A días de la llegada del papa León XIV a la Argentina, el diálogo interreligioso y el legado de Francisco volvieron al centro de la escena. En una conversación que reunió a referentes de las comunidades católica, judía y musulmana, el rabino Isaac Sacca, el imán Marwan Gill y el padre Fabián Báez reflexionaron sobre la convivencia, la diversidad religiosa y las heridas que atraviesan a la sociedad argentina.
En diálogo con Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), los tres invitados analizaron el significado de la visita papal y la oportunidad de recuperar el espíritu de encuentro que caracterizó al pontificado de Francisco. También trazaron un contraste entre la capacidad argentina para integrar distintas creencias y las dificultades para aceptar las diferencias en el terreno político y social.
Por un lado, recibimos al rabino Isaac Sacca, quien proviene de una histórica familia de judíos originarios de Alepo, Siria. Es una de las máximas figuras del judaísmo en la región y se desempeña como gran rabino de la comunidad sefardí en Buenos Aires desde 1997. Además, preside Menora, una organización mundial para la juventud. También le damos la bienvenida a imán Marwan Gill, teólogo islámico y presidente de la comunidad musulmana Ahmadía en Argentina y Chile, de raíces paquistaníes y formado académicamente en el Reino Unido. Se radicó en Buenos Aires en 2017, convirtiéndose en uno de los principales referentes regionales del diálogo interreligioso, la convivencia pacífica y la desmitificación de prejuicios sobre el islam. También le damos la bienvenida a Fabián Báez. Es capellán, profesor y director del Instituto Papa Francisco en la Universidad Católica Argentina. Ejerce como párroco de la Basílica de Nuestra Señora de la Piedad, en el centro de Buenos Aires, y es popularmente apodado en los medios como el cura tuitero por su activa e innovadora presencia en las redes sociales. En enero de 2014 se hizo mundialmente conocido cuando el papa Francisco lo reconoció entre la multitud en la Plaza de San Pedro y lo invitó a dar una vuelta en el Papamóvil.
En el día hábil previo a la llegada del papa León, la idea es generar aquí un ámbito de conversación. Claramente, va a estar omnipresente el papa Francisco en la visita del papa León. Creo que va a venir en espíritu, en el cuerpo de él. Y el espíritu del papa Francisco, que continúa León, era el del diálogo interreligioso y el de concebir todas las espiritualidades como parte de un mismo tronco común de humanidad y de humanismo. Voy a pedirle a cada uno que haga su reflexión. Le pido primero al padre Fabián Báez.
F.B. Cuando me convocaron aquí, pensé inmediatamente en esa fotografía simbólica, pero que no es simplemente un evento: ese abrazo entre el papa Francisco, el rabino Skorka y Omar Abboud en el Muro de los Lamentos, allí en Israel. Esa foto era una expresión de un modo de vida que él había llevado ya en Buenos Aires y que luego llevó al mundo. En el fondo, responde a este deseo de sentarnos y dialogar, de encontrarnos en el abrazo, de encontrarnos en un contexto de heridas y diferencias, y poder encontrar, sobre todo, el espacio donde sentarnos y abrazarnos. Creo que en este abrazo simbólico está representado el abrazo de muchas heridas, de muchas divisiones, no solo religiosas ni vinculadas con las creencias. Por eso, creo que es como un abrazo profético en este momento de la Argentina, ya en la perspectiva de la llegada inminente del papa León.
¿Y rabino Isaac Sacca?
I.S. La visita puede generar un impacto. Seguro va a generar un impacto muy necesario para la sociedad, para la humanidad entera. Nosotros, los seres humanos, vivimos inmersos en una corriente de materialismo que se incrementa día a día. Estamos desconectados de lo espiritual, desconectados de Dios, desconectados de nosotros mismos, de nuestra familia, de esos valores que nos hacen humanos. Esta movilización de un líder religioso, de una de las principales religiones del mundo, seguramente va a generar en todos un poco de introspección y un reacomodamiento de nuestras ideas y nuestros valores. No somos solo materia, somos también espíritu. Hay Dios, hay familia, hay humanidad, hay solidaridad, hay buenas acciones. Eso está a veces adormecido porque estamos constantemente buscando incorporar hacia nosotros placer y valores materiales. Bueno, hay que empezar con los valores espirituales. Esta visita tan trascendente, movilizadora para toda la Argentina, nos va a hacer como una especie de inyección de espiritualidad. Cada uno en su religión, cada uno va a incorporarse un poco más a la suya, pero vamos a conectarnos todos al mismo Dios y a los mismos valores que tenemos y compartimos.
