Para evitar un estallido en público, la rosca fuerte se adelantó a puertas cerradas. En medio de la feroz interna que sacude al peronismo bonaerense, Axel Kicillof y Máximo Kirchner protagonizaron este martes por la noche una cumbre sorpresa en la sede de la gobernación en La Plata. El mandatario provincial (escoltado por Verónica Magario y Mariano Cascallares) recibió al líder de La Cámpora, quien llegó acompañado por Federico Otermín y Facundo Tignanelli. Según dejaron trascender desde ambos bandos, la intención de este cónclave de urgencia fue sellar una tregua temporal para "coordinar la reunión del Consejo" pautada para este miércoles y garantizar un "encuentro ordenado".
Con ese encuentro reservado como telón de fondo, el Partido Justicialista (PJ) provincial se verá las caras hoy en la calle 54 para cumplir formalmente con la carta orgánica. Sin embargo, la cita funcionará en la práctica como un termómetro de las tensiones vigentes. Allí se reunirán dirigentes leales al gobernador, referentes de la agrupación camporista y un grupo de intendentes que hacen equilibrio para no quedar atrapados en el fuego cruzado, en lo que será la primera prueba de fuego del pacto de convivencia sellado entre ambos líderes.
Este encuentro clave se da horas después de que se reavivara la disputa por el armado de las listas. Kicillof había asegurado ante los suyos que las candidaturas del año próximo debían pelearse en las PASO, sin recurrir al tradicional "dedo" ni a los acuerdos de cúpula. La postura desató críticas inmediatas del camporismo (Tignanelli, Emmanuel González Santalla y Fernanda Raverta salieron al cruce) y coincidió con la reaparición pública de Cristina Kirchner, quien confirmó sus intenciones de competir electoralmente.
El eje central del encuentro de este miércoles será formalizar la convocatoria al Congreso provincial a fines de mes, el órgano supremo encargado de definir alianzas, plataformas y planes de acción política. Cuando Kicillof asumió la titularidad del PJ provincial en febrero en reemplazo de Máximo Kirchner, el pacto estipulaba que el líder quedaría como presidente de ese Congreso. Sin embargo, como el cuerpo aún no sesionó, las autoridades siguen vacantes.
El temor a las traiciones obligó a cuidar las estructuras internas para no ceder poder. Según los cálculos de cada sector, Kicillof ostenta una leve ventaja en el Consejo, mientras que el kirchnerismo mantiene una mínima superioridad en el Congreso. Por eso, ambas facciones se aseguraron de que las definiciones de peso requieran dos tercios de los votos para avanzar, una lógica que buscarán aplicar sobre la Junta Electoral partidaria para no regalarle el control total a sus adversarios internos.
La agenda formal del encuentro y los desafíos a futuro
Más allá de la tensión, el orden del día tiene puntos estrictamente administrativos y simbólicos. Kicillof encabezará la cita junto a Magario, Otermín y Cascallares para designar a los secretarios del partido y aprobar el aval para realizar obras de mantenimiento en la histórica casona de la calle Gaspar Campos, en Vicente López, que fue la última residencia de Juan Domingo Perón.
Alrededor de la mesa se sentarán figuras representativas de todos los bandos en pugna. Estarán Fernando Espinoza, Julio Alak, Alberto Descalzo y Andrés Larroque por el lado del gobernador. Fernanda Raverta, Agustina Propato y Florencia Saintout irán en representación del kirchnerismo duro. Por último, dirigentes como Victoria Tolosa Paz o Mariel Fernández (Moreno), que buscan perfilarse por fuera del conflicto principal.
El último punto del temario, que incluye un "análisis de la situación política, económica y social", será la verdadera prueba de fuego. Se trata de un tópico que podría abrir la puerta a múltiples discusiones de fondo que el peronismo bonaerense debe resolver de cara a las próximas elecciones: desde el límite a las reelecciones de los intendentes hasta la compleja negociación para nombrar nuevos miembros para la Corte Suprema provincial.
TC/MSS










