El teatro independiente suele funcionar como un espejo implacable de aquello que la sociedad prefiere mantener bajo la alfombra. Con esa premisa se gestó Mala Madre, la propuesta documental que se presenta los viernes a las 22:30 en el Nün Teatro Bar, (Juan Ramírez de Velazco 419, CABA). La pieza cuenta con la interpretación de la Raquel Ameri, responsable también de la dramaturgia, que coescribió junto a Maruja Bustamante, y con la dirección de Paola Luttini, conformando un equipo de trabajo que se completa con la producción ejecutiva de Mateo Demarchi, el diseño audiovisual de Lucas Gingles, la música original de Facundo Salas y el diseño de iluminación de Fernando Chacoma.
Un puente entre el duelo, la culpa y los sueños
Lo que comenzó como un registro de la experiencia cotidiana, dio un giro inesperado durante un tour internacional del que la actriz participó el año pasado. Estar lejos de su familia, en plena pulseada entre su vocación artística y la sobrecarga mental de las tareas de cuidado, reavivó fantasmas del pasado y conectó la obra con una herida fundacional.
"En ese proceso de escritura, de alejarme de mi familia y de esatr lejos, me resonó el hecho de la pérdida de mi único hermano. En ese tiempo mi hermano tuvo un accidente y falleció estando yo en Europa. De golpe es como que hizo 'tum', se me cruzó la maternidad, alejarme de mis hijas y el miedo a la pérdida, porque ya tenía un recuerdo de que alejarme y hacer lo que yo quisiera era, entre comillas, peligroso. Dije: 'Claro, no puedo hablar de mi vida si no hablo del duelo que fue perder a mi hermano', y se empezó a tejer la culpa de la madre con la del sobreviviente, de seguir adelante persiguiendo sueños y vocación cuando tenés una persona fallecida", confiesa la autora sobre esa bisagra en el relato.
Ese cruce de intensidades encontró su cauce formal gracias a la mirada de sus colaboradoras. Lejos de ser un bajón solemne, el espectáculo combina densidades emocionales con un despliegue estético dinámico. "En una hora pasa de todo: hay música, hay baile, hay canciones, hay proyecciones, hay un diseño de luces espectacular de Fernando Chacoma. Hay una espectacularidad que logró la obra, entonces está esto de lo íntimo y lo personal, pero con una dimensión de show también", detalla la protagonista sobre el montaje armado junto a Luttini y Bustamante.
Poner el cuerpo: la decisión de protagonizar la propia historia
A la hora de encarar el proyecto, la pregunta sobre si resultaba más saludable observar la creación desde afuera era inevitable. Sin embargo, Ameri tuvo claro desde el primer momento que debía pararse sobre las tablas para completar el sentido del material. "La decisión de que yo protagonice mi propia historia tiene que ver con que para mí ahí es como que termina de darse del todo la vuelta a la cuestión de lo documental. Es tan documental que ese cuerpo que está ahí contando es el cuerpo que lo experimentó. Mi cuerpo está marcado por todas estas cicatrices y estas memorias, y ahí hay una potencia particular que no sería lo mismo que si lo hiciera otra actriz. Fui al límite, al extremo", explica la intérprete.
Transitar ese texto semana a semana implica un profundo trabajo de transformación. Lejos de vivirlo como una exposición dolorosa, la actriz asegura que las funciones se convirtieron en un ritual de desapego y celebración: "Una vez que iniciamos el proceso de ensayo, no me sentía en carne viva poniendo sal en la herida, sino en el fascinante procedimiento de transformar lo vivido en un hecho artístico. No lo sufro, al contrario: celebro cada función, la disfruto, me divierto. El proceso fue sanador y cada función es un ritual de honrar lo vivido".
Un impacto político y social frente al desamparo
Más allá del viaje íntimo, Mala Madre incursiona en una dimensión profundamente política al visibilizar aquello que suele resolverse en la trastienda de los hogares, puertas adentro y en riguroso silencio. "La obra tiene un impacto político en relación al cuerpo de la mujer. Las tareas de cuidado es algo muy nuevo que se está empezando a hablar: es un trabajo invisible, no remunerado, y todo ese tiempo va en detrimento de que esa mujer pueda desarrollarse profesionalmente. He hecho mucho como actriz, pero sí soy consciente, e incluso a veces me duele, de saber que hay cosas que no he alcanzado como profesional porque he estado mucho tiempo dentro de mi casa cuidando a mis hijos. Quise encontrarle una vuelta a que todo lo que está en las sombras se ilumine y empiece a circular en el mundo del arte y de lo social", señala con convicción.
Para la autora, el objetivo principal no es erigirse en una heroína de la resiliencia cotidiana, sino desarmar los mandatos de perfección que asfixian a las familias monoparentales y a las mujeres en general. "No busco que digan: 'Ay, mira qué bárbara Raquel Ameri, tiene tres hijos y encima ganó premios'. Al revés: miremos esto. Hace falta que nos veamos, que nos miremos, que enfrentemos y que no puede ser que las mujeres estén en soledad sosteniendo tanto. Aunque el título trae ese lugar oscuro, la obra es muy luminosa; habla de la vida, de la potencia, de lo colectivo, de la red y de la tribu", concluye. Las funciones son los viernes a las 22.30. Encontrá acá más info sobre las entradas.