Imán Marwan Gill, ¿estuvo con el Papa recientemente usted, además?
M.G. Sí, fue en el marco de la celebración de Nostra Aetate, un documento histórico de la Iglesia. De alguna forma, puso fin a las cruzadas contra los musulmanes y también al antisemitismo en nombre de la Iglesia. En ese marco sí lo pude conocer y saludar. Para mí, por supuesto, creo que el lema de esa visita papal sintetiza muy bien que su visita no se va a limitar a la Iglesia católica. El lema es "Bienvenidos todos", que incluye a judíos, musulmanes y no creyentes. Creo que, en ese marco, trasciende las puertas de la Iglesia y tiene un mensaje universal para la sociedad entera. En eso también te agradezco, Jorge, porque creo que esa imagen ya es una de las bendiciones de la visita papal: encontrar y ver la imagen de un sacerdote, un rabino y un imán juntos. Quizás acá no tenemos una grieta religiosa, pero en el mundo, fíjate, no hay que olvidarse de que hay sociedades donde hay rabinos, imanes, pastores y sacerdotes que bendicen la guerra, bendicen las bombas o son factores, o lamentablemente voces, que muchas veces dividen las sociedades. Gracias a Dios, en Argentina no es el caso. Pero lo que sí nos preocupa acá es quizás el ámbito sociopolítico, el nivel de confrontación y polarización. Ahí creo que es importante traer el lema del Papa, que muchas veces hace hincapié en desarmar las palabras, porque no son solamente las armas militares. Cuando asociamos guerras, odio o violencia, también tenemos que pensar que muchas veces, como en nuestro contexto, son las redes sociales y los discursos de odio. Ahí sí creo que esa imagen sintetiza muy bien que la religión no es parte del problema, sino parte de la solución.
¿Por qué, como decía el imán y el padre, Argentina tiene esa particularidad que nos ha distinguido, de que este tipo de convivencia es absolutamente normal?
F.B. Yo creo que es una gracia, la gracia de la diversidad, la diversidad de nuestro origen. La diversidad que no nos hace... Quizás una vez escuché que nuestra diversidad de origen nos deja un poco tristes como cultura. Yo creo que no, yo creo que nos hace muy hermanos, quizás un poco melancólicos en algunas cosas, quizás un poco pasionales en otras, pero la riqueza de reconocernos en una mesa común. Y eso está presente incluso en los más jóvenes, o sea, eso es maravilloso porque uno ve que incluso en otros lugares del mundo no es nada frecuente. Creo que tiene que ver con que la diversidad para nosotros está en la misma esencia, por lo menos en el arranque de nuestra historia, y fue una diversidad. Francisco ha hablado de la diversidad reconciliada. Yo creo que eso es lo que de alguna manera vivimos siempre y ojalá que mantengamos. A veces uno siente que está en riesgo esa diversidad reconciliada porque, cuando se pone más acento en las diferencias que en lo que nos une, eso es peligroso. Y a veces tenemos la tentación de poner ese acento.
Rabino, Buenos Aires es una de las ciudades con la mayor cantidad de judíos. ¿Cómo explica esto que decíamos de la diversidad, la acogida a la Argentina, las no diferencias? ¿Qué cree que hizo de Buenos Aires un centro de esa inmigración y un lugar permanente de residencia de hijos y nietos de los inmigrantes judíos?
