Sociedad•Nuevas miradas sobre la salud

Cuando la medicina vuelve a sus raíces: tratar la enfermedad, pero también cuidar a las personas

En una medicina cada vez más sofisticada, algunos hospitales recuperan una idea antigua: curar cuando es posible, aliviar el sufrimiento y acompañar. Desde paseos por jardines y visitas de mascotas a pacientes en terapia intensiva hasta nuevas formas de atención emocional y espiritual. Se busca mejorar la calidad de vida incluso en las situaciones más críticas.

Cuando la medicina vuelve a sus raíces: tratar la enfermedad, pero también cuidar a las personas
SALIDA. Paseo por el parque, aunque sea un paciente grave. | Gza: Htal Austral
31-10-2026 | 23:56

Nunca en la historia la medicina tuvo tantas opciones para tratar enfermedades. Equipos que detectan lesiones diminutas, cirugías robóticas, medicamentos de precisión y la IA están transformando la salud. Pero a veces tanta tecnología puede ocultar que hay “remedios” tradicionales que también hacen bien.

Eso es lo que están haciendo en algunas instituciones argentinas al retomar una idea antigua: el paciente no es solamente un “enfermo”, sino una persona con temores, afectos, deseos y necesidades que necesitan atención.

Esta mirada, conocida como "humanización de la salud”, está cambiando algunas prácticas en dos escenarios delicados: las unidades de terapia intensiva y las de cuidados paliativos. Y aunque algunas de sus herramientas son sencillas, sus efectos causan un sólido bienestar emocional. Y también mejoras clínicas.

"El concepto es que la familia no es una visita", le explicó a PERFIL Pablo Pratesi, jefe de Terapia Intensiva (UTI) en el Hospital Universitario Austral. Y detalló: “en nuestro hospital, la UTI funciona con puertas abiertas. O sea, los familiares pueden permanecer con el paciente y, cuando las condiciones lo permiten, participar de algunas tareas de cuidado, siempre bajo supervisión profesional”.

HAY EQUIPO. Para cuidar mejor
HAY EQUIPO. Dr Pablo Pratesi y su team para cuidar mejor | Crédito: Gza: Htal Austral

Pratesi, que también es director de la Carrera de Especialista en Terapia Intensiva, comentó: "Nos dimos cuenta de que la familia puede estar presente todo el tiempo, incluso en momentos adversos o en procedimientos. No solo estar: también participar", explicó Pratesi.

En nuestro hospital, la UTI está abierta en todos los horarios para los familiares.

Este cambio choca de frente con una tradición aún frecuente en numerosos establecimientos argentinos, donde el ingreso de los familiares está limitado a un breve horario diario. Pero los impulsores del nuevo modelo, explican que preservar el vínculo con los afectos “ayuda a disminuir el aislamiento y la angustia que genera una internación prolongada”.

Esta propuesta está creciendo: En el Austral algunos pacientes de terapia intensiva pueden salir a pasear por los jardines del hospital, incluso atravesando situaciones de alta complejidad. "Hemos hecho paseos con pacientes con respirador", recordó Pratesi. Obviamente son salidas que requieren planificación, equipos, monitoreo y condiciones clínicas particulares. Pero es una opción.

En ese mismo sentido, la UTI del Austral también considera, bajo protocolos veterinarios y sanitarios, que algunos internados reciban a sus mascotas. “Para quien atraviesa semanas de internación, acariciar a su perro puede significar recuperar, aunque sea por unos minutos, una parte de su vida cotidiana”, explican.

 VISITA MASCOTERA. bajo protocolos veterinarios y sanitarios
VISITA MASCOTERA. bajo protocolos veterinarios y sanitarios | Crédito: Gza: Htal Austral

Otra medida es poner música elegida por los pacientes o sus familiares. Pratesi relató que, en determinadas ocasiones, incluso personas profundamente sedadas muestran, ante este estímulo, respuestas fisiológicas de relajación, como una disminución de su frecuencia cardíaca. "El bienestar no es solamente atender el problema orgánico o calmar el dolor. Es tratar de que alguien esté lo mejor posible, incluso en el peor momento", sintetizó el intensivista.

Curar y también cuidar

En otro sector de la medicina, la transformación adquiere características diferentes. Los cuidados paliativos y la psicooncología están incorporando herramientas destinadas a identificar y aliviar formas de sufrimiento que no siempre pueden resolverse con medicación.

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"Los modelos biomédicos, centrados fundamentalmente en el cuerpo, resultan insuficientes para atender al ser humano", le aseguró a PERFIL Fernanda Montaña, psicooncóloga del Servicio de Oncología del Hospital Británico.

La especialista, que también integra el Comité de Atención del Sufrimiento y Humanización en Salud de la Asociación Médica Argentina, explicó que recibir un diagnóstico grave modifica mucho más que la salud física. “Obviamente altera la vida familiar, las relaciones sociales, las expectativas y, en ocasiones, la propia percepción del sentido de la existencia”. En esas situaciones, cuando alguien está muriendo, hay que acompañar. Es un proceso humano, existencial", señaló.

