Chechi de Marcos fue designada como la artista Equal de octubre de la plataforma Spotify. Este reconocimiento es importante en términos de difusión y se presenta como una especie de reivindicación del rock más alternativo, que se anima a decir desde un lugar que no busca satisfacer las demandas directas de un mercado, con sus inconsistencias y sus caprichos.
Quizá, el hecho de que Chechi encabece la lista es una muestra de que lo que importa es hacer aquello en lo que se crea. “Ama y haz lo que quieras”, diría San Agustín. Hablando de liturgia cristiana, esta cantautora siempre recuerda que viene de educación cristiana, en su Entre Ríos natal, pero que en un momento se abrió. Estudió en un conservatorio y empezó a asomarle la idea de dedicarse a la música. “Ey, no molestes es un disco discursivo”, dice, en diálogo con PERFIL. “A veces tengo una idea que puede ir por dos caminos. Elijo uno, pero el otro camino, tarde o temprano, asoma”.
A toda música. Chechi de Marcos lanzó Antes de florecer (2020), Cecilia (2022), El ángel que soy (2024), Chechi (En vivo en Niceto) (2026) y ahora suena en el mundo Ey, no molestes, su flamante disco, lanzado a comienzos de octubre.
—¿Las canciones las pensaste siempre para un disco?
—No, de hecho, lo empecé a hacer en el verano antes de que saliera El ángel que soy, mi trabajo anterior. Estaba triste, aburrida, me había quedado sin trabajo y empecé a hacer canciones más por gusto. Había empezado a usar Ableton, me compré un simulador de amplificador y me divertía probando cosas con la guitarra. Aproveché ese tiempo muerto en la Ciudad y arranqué con canciones sueltas. En un momento me di cuenta de que tenía como diez canciones que me gustaban, algunas ya más producidas, otras solo voz y guitarra. Cuando hice Ey, no molestes, sentí que había un concepto fuerte que englobaba todo lo que venía haciendo. Ahí pensé que era hora de hacer un disco.
—Es un disco sobre la tristeza, pero también sobre el empoderamiento, con un poco de despecho y venganza. ¿Cuán cómodo te resulta ese lugar de enunciación?
—Lamentablemente, es un lugar bastante cómodo para mí. Escribo bastante desde la tristeza; nunca escribo cuando estoy contenta. Sin embargo, quiero aprender a escribir más allá de la tristeza, ponerlo desde un lado más creativo. Lo nuevo en mí es esta cosa más vengativa, violenta y avasallante, dejando un poco de lado el rol pasivo o de víctima que a veces tomaba. A veces soy una optimista frustrada; creo en un mundo mejor, pero me encuentro con lo complejo de la gente, y hasta yo misma me doy cuenta de que también soy imperfecta.
—Esa actitud más intensa se siente como una respuesta a un cinismo instalado que viene de hace rato...
—Sí, la banalidad de todo hoy en día es fuerte. Creo que mucha gente escribe desde ahí porque es lo que vende. Me parece poco productivo para la sociedad cuando nada es profundo. Yo, a veces, me hago la “mala” o la “canchera” en mis canciones, como en Imbécil, porque me divierte, pero no puede ser todo así. Siempre trato de buscar una vuelta de tuerca.





