítico de la feria frente a los algoritmos de consumo: “La resistencia también se ejerce convirtiendo la feria en acontecimiento que albergue y proyecte a autores locales y a editoriales independientes”.
Esa premisa cobra cuerpo en el Espacio Alberto Burnichon —que en esta edición cambia su denominación anterior para rendir homenaje al editor asesinado por la dictadura militar—, coordinado por Fabio Martínez y Soledad Rebelles. El espacio reúne a 42 sellos independientes de la provincia, ofreciendo un amplio abanico de presentaciones, lecturas poéticas y conversatorios, como Editar el Mundo.
Paralelamente, el espacio Subte celebra su décimo aniversario, dedicado a la historieta local, con el lanzamiento de la revista conmemorativa 40/10, mentorías de proyectos a cargo de Patricio Oliver y debates sobre diversidad y redes de distribución editorial.
Diálogos transversales y alcance territorial
El esquema de la feria se completa con nueve ciclos temáticos albergados en la carpa Juan Filloy, abarcando desde la dramaturgia cordobesa en Didascalias y el análisis audiovisual en Cómo se escriben las películas cordobesas, hasta la narrativa de no ficción coordinada por Sol Aliverti y el new weird latinoamericano en Rarazo. Ciclo de Ficción Extraña, coordinado por Nicolás Viglietti.
En cuanto a la sintonía entre los curadores, según señala Martínez: “El diálogo se dio con muchísima naturalidad y fluidez. Graciela lleva adelante una tarea compleja al frente de una facultad y siempre estuvo a disposición para infinidad de reuniones, mensajes, llamadas y atenciones a los pormenores de la planificación”.
Al profundizar en esa alianza entre la gestión académica y la librería independiente, Ferrero sintetiza el motor que unificó la labor curatorial: “Creo que la aparente distancia en los ‘oficios terrestres’ de los curadores se salvó porque ambos estamos unidos por una suerte de alianza que estuvo en la base de nuestra curaduría: la bibliofilia, entendida como el amor por el libro y sus alrededores. Participar desde esta función en la Feria del Libro supone aportar el conocimiento que cada uno tiene del mundo cultural de nuestra ciudad y ponerlo en diálogo para generar una eutopía, un buen lugar para la convivencia en torno a esos tres verbos: leer, escribir y editar”.
Finalmente, mediante el programa Cultura de Barrio, la programación trasciende el casco céntrico para proyectar 50 actividades en bibliotecas populares y centros comunitarios.





