El próximo martes 3 de noviembre, Editorial Perfil cumplirá cincuenta años. Ese mismo día, PERFIL comenzará a imprimir una edición de lunes a viernes con un destino preciso: será donada a escuelas y a familias con hijos en edad escolar. La fecha une dos celebraciones: medio siglo de una editorial que hizo del periodismo de calidad su marca y el nacimiento de un proyecto que pone ese trabajo al servicio de la educación.
Entre la experiencia de 1998 y este nuevo proyecto se modificaron los hábitos de lectura y las condiciones de trabajo del periodismo. También cambió la escena doméstica en la que un medio encuentra a sus lectores: sobre la mesa donde antes el diario tenía un sitio habitual, hoy suele descansar una tablet, y en cada bolsillo, un smartphone ofrece información a cualquier hora. Algunas cosas, sin embargo, no cambian. La necesidad de comprender lo que ocurre y de compartirlo con otros sigue intacta, y esta nueva etapa se propone intervenir en esa escena con un ambicioso proyecto educativo.
Después de apostar a la digitalización escolar, Suecia volvió al libro físico de papel
Según explicó Jorge Fontevecchia en su columna “Cambio de guardia”, la iniciativa forma parte del programa Media Literacy. El nuevo diario llegará a sus lectores a través de espacios vinculados con la educación, y su alcance se jugará también fuera del aula: en el tiempo que los adultos puedan dedicarle a leer en casa. La distribución gratuita facilitará el acceso a contenidos de calidad en cada familia. La propuesta parte de una preocupación concreta: la pérdida del hábito de lectura y la dificultad de sostener la atención entre las interrupciones digitales. Frente a ese diagnóstico, PERFIL eligió hacer lo que mejor sabe: ofrecer un diario cuidado, pensado para ser leído con tiempo.
La preocupación por la atención en las aulas volvió a poner bajo examen el uso de pantallas en la enseñanza. Los retrocesos educativos abrieron una discusión sobre el tiempo que los alumnos pasan con el celular y sobre las dificultades para leer sin interrupciones. En ese debate, recuperar el papel supone revisar las condiciones en que se aprende y se sostiene el interés por un texto.
Suecia ofrece un claro caso significativo. Después de apostar a la digitalización escolar, decidió devolver protagonismo al libro físico. En Finlandia, docentes y familias promovieron el regreso de materiales impresos al advertir que el trabajo con computadoras favorecía la distracción y un recorrido superficial por las actividades. Dinamarca también destinó recursos a recuperar libros dentro de una enseñanza con menos pantallas. Japón, Corea del Sur y Singapur, por su parte, aparecen como referencias para discutir la idea de que el deterioro de la lectura resulta inevitable. Son sistemas educativos exigentes que eligieron no resignarse a la dispersión y apostaron a la lectura atenta.
El encuentro con lo imprevisto educa la curiosidad. El interés también de lo que es ajeno
En Estados Unidos, la organización Reading is Fundamental distribuye libros gratuitos entre chicos de comunidades de bajos recursos y desarrolla programas de lectura en escuelas y organizaciones juveniles. Esa experiencia permite pensar el acceso al papel como una tarea que requiere distribución sostenida y vínculos con las instituciones donde transcurre la vida de los chicos. Es, en gran medida, el camino que elige PERFIL.
Un diario sobre la mesa. La pregunta alcanza a la vida familiar: qué lugar encuentra la lectura en una casa con hijos en edad escolar, quién comparte un libro y cuánto tiempo puede dedicársele. La escuela puede iniciar ese encuentro; y las familias, darle continuidad, incluso mediante un gesto tan sencillo como dejar un diario al alcance de todos.
Un padre que abre un diario deja a la vista una actividad que un hijo puede observar, imitar e incorporar. Puede abandonar una página para buscar otra, volver sobre un párrafo o comentar una noticia durante la comida. En el teléfono, la lectura suele confundirse, para quien mira desde afuera, con cualquier otro uso del aparato. El papel vuelve reconocible ese gesto. Además, un ejemplar puede quedar abierto y pasar de mano en mano: alguien subraya una frase, otro encuentra una nota que no estaba buscando. Son posibilidades materiales sencillas, pero valiosas cuando se busca que la lectura tenga un lugar en la vida familiar. El proyecto propone aprovecharlas como una entrada a otros textos impresos.
