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Bolches, Buda, Flávio, Marte

Bolches, Buda, Flávio, Marte
Hoy 00:39

Hace ya un tiempo que en la Argentina se cultiva una versión no literaria del realismo delirante. Destacados exponentes del panelismo televisivo, la política, el coleccionismo y la alta costura relatan sus contactos cercanos con habitantes milenarios de otros planetas, garantizan la posibilidad de dialogar con insectos vivos o muertos y afirman haber vivido experiencias terroríficas con pitufos sin que a nadie se le ocurra sospechar, ¡ni por un instante!, de su salud psíquica. Después de todo, si Dios está en proceso, incluso el mayor dislate estaría incluido dentro de las posibilidades de su gestión.

Dicho esto, queridos lectores, debo confesar que la súbita eclosión de tales rarezas me viene como anillo al dedo para presentarles a Quptki. Pequeño, peludo y suave, provisto de tres patas y cinco almas que conviven amorosamente (salvo cuando una le roba el corazón a la mujer de otra), Quptki es mi corresponsal en Marte. Envidioso, el periodismo de todo el globo terráqueo me lo quiere robar, ofreciéndole sobres provistos de sumas siderales porque Quptki ve los acontecimientos con una semana de anticipación y me los comunica en exclusiva. Pero mi corresponsal es insobornable y además en Marte los dólares han dejado de circular (solo hay yens que hace circular una base china), así que por el momento lo tengo en exclusiva para adelantar novedades. ¡Y solo por este medio! Infelizmente, las comunicaciones entre él y yo a veces se ven interferidas por choques de ondas entre los satélites de Musk y el casco de papel de aluminio con antenas que empleo en nuestros contactos, por lo que en esta última semana apenas me pudo ofrecer en anticipo que el sedicente líder y no presidente Flávio B. dedicará todo su tiempo libre a persuadir al amigo Donald de la conveniencia de invadir Brasil, ese país rebosante de petróleo y tierras raras y ocupado por personas que no hablan inglés y que suelen no ser blancos puros. Bien. Prometo que apenas se terminen las interferencias, Quptki me revelará más primicias.

Entretanto, pasemos a nuestro asunto.

En mi columna anterior, que el lector desmemoriado haría bien en releer, mencionaba mis vacilaciones a la hora de abordar un tema fascinante y poco explorado en estas playas: el cosmismo ruso. Y estaba dispuesto dedicar la siguiente, ésta, al asunto. Pero resulta que tras la publicación de la antepenúltima, que fue aquella donde deposité mi promesa, un lector atento posteó los nombres de Gleb Bokii y Alexander Barchenko, y no me queda otra que dedicarles algunos renglones. Empecemos por el mencionado en primer término.

La vida de algunos hombres (el genérico incluye a las mujeres, cielo mío, feminista mía, seas quien sea) puede cifrarse en una serie de hechos azarosos y mal zurcidos, o mostrar, luego de su fin, la fina urdimbre que enlazó sus actos. Desde la cuna hasta la sepultura, el ucraniano Gleb Ivanovich Bokii trazó un rumbo cuyo diseño general sólo fue invisible para él. Primero militante comunista durante el período heroico de la lucha contra el zarismo, gesta que le valió prisiones siberianas y exilios varios; luego, funcionario policial del instaurado régimen soviético (Cheka, OGPU y NKVD): después criptógrafo (la realidad tiene forma de signo, y los mensajes de los espías enemigos vienen encriptados), más luego uno de los encargados de ejecutar el Terror Rojo que terminaría por ejecutarlo a él. Pero no nos adelantemos. En el curso de sus actividades, entre viajes y persecuciones, pasó insensiblemente de la criptografía al esoterismo, que propone métodos o sintaxis particulares para leer los sentidos ocultos del Universo. En esa deriva contó con el auxilio de varios lamas mongoles y la colaboración de su amigo, Alexander Barchenko. Como buenos militantes bolcheviques, ambos se aplicaron consecuentemente a la búsqueda de la mítica ciudad dorada de Shambala, el reino oculto más allá de las nieves del Himalaya, mezcla de utopía edilicia y dominio espiritual, y a fusionar los altos niveles del budismo tibetano, el tantra dse Kalachakra, que tiene una tradición que te la voglio dire, con las ideas del comunismo recién implantado. Estos policías secretos montaron su propio laboratorio secreto para aplicar las técnicas espirituales budistas a fin de dar a luz comunistas perfectos. Si esa búsqueda tuvo algún resultado práctico, es cosa que revelaremos en los siguientes renglones…

¡Pero justo ahora me llama mi corresponsal! Me pongo el casco. Atiendo.

GUPKI: Bzzz. Bzzz. ¡Último momento! ¡Paren las rotativas! Con mi visión estroboscópica acabo de descubrir donde está el décimo dedo de Lula…Lo encontré en…

YO (interrumpiéndolo): ¡No seas grosero, Gupki!

¡Estos marcianos!

Seguiremos.

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