Hay proyectos musicales que nacen de una curiosidad y terminan convirtiéndose en una referencia. Hace treinta años, el Cuarteto D’ Coté comenzó a explorar una posibilidad poco habitual: trasladar el universo del tango a una formación de saxofones, con sus matices, sus dificultades técnicas y su particular manera de abordar las melodías. Lo que empezó como una experiencia de búsqueda camarística se transformó, con el paso del tiempo, en una propuesta artística con identidad propia, capaz de recorrer la tradición tanguera y dialogar con sus expresiones contemporáneas.
El ensamble integrado por Cecilia Dottore, Martín Pantyrer, Nicolás Porley y Gustavo Hunt celebrará sus tres décadas de trayectoria con una presentación especial en la séptima edición del Mendoza Sax Fest, que se desarrollará del 20 al 23 de noviembre en Mendoza. La ocasión encuentra al grupo en una etapa de renovada actividad, con una formación consolidada y nuevos proyectos que buscan ampliar los límites de su propuesta.
La historia de D’ Coté está ligada a una idea que sus integrantes fueron desarrollando a lo largo de los años: el tango no es solamente un repertorio para reproducir, sino un lenguaje que exige ser estudiado, comprendido y recreado desde las posibilidades expresivas de cada instrumento. En ese camino, el trabajo de transcripción y adaptación de las voces originales del género —los contrabajos, los bandoneones y los violines— fue fundamental para construir una sonoridad propia.
Martín Pantyrer recuerda que el proyecto nació de una inquietud musical: tocar de un modo más cercano a la música de cámara. Los arreglos de Gustavo Hunt sobre composiciones tangueras fueron delineando una identidad cada vez más definida y profunda. Con el tiempo, el grupo fue incorporando un conocimiento cada vez mayor del género, hasta conseguir trasladar al saxofón recursos interpretativos que originalmente pertenecían a otros instrumentos. Para Pantyrer, la continuidad de esa búsqueda constituye uno de los principales motivos de orgullo. D’ Coté, sostiene, no es simplemente un cuarteto de saxofones que toca tango, sino un cuarteto de tango que eligió los saxofones como forma de expresión.
En estas tres décadas, la agrupación editó tres álbumes —Tango, Saludos y Briyo— y realizó cuatro giras por Europa, con presentaciones en Alemania, Suiza, Holanda, Polonia y Austria. En Buenos Aires participó del Festival Internacional de Tango, el Festival Internacional de Música de Buenos Aires (FIMBA) y distintos escenarios de relevancia, entre ellos el Salón Dorado del Teatro Colón, el Hall del Teatro San Martín y la Sala AB del Centro Cultural San Martín. También actuó en espacios como Notorious, Café Vinilo y Chacarerean Theatre, además de centros culturales, milongas y salas de concierto.
La historia del cuarteto también está hecha de transformaciones internas. Cecilia Dottore, la integrante más reciente, se incorporó en noviembre de 2022 y realizó su primera presentación en febrero del año siguiente. Su llegada implicó sumarse a un proyecto que conocía previamente como referencia dentro del tango interpretado con saxofones en la Argentina. Hoy ocupa el lugar del saxo soprano y alto, una posición especialmente expuesta por la responsabilidad de abordar buena parte de las melodías de violín y las variaciones de bandoneón. Antes que ella, ese puesto fue ocupado por músicos como Daniel Lifschitz, Sergio Palestrini, Gustavo Musso y Patricio Bottcher.
Para Dottore, formar parte del grupo supone una experiencia que combina exigencia musical y aprendizaje humano. La dificultad de los arreglos, la expresividad que demanda el repertorio y el desafío técnico de cada interpretación conviven con el descubrimiento de una dinámica de trabajo basada en la generosidad y el compañerismo. También destaca lo que significa integrarse a una formación que lleva treinta años sosteniendo una convicción artística: la importancia de creer en un proyecto y acompañarlo a lo largo del tiempo.
Gustavo Hunt, saxofonista tenor, clarinetista bajo y responsable de los arreglos, observa el aniversario desde otra perspectiva. El músico reconoce lo excepcional que resulta pertenecer durante más de la mitad de la vida a un mismo proyecto, especialmente en un contexto en el que las agrupaciones suelen atravesar períodos de actividad irregular o directamente disolverse. Sin embargo, esta celebración encuentra a D’ Coté con una propuesta consolidada y voluntad de expansión.
Nicolás Porley, por su parte, encuentra en estos treinta años una razón de orgullo que excede la permanencia del grupo. En tiempos de desconcierto, señala, haber imaginado una propuesta que finalmente se materializó, perduró y dejó una contribución al desarrollo del tango constituye un logro colectivo. El lugar del saxofón dentro del género, hoy más reconocido e instituido, también es resultado de ese trabajo sostenido. Después de atravesar distintos ciclos de actividad, el cuarteto parece haber encontrado una combinación favorable entre experiencia y energía renovada.
La actividad de D’ Coté no se limita a los escenarios. El grupo desarrolla también charlas y clases magistrales dedicadas a la interpretación del tango con ensambles de vientos. La propuesta pedagógica busca reconocer los elementos técnicos y expresivos que definen el lenguaje del género, explorar las posibilidades del saxofón y desarrollar, tanto desde la ejecución instrumental como desde la escritura, música vinculada con la tradición tanguera.
Treinta años después de aquella primera inquietud camarística, D’ Coté sigue trabajando sobre una misma pregunta: cómo hacer que el tango encuentre nuevas voces sin perder su identidad. El aniversario no funciona solamente como una mirada retrospectiva, sino como una oportunidad para profundizar esa búsqueda y proyectarla hacia nuevos formatos. La celebración en Mendoza será, en ese sentido, tanto un balance de lo recorrido como una declaración de continuidad.