I.S. Hay un factor más frío, pero me parece que tiene cierta influencia: también la posición geográfica de nuestro país en el mundo. Nosotros observamos los acontecimientos desde una distancia lejana. La distancia nos permite observar la situación con una mayor calma, y no estar tan apasionados con la problemática que se está sintiendo. Quizas un europeo o una persona de Medio Oriente, que ahí las pasiones no dejan trabajar a la razón. La pasión domina la razón, cosa que es contrario a toda la esencia humana. Nosotros tenemos el cerebro, el corazón y las entrañas. El cerebro está arriba, el intelecto. Las pasiones son buenas, el cerebro las tiene que filtrar. Los sentimiento y las pasiones también, son tres niveles de fuerzas. En Argentina, como bien decía el padre también, se formó con inmigrantes de todas las religiones y todas las culturas, eso es un factor. El otro, es el hecho de que estamos lejos y observamos con menos pasión y menos sentimiento y podemos, al contrario, tener esa capacidad y esa inteligencia para sentarnos aquí y dialogar. "Muchachos, hay un problema allá. ¿Qué podemos nosotros colaborar para que esto se solucione?". De hecho, me parece que los argentinos tenemos un ejemplo de conducta y también podemos dar un consejo a los que están padeciendo ellos mismos, que están cerca de los problemas políticos que se mezclan con la religión. Aquí no se mezcla el problema político, el problema limítrofe con la religión. Acá la religión es más pura, más integral, más auténtica, más espiritual.
Y, Imán, ¿cuánto lleva acá en la Argentina? Porque yo llegué acá hace diez años, más o menos. ¿Qué notó respecto a esto que estamos conversando?
M.G. Me llamó la atención. Fue para mí una gran sorpresa. Yo nací en Alemania, me formé como imán en Inglaterra, así que quizás comparo todo el tiempo, subconscientemente, la realidad de acá con la europea. Por supuesto, conocía el afán de los argentinos por el fútbol y el tango, pero realmente me quedé sorprendido de manera positiva por lo que acá se conversa. Y eso es gracias a personas como ellos, pero también a las instituciones. No hay que olvidarse de Bergoglio y su legado. Eso me llamó la atención, Jorge, porque también en Europa tenemos instituciones muy antiguas, pero no veo esa convivencia natural. Cada uno está más en su burbuja, en su mundo. Acá, en cambio, el diálogo y la convivencia se dan de manera natural. Yo hace diez años que estoy acá. Mi esposa usa el velo y, gracias a Dios, nunca sufrimos en la calle islamofobia, discriminación o algún rechazo. Todo lo contrario, hay un respeto natural. Pero, al mismo tiempo, Jorge, y ahí ustedes como argentinos quizás me podrán ayudar más, veo una contradicción en otros aspectos. Por ejemplo, para mí, como Imán, es más fácil ir a una sinagoga, a una iglesia y hablar sobre diferencias teológicas que son irreconciliables. No podemos llegar a un consenso. Pero después veo esa tendencia de dividir todo en blanco y negro en otros aspectos donde yo pienso que quizás sería más fácil llegar a un punto en el medio, a un consenso. Me refiero a la política, a la visión social. A veces me exagero cuando quería entender el peronismo. En ciertos aspectos me resultaba mucho más difícil la conversación que quizás sobre la teología.
Muy interesante lo que nos plantea el Imán. ¿Por qué un país que tiene ese patrimonio, esa cultura de poder integrar lo diferente, en lo más difícil, casualmente, que son los dogmas, en donde normalmente las diferencias, dado que se plantean verdades absolutas, hacen más irreconciliable el entenderse, ahí se entiende? Y en lo que sería más fácil, aquello que claramente es opinable, aquello en lo que la diversidad en armonía enriquece, no.