Justamente en el Británico, Montaña coordina un equipo dedicado a abordar el “sufrimiento existencial”: esa angustia profunda que puede aparecer cuando una persona siente que su situación carece de sentido.

Fernanda Montaña, psicooncóloga del Servicio de Oncología del Hospital Británico.
Fernanda Montaña, psicooncóloga del Servicio de Oncología del Hospital Británico. | Crédito: Ggza: Htal Británico

Dichas intervenciones pueden incluir conversaciones con religiosos, meditación, mindfulness, actividades artísticas, generar vínculos afectivos o contactos con la naturaleza. “No se trata de una u otra creencia religiosa porque la espiritualidad también comprende la búsqueda personal de sentido, los valores y las conexiones con otros”. Esta distinción es clave en una sociedad donde conviven creyentes, agnósticos y ateos. El objetivo no es ofrecer respuestas prefabricadas, sino identificar qué recursos pueden ayudar a cada persona a atravesar su situación.

Montaña también recuperó el concepto de "dolor total", utilizado en cuidados paliativos para describir cómo el dolor físico puede interactuar con factores emocionales, sociales y espirituales. Atender esas dimensiones permite mejorar el control de los síntomas y hasta ajustar la medicación analgésica a las necesidades reales.

Esto no implica reemplazar tratamientos médicos ni evitar la sedación cuando está clínicamente indicada. Significa evaluar si existen sufrimientos adicionales que pueden aliviarse con otras intervenciones.

Resultados positivos

La humanización no se sostiene solo con buenas intenciones. La Sociedad de Medicina de Cuidados Críticos de Estados Unidos impulsa el programa ICU Liberation, que combina estrategias de control del dolor, sedación individualizada, prevención del delirio, movilización temprana y participación familiar. Y un estudio publicado en la revista “Critical Care Medicine” que evaluó la implementación de estas medidas en una red hospitalaria registró una reducción promedio de medio día de permanencia en terapia intensiva y de 0,6 días de ventilación mecánica. Claro que son promedios y esto no significa que cada visita familiar o paseo produzca ese beneficio automáticamente.

Para Pratesi, estas prácticas también pueden ayudar a prevenir o reducir las consecuencias del Síndrome posterapia intensiva, que comprende alteraciones físicas, cognitivas y psicológicas persistentes después del alta. Por eso, el Austral incorporó un consultorio de seguimiento de pacientes que atravesaron internaciones críticas.

La perspectiva también incluye a quienes trabajan dentro del sistema sanitario. Médicos, enfermeros y otros profesionales están expuestos a elevados niveles de estrés y agotamiento emocional. “Cuidarlos”, sostienen los especialistas, “es otra condición indispensable para humanizar la atención. La empatía tiene que llevar a la compasión. Y la compasión es llevar la empatía a los hechos: hacer algo concreto para que esa persona la pase mejor”.

El derecho a atravesar la enfermedad con dignidad

Montaña plantea que el objetivo tampoco debería limitarse a reducir síntomas. En los procesos de enfermedad avanzada es esencial escuchar qué desea el paciente, cómo quiere vivir el tiempo disponible y qué importancia tienen para él sus vínculos.

Su equipo trabaja con lo que denomina la "unidad de cuidado paciente-familia", porque la angustia de los seres queridos puede influir profundamente sobre la experiencia del enfermo.

“En ocasiones”, explicó, “una persona aparentemente preparada para afrontar el final de su vida termina atravesándolo con gran sufrimiento porque su familia no logra aceptar la situación o porque carece de acompañamiento”. Para la especialista, el principal desafío es que este modelo deje de ser una experiencia de algunos hospitales y se incorpore progresivamente a toda la práctica médica.

En definitiva, no se trata de elegir entre tecnología y humanidad. Se trata de entender que ninguna tecnología, por sofisticada que sea, puede reemplazar completamente la escucha, la presencia y el respeto por los deseos del paciente.

Cómo medir lo que no aparece en los análisis

¿Cómo saber cuánto sufre una persona cuando el problema no es exclusivamente físico? La medicina desarrolló instrumentos que permiten detectar necesidades emocionales y espirituales que suelen quedar fuera de los controles tradicionales.

En el Hospital Británico, la psicooncóloga Fernanda Montaña utiliza, entre otras herramientas, el denominado "termómetro de distrés". Es una escala de cero a diez en la que el paciente identifica su nivel de malestar emocional.

Cuando el resultado supera determinado umbral, el equipo profundiza la evaluación para reconocer problemas psicológicos, familiares, físicos, prácticos o espirituales que puedan estar agravando su situación.

"No solamente atendemos al paciente. También acompañamos a su familia, porque muchas veces quien sufre es el entorno", explicó Montaña a PERFIL.

La especialista también participó de trabajos de validación argentina de instrumentos para evaluar el bienestar espiritual.

La Organización Mundial de la Salud reconoce que los cuidados paliativos deben abordar el sufrimiento físico, psicológico, social y espiritual. Y recomienda incorporarlos tempranamente cuando existen enfermedades que amenazan la vida, sin esperar necesariamente a sus etapas terminales.

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