La palabra algoritmo designa una experiencia cotidiana: después de leer una noticia, la pantalla propone otra parecida y aprende de cada elección. Con el tiempo, ese recorrido puede volverse tan familiar que cueste advertir cuánto queda afuera. Abrir un diario, en cambio, expone al lector a una selección que puede discutir pero que comparte con otros. Una página de economía aparece junto a una de cultura; una fotografía detiene a quien iba buscando el resultado de un partido. Ese encuentro con lo imprevisto también educa la curiosidad. A veces el interés comienza en un asunto que hasta entonces parecía ajeno.
La distribución gratuita facilitará el acceso a contenidos de calidad en cada familia.
Aprender a leer noticias. La edición impresa permite, además, examinar cómo se construye una noticia. El tamaño de un título indica la importancia que le asignó la redacción. La firma identifica a quien escribió; una fuente citada permite preguntar de dónde salió un dato. Padres e hijos podrán conversar sobre esas decisiones a partir de un mismo ejemplar. Incluso el desacuerdo ofrece una ocasión de aprendizaje: qué falta en una nota, qué afirmación necesitaría una explicación, por qué dos personas entienden de manera diferente el mismo párrafo. El diario presta un objeto concreto a esas conversaciones, sin exigir que cada adulto asuma el papel de maestro.
La distribución gratuita facilitará el acceso a contenidos de calidad en cada familia.
Ese compromiso exige cuidar cada edición. Para que una familia vuelva a abrirla, tendrá que encontrar información comprensible, asuntos que le conciernan y motivos para seguir leyendo. Una noticia puede despertar una conversación o llevar a buscar un libro; también puede dejar una duda que la edición siguiente ayude a resolver. La continuidad diaria ofrece esa posibilidad de acompañamiento: un asunto reaparece, suma un dato, cambia de sentido. Seguirlo enseña que comprender el mundo lleva más que un puñado de segundos.
Cincuenta años después de su fundación, la editorial elige celebrar con una apuesta por el futuro: que cada mañana un ejemplar recién impreso se abra en una casa y alguien encuentre una razón para quedarse leyendo y formulando preguntas, ampliando conceptos. Concepto, una idea vinculada a la palabra escrita, quizás sea la forma en la que el papel se enfrente, se aproxime al algoritmo con identidad propia.
Concepto, curaduría, títulos, jerarquía a la hora de pensar los desafíos que plantea la realidad a quienes habitualmente debemos comunicarla.
Promesa cumplida
El sábado 9 de mayo de 1998, PERFIL salió por primera vez a la calle como diario. Una editorial reconocida por sus revistas se proponía disputar la lectura de cada mañana con un diario de información general. La apuesta era ambiciosa: una redacción numerosa, una fuerte inversión y una presencia del color y la fotografía que formaba parte de su identidad. Aquella primera etapa reunió 84 ediciones. En la última contratapa, Jorge Fontevecchia se despidió con un texto titulado “Hasta pronto”, una fórmula que dejaba abierta la puerta del regreso. Era una pausa, no un final: la redacción y la editorial siguieron trabajando, convencidas de que el diario tendría su segunda oportunidad.
La promesa se cumplió. El domingo 11 de septiembre de 2005, Día del Maestro, PERFIL reapareció como dominical. La elección de esa fecha adquiere hoy otra resonancia, cuando la educación ocupa el centro del nuevo proyecto. La numeración guardó un detalle revelador: el ejemplar del regreso llevó el número 85, como si los siete años de ausencia cupieran entre dos cifras consecutivas. Para una hemeroteca, ese salto obliga a mirar dos veces la fecha; para el diario, era la afirmación de una continuidad que nunca se había roto.
La nueva frecuencia definió un estilo. Un periódico semanal podía detenerse en una investigación, reunir antecedentes y ofrecer entrevistas extensas: cada semana desembocaba en un ejemplar que debía ganarse su lugar entre los diarios del domingo, y lo consiguió. Más tarde se sumó también la edición de los sábados, y el vínculo con los lectores se consolidó alrededor del fin de semana. Mientras internet transformaba la circulación de las noticias, PERFIL creció en las plataformas digitales sin resignar la profundidad del papel. En esas dos décadas aprendió a convivir con el smartphone y la tablet. Veintiocho años después de aquel primer número, vuelve a salir de lunes a viernes.
Aquel “Hasta pronto” encuentra así su mejor respuesta: un diario que vuelve cada mañana a las manos de quienes están aprendiendo a interpretar el mundo.