F.B. Estamos muy heridos. Más allá de ese vínculo hermoso que genera la fraternidad, estamos heridos. Y, como dicen, "el que se quema con leche ve la vaca y llora". Yo creo que la política, lamentablemente, sobre todo en el siglo XX, pero también antes... Hay una vieja canción de Piero que decía: "A esta patria la fundaron a golpes y cachetazos. ¿Cuántas voces se callaron a machete y a balazo?". Es decir, eso está, es innegable. Y una reconciliación no puede hacer una especie de manto ilusorio, como si el pasado no hubiera existido. Existe un pasado doloroso que nos ha enfrentado, quizás a las generaciones anteriores, y que ha llevado a que mucha gente sufriera cárcel, persecución, incluso la muerte. Y eso no es menor. Entonces, tiene un sentido. Yo creo que es fruto de una herida social que el poder y el modo de ejercerlo han generado en nosotros como pueblo. Pero la esperanza es que hay cosas que no se rompen ni con eso. Entonces uno dice: bueno, hay esperanza, hay amanecer. Me gusta mucho una imagen que usó el arzobispo Jorge García Cuerva en una de sus cartas, donde él dice: "A veces parece demasiado tarde, pero no, quizás es que todavía no amaneció, quizás es muy temprano". Y bueno, eso da esperanza.
Lo mismo que él recuerda, la frase —no lo dice, pero la idea— de que no es una grieta, sino una herida, es también del arzobispo Jorge García Cuerva. ¿Cómo lo siente usted, viendo esto de que nos podemos integrar en los temas más difíciles y no en lo que supuestamente tendría que ser más posible?
I.S. También me parece que la Argentina, y toda Latinoamérica, compartimos el mismo espíritu. Latinoamérica, y hasta podríamos decir, en cierta medida, Estados Unidos también. Norteamérica, América es un continente colonizado. Nuestro carácter y nuestra forma de pensar, nuestra memoria genética, no sonlas de los colonizadores. No queremos abarcar, no queremos imponer. En el antiguo mundo, el viejo mundo, Europa, Oriente y Asia, existía esta cultura de querer imponer la idea, el imperio, el concepto del imperio. Nosotros no. Nosotros vinimos a formar nuestra familia, nuestras comunidades. Y, respetando al otro, no tengo ningún interés. Hay en nuestra memoria genética, en los argentinos y en toda América, me parece, el concepto del respeto al otro que también viene con el mismo objetivo que yo: cuidar a mi familia, tener una prosperidad, ser un elemento positivo y constructivo para la sociedad. Ahora bien, vivimos en un mundo globalizado y tenemos que cuidar lo que tenemos, porque el mundo no está en esta misma sintonía. Somos un ejemplo y tenemos que, así como tenemos nuestros errores, como cualquier país, los argentinos tenemos ciertos vicios, también tenemos muchas virtudes. Esta virtud es la más importante hoy en el mundo porque el mundo está globalizado. Debemos ir contra esa corriente que está haciendo una disrupción y una brecha entre las personas. Cuando se pelean los elefantes, las hormigas se mueren. Si en el mundo va a haber estas guerras, la pobre gente común, que somos nosotros los ciudadanos, vamos a recibir las consecuencias. Los argentinos hoy, y toda América, podemos dar una lección de convivencia, de armonía y de paz al mundo entero.
Usted, que disparó la pregunta de cómo puede ser que en otras partes no se entiendan en cuestiones religiosas y aquí sí, y lo contrario. Después de diez años en Argentina, ya es un poco argentino. ¿Cuál es su propia explicación a esa pregunta que usted lanzó?
M.G. Para mí, Jorge, quizás es una observación. Yo, como alemán, veo que incluso en las campañas electorales nosotros tenemos la costumbre de que es más importante el mensaje, el lema. Mi observación como extranjero acá, con todo respeto, es que acá se hace más hincapié en la cara. Incluso yo diría que la selección argentina, a diferencia de la alemana, por ejemplo, siempre tenía un mesías, para decirlo así: Messi, Maradona. En Alemania se hacía más hincapié en el equipo. Y creo que ahí viene, para mí, la importancia de volver a la base de la democracia, que es reconocer las diferencias, el disenso, pero poner sobre la mesa los valores o el destino en común. Y eso nos lleva también al concepto del diálogo interreligioso, porque diálogo no significa levantarnos de acá y pensar igual.
Me gustaría un análisis de cuánto, en esta visita del papa León, va a haber una metonimia. Los argentinos van a estar viendo al papa Francisco, aunque sea León.
F.B. Es maravilloso. Vos lo decías al principio: va a estar inmