Miguel Battista, el bioquímico de 71 años investigado por mantener a su familia en presunto cautiverio durante aproximadamente cuatro años en Esquel, pronunció sus primeras declaraciones públicas tras presentarse ante la Justicia: "Tuve más afecto en prisión que con mis vecinos".
El caso, que conmocionó a la provincia de Chubut desde que salió a la luz, lo tiene imputado por los delitos de privación ilegítima de la libertad y abandono de persona en perjuicio de su esposa (de 41 años) y sus tres hijos (de 19, 17 y 13 años).
Tras su paso por los tribunales locales, donde se le confirmó formalmente el avance de la causa, y mientras era subido a un patrullero policial para ser trasladado de regreso a una comisaría de Trevelin, Battista dialogó con medios locales.
Con total calma, admitió "no saber" si podría recuperar su libertad y desestimó de plano los cargos al asegurar: "Mi versión de los hechos es que es una gran persecución".
La defensa y los argumentos sobre el aislamiento
Por su parte, el abogado defensor del imputado, Daniel Sandoval, intentó desacreditar la hipótesis de los investigadores y expuso los motivos detrás del estilo de vida hermético que llevaba la familia.
Según el letrado, el origen de los Battista en una zona urbana densa como Olivos, sumado a la especialidad científica del acusado, derivó en limitaciones para vincularse y en una conducta de marcado sigilo para no transitar habitualmente por la ciudad.
Asimismo, la defensa argumentó que la esposa de Battista padece problemas severos de salud, por lo que su ocupación científica y el cuidado cotidiano hacían necesario evitar que deambulara sola libremente.
En cuanto a los hijos, Sandoval remarcó que las declaraciones tomadas en Cámara Gesell indicaron que contaban con llaves del domicilio, cuestionando además la viabilidad de la hipótesis fiscal al sostener que los jóvenes, por sus edades, fácilmente podrían haber doblegado a un hombre de casi 72 años.
Respecto de la acusación de encierro sobre los tres hijos del matrimonio, el letrado remarcó que los jóvenes declararon en Cámara Gesell que contaban con llaves del domicilio, y puso en duda la capacidad operativa del detenido para concretar un secuestro prolongado: "Los tres chicos, por sus edades, fácilmente podrían doblegar a un anciano de casi 72 años, y la hipótesis de que este los mantuvo cautivos no es muy sostenible".









