La posibilidad de realizar un test de VIH en el domicilio suma una nueva herramienta para facilitar el diagnóstico, evitar traslados y reducir barreras vinculadas con la discriminación. Sin embargo, también plantea interrogantes sobre el acceso económico, el acompañamiento sanitario y la interpretación de los resultados.
Miguel Díaz, exdirector del Hospital Rawson de Córdoba, explicó en Punto a Punto Radio cómo funciona el dispositivo, cuáles son sus ventajas y limitaciones y por qué considera que la incorporación de nuevas tecnologías debe estar acompañada por políticas de prevención y concientización. Según señaló, en la Argentina viven aproximadamente 140.000 personas con VIH y cada año se diagnostican entre 6.000 y 7.000 nuevos casos. De ese total, alrededor del 40% se detecta tardíamente.
—¿Cómo funciona este nuevo test de VIH para realizar en el domicilio?
—Se trata de un dispositivo que tiene un hisopo que uno debe pasar por las encías y después sumergirlo en una solución que viene en el mismo dispositivo. Posteriormente, hay que colocarlo en un cassette, similar a los test de COVID que teníamos disponibles en otro momento. El dispositivo hace correr el hisopo embebido en esa solución y detecta la positividad o negatividad mediante bandas, como sucede con un test de embarazo o con los test de COVID. Se puede hacer en el domicilio, evita tener que ir a un centro asistencial, puede evitar situaciones de discriminación y permite obtener el resultado en poco tiempo. Esto tiene sus ventajas y también sus contras.
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—¿Cuáles son las principales ventajas y desventajas?
—La ventaja es la accesibilidad a un método diagnóstico que se puede realizar rápidamente en el domicilio, evitando colas, traslados y todas esas cuestiones. La desventaja principal es el precio, que para algunas personas puede ser accesible y para otras no. Creo que va a costar alrededor de 27.000 pesos. También hay que tener en cuenta que, habitualmente, cuando se realiza un test de VIH, existe una asesoría previa y posterior al estudio. Se asesora a la persona sobre las medidas preventivas, qué significa el resultado, qué hacer si es positivo o negativo y, de acuerdo con sus antecedentes, si necesita otros métodos diagnósticos. Esa posibilidad la brinda habitualmente el sistema sanitario, sobre todo el público. De todos modos, en lugares donde no hay accesibilidad porque el sistema público no está presente, la disponibilidad de este tipo de test puede ser una razón para incorporarlos. También hay que recordar que el test rápido ya está disponible, aunque no se hace con saliva sino con sangre y bajo supervisión del personal de salud. En muchos lugares se realiza con un pinchazo en el dedo y el resultado está en 20 o 30 minutos.
—¿La fiabilidad de este nuevo sistema está asegurada?
—Tiene una sensibilidad de entre el 94% y el 99%, según las distintas comunicaciones que existen en el mundo, y también una alta especificidad cuando el resultado es positivo. No obstante, los resultados pueden ser negativos o positivos. Si es negativo, el resultado es negativo. Si es positivo, hay que confirmarlo con otro método diagnóstico. Cualquier método que uno realice, incluso el test rápido en sangre que se hace habitualmente como primera instancia, debe confirmarse posteriormente con otro método.
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—¿Cree que va a tener buena aceptación?
—Yo creo que es un elemento más y está bueno que esté disponible, pero hay una cuestión muy importante que hay que remarcar. Tenemos aproximadamente 140.000 personas viviendo con VIH en la Argentina y se diagnostican entre 6.000 y 7.000 casos nuevos por año. De esos casos nuevos, el 40% se diagnostica tardíamente. ¿Qué quiere decir esto? Que la inmunidad de esa persona ya está afectada por el virus y nosotros deberíamos llegar antes. Por eso vuelvo a insistir en la importancia de la presencia del Estado para sensibilizar a la población, hacer difusión y tratar de que las personas lleguen al sistema sanitario, público o privado, ante una situación de riesgo. Creo que en este momento todas estas cuestiones están fallando. Tenemos disponibilidad diagnóstica en el sector público, en el privado y ahora también en el comercial, pero hay que hacer un esfuerzo para que las personas lleguen tempranamente al sistema de salud y puedan ser diagnosticadas.
—¿Un sistema como este puede ayudar a que la gente se haga el test antes?
—Sí, ayuda, por supuesto. Pero está la cuestión de la accesibilidad en términos económicos. Mucha de la población que puede estar expuesta quizás también tiene dificultades para disponer de 27.000 o 30.000 pesos para comprar un test. Por otra parte, aunque sea un test domiciliario, tiene determinadas condiciones y requisitos para realizarlo correctamente. La persona no debe haber tomado alcohol, tiene que tener la boca limpia y la ingesta de determinadas comidas puede interferir en la reacción. Hay una serie de cuestiones que también deben tenerse en cuenta.









