La disputa entre Patricia Bullrich y la Casa Rosada desplazó, al menos por ahora, a la Vicepresidenta del centro de la escena. Mientras la titular del bloque de LLA expone sus diferencias con el oficialismo, Victoria Villarruel sigue cada movimiento sin apurar definiciones sobre su futuro político. La Presidencia sigue en su horizonte, pero antes quiere saber cómo se ordenará el calendario electoral.
Las internas del Gobierno tienen una particularidad: cambian de protagonistas con rapidez. Y en ese movimiento, Victoria Villarruel consiguió salir momentáneamente del foco de las acusaciones de traición que durante meses la tuvieron como destinataria. Patricia Bullrich pasó a ocupar ese lugar. Sus desmarques, sus gestos de autonomía y sus movimientos políticos abrieron un nuevo frente para Javier Milei y corrieron las miradas de la vicepresidenta.
A Villarruel, por ahora, ese contraste le sirve. La titular del Senado hizo de la institucionalidad una de sus principales banderas desde que comenzó a deteriorarse su relación con el Presidente. Se ocupó de remarcar que no iba a romper con el Gobierno ni a utilizar su cargo para desestabilizarlo aunque se encargó de hacer algunas críticas al rumbo económico.
Su nombre volvió a escena pública en los días previos a la llegada del papa León XIV a la Argentina. Ante la posibilidad de quedar afuera de la recepción oficial que organizará el Gobierno, Villarruel movió sus propias fichas: envió una carta al Pontífice para invitarlo al Congreso y consiguió que el Senado aprobara por unanimidad una resolución para que visite el Parlamento. También reclamó que la Cámara alta, encabezada por ella, tuviera representación institucional en el encuentro del Palacio Libertad. Finalmente, el Gobierno confirmó que también sería invitada a la recepción.
Pero que Villarruel haya quedado en un segundo plano no significa que esté ajena a lo que sucede. Observa los movimientos de La Libertad Avanza, las disputas dentro del oficialismo y también las conversaciones de la oposición. No tiene apuro en tomar decisiones. Su aspiración presidencial sigue abierta, aunque en su entorno consideran que todavía no es momento de hablar de candidaturas.
Antes hay otras definiciones. La principal tiene que ver con las reglas electorales para 2027. En ese punto, cerca de la vicepresidenta coinciden con el diagnóstico que circula en el sector de Bullrich: no están claros los votos para suspender las PASO. Tampoco creen que la discusión pueda extenderse demasiado. Le ponen fecha: “El sistema con el que se votará debería estar resuelto antes del 1 de enero”.
El calendario legislativo agrega presión. Las sesiones ordinarias terminan el 30 de noviembre y, aunque el Gobierno podría convocar a extraordinarias, los tiempos para discutir una reforma electoral empiezan a acotarse.
Pero la mirada de Villarruel no se detiene en la elección nacional. También siguen con atención qué hará la provincia de Buenos Aires y cuándo votará la Ciudad. En su entorno sostienen que las discusiones sobre el calendario electoral deben resolverse en conjunto.
Ahí aparece otra pregunta que todavía no tiene respuesta: ¿dónde podría competir Villarruel en 2027? La Presidencia es una posibilidad que no desapareció de su horizonte, pero tampoco está escrito que su futuro electoral tenga que estar atado a una candidatura nacional. ¿Podría jugar en una boleta porteña o incluso bonaerense?
Villarruel nació en la Ciudad de Buenos Aires, aunque una eventual candidatura provincial tampoco aparece como una posibilidad que su entorno quiera descartar de antemano. Por ahora, la vicepresidenta sigue mirando sin anticipar ninguna jugada.








