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Israel, el Shuk y la Teoría de los Juegos

Occidente está acostumbrado a la lógica artistotélica y binaria. Israel, en cambio, está acostumbrado a las transacciones en el Shuk, “un juego de múltiples jugadores donde todos gritan a la vez, la verdad no es una sola y se negocia”. Y recuerda a Robert Aumann, Nobel de Economía 2005…

Israel, el Shuk y la Teoría de los Juegos
El Shuk en Jerusalén, bullicio, aromas y regateo. | Cedoc Perfil
02-11-2026 | 17:51

Si alguna vez compró en un Shuk, usted ya sabe exactamente de qué se trata.
El más famoso de todos en Israel es el Shuk de la Ciudad Vieja de Jerusalén. No es solo un mercado. Es una institución de 2.000 años.

Todo está expuesto de manera colorida y atractiva. Todo tipo de adornos y utensilios, especias que perfuman a diez metros, telas que brillan, alfombras colgadas como cuadros. Basta con que usted mire un segundo de más para que el vendedor despliegue su arte milenario.

Primero, la hospitalidad. La invitación sagrada. Un té, un café con cardamomo. "¿De dónde es usted? ¿De España? ¡Mi primo vive en Madrid!".

En el Shuk rechazar un té es una ofensa. Pero no es cortesía, es parte del negocio. Dice un proverbio árabe: "El primer té es para el invitado, el segundo para el placer, el tercero para la espada", es decir, para cerrar el trato. Usted todavía no sabe qué quiere comprar y el vendedor ya está calculando su presupuesto por cómo le responde.

El precio siempre depende de la cara del cliente. Y es solo una referencia para empezar el verdadero juego: el regateo.

El regateo no es una pelea, es un ritual de honor. Si usted no regatea, ofende al vendedor. Hay una regla de oro: el primer precio es para turistas, el segundo es para el vecino, el tercero, recién, es el real.

Las reglas son claras y complejas: nunca mostrar un interés extremo y mucho menos desesperación, ofrecer una miseria, ofenderse, marcharse después del rechazo inicial para esperar que lo persigan y, sobre todo, tener mucha flexibilidad, creatividad y enorme paciencia.

No por casualidad, el arte del Shuk y la dialéctica talmúdica del Shakla VeTaria - el tomar y dar - son primos hermanos. Ambos buscan respuestas alternativas a través de la pregunta infinita, algo difícil de comprender para un occidental.

Occidente piensa desde la lógica aristotélica y cartesiana: una verdad binaria, A o no A, blanco o negro, verdadero o falso. De ahí nacen sus grandes juegos persas que nos legó, el ajedrez y el backgammon: un tablero, dos colores, un solo contrincante, reglas fijas y un ganador claro con jaque mate. Pocas y aburridas veces tablas y empate que rápidamente hay que desempatar.

El Shuk y el Beit Midrash son otra lógica. Son juegos de múltiples jugadores simultáneos donde todos gritan a la vez, donde la verdad no es una sola y donde Elu VeElu Divrei Elokim Jaim - "estas y estas son palabras del Dios viviente". La verdad no se decreta, se negocia.

Por eso no es casualidad que uno de los israelíes que ganó el Premio Nobel, el profesor Robert Aumann, Nobel de Economía 2005 por Teoría de los Juegos, sea un rabino talmudista.

Aumann no ganó el Nobel por estudiar el ajedrez. Lo ganó por lo opuesto: por la teoría de los juegos repetidos e infinitos con información incompleta. Su gran descubrimiento fue que cuando el mismo grupo de jugadores sabe que se va a volver a encontrar mañana y pasado, una y otra vez, sin saber cuándo termina el juego, la cooperación se vuelve más racional que la traición.

Aumann demostró además que la Mishná, hace 2.000 años, ya resolvía problemas de teoría de juegos que la matemática moderna recién entendió en 1985. La racionalidad no es individual, como decía Descartes con su "pienso, luego existo". Es interactiva: yo sé que usted sabe que yo sé que usted sabe.

Y hay una ley no escrita que todo comprador conoce: por más que haya regateado una hora y se vaya con la alfombra bajo, a los cien metros le entra la duda!"

Es exactamente el Shuk. Y es exactamente lo que viene ahora en Israel.

Para hacerlo gráfico, el presidente Herzog es el administrador del Shuk. Llamará a todos los que tienen intereses en la subasta. A cada jefe de partido. Los escuchará atentamente respecto a quién debe tener la prioridad para ofertar, Eisenkot y Netanyahu. Les pedirá que colaboren, que piensen en el país, que sean responsables. Todos asentirán muy serios. Y al salir de la residencia, harán exactamente lo contrario.

Porque en este arte, cada uno intentará mostrar que su capital es el de mayor valor. "Sin mis 7 escaños no hay gobierno", dirá uno. "Sin mis 5 no hay estabilidad", dirá el otro. Un juego de medias verdades y muchas mentiras.

La realidad es que hay dos oferentes principales. Pero ninguno llega solo. Deben sumar capital hasta llegar, por lo menos, al precio mágico: 61 escaños.

El primer oferente tiene 28 días para reunir el dinero. Si se ve que está cerca, Herzog puede darle 14 días más para cerrar la operación. Parece mucho. En el Shuk es una eternidad. Y mientras el primero corre y promete ministerios, presupuestos y leyes, el segundo recorre los mismos pasillos por detrás. "Lo que él le ofreció, yo le doy el doble".

Herzog es el administrador del Shuk: llamará a todos los que tienen intereses en la subasta, los escuchará atentamente, les pedirá que colaboren, que piensen en el país, todos asentirán muy serios. Y al salir de la residencia, harán exactamente lo contrario"

El Shuk es bullicio, gritos, aromas y testigos que comentan cada movimiento a la luz del día. Pero los acuerdos de verdad se hacen en la oscuridad de la noche, en una oficina pequeña sin cámaras.

Todo puede pasar. Incluso que los competidores que no se quieren en absoluto, extenuados, viendo que ninguno puede comprar solo, se miren y digan: ¿y si lo compramos juntos? Inventan una fórmula mágica, un gobierno de rotación, de copropiedad, donde se deshacen de todos esos pequeños capitalistas que pretendían cobrar demasiado caro.

Y hay una ley no escrita que todo comprador conoce. Por más que haya regateado una hora y se vaya con la alfombra bajo el brazo sintiéndose el rey del mundo, a los cien metros le entra la duda. La sensación inconfundible de que, por más que bajó mucho el precio inicial, el vendedor siempre le ganó. Que si hubiera tenido un poco más de paciencia, la sacaba un poco más barata.

Con esa misma sensación se va a ir a dormir Israel después de que, en la mejor opción, se forme la coalición o, en la peor, haya que volver a generar capital para nuevamente estar en condiciones de ofertar.

Bienvenidos al Shuk. Acaba de abrir.

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