En Francia la calle sigue presionando al gobierno de Emmanuel Macron y por tercer sábado consecutivo cientos de miles de personas se manifestaron contra el alto costo de la vida, en unas protestas que dieron lugar a algunos disturbios en varias ciudades al final del día. Al cierre de esta edición, fuentes oficiales informaron cerca de 300 detenidos.
A seis meses de las elecciones presidenciales y ante la proliferación de llamamientos a la “revolución” y la “insurrección” en las redes sociales las autoridades movilizaron a 70.000 agentes.
El movimiento, integrado por chalecos amarillos, sindicatos y estudiantes de secundaria y universitarios, protestaba inicialmente contra el aumento del costo de la vida, la desigualdad y el deterioro de las condiciones de la enseñanza.
A estas reivindicaciones se ha sumado la del aumento del racismo, tras un atentado que se saldó con un muerto y siete heridos el 23 de octubre en la región parisina.
Las autoridades francesas cifraron en 320.000 los manifestantes en todo el país, 70.000 de ellos en París, mientras que la coalición sindical juvenil elevó la participación a cerca de medio millón de personas, 200.000 en la capital. El sábado pasado, el Gobierno había contabilizado 410.000 manifestantes en todo el territorio, frente a los 800.000 estimados por los organizadores.
En París, bajo un sol radiante, los manifestantes desfilaron con pancartas en las que se leía “alerta climática y por el costo de la vida”, por el único recorrido autorizado por la policía en los barrios residenciales del este de la ciudad. Algunos de ellos iban disfrazados de Spiderman, Mario o Frankenstein.
Al finalizar la manifestación se produjeron enfrentamientos. Algunos manifestantes arrancaron adoquines para lanzarlos contra la policía y se lanzó al menos un artefacto incendiario contra las fuerzas de seguridad. Los agentes respondieron con gases lacrimógenos y camiones hidrantes en los puntos más críticos y dónde los manifestantes se negaron a desconcentrar. Al final del día se produjeron enfrentamientos similares en Lyon, Rennes, Nantes, Marsella y Toulouse.
En toda Francia, los manifestantes han criticado al Gobierno por no haber autorizado las manifestaciones en el centro de las ciudades. A esta ola de rechazo se sumó el líder de la Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon. Antes de participar de las protestas el candidato de izquierda, acusó al gobierno de protagonizar una “deriva hacia el autoritarismo”.
En ese contexto, rige un toque de queda en gran parte del país y ya se prevén nuevas convocatorias para el fin de semana próximo.
La juventud encendió la mecha
M. D.
No se detienen las protestas en Europa, y pasaron más de 40 días desde el primer chispazo que se encendió en Francia. Detrás de las movilizaciones aparece una crisis de expectativas entre las nuevas generaciones. Las dificultades para acceder a una vivienda, conseguir un empleo estable y alcanzar la independencia económica alimentan la percepción de que tendrán condiciones de vida peores que las de sus padres.
El acceso a la vivienda se convirtió en uno de los principales reclamos. En Portugal, los precios de las propiedades más que se duplicaron entre 2015 y 2024, mientras que en Italia los alquileres de habitaciones para estudiantes pueden alcanzar los 1.200 euros mensuales en algunas ciudades. En España, las movilizaciones también apuntaron contra el encarecimiento de los alquileres y los desalojos.
A estas demandas se suma una discusión sobre las prioridades presupuestarias de los gobiernos. En Alemania e Italia, los manifestantes cuestionaron el aumento del gasto militar y reclamaron mayores inversiones en educación, salud y políticas sociales. Aunque las consignas varían según cada país, el malestar expresa una preocupación compartida.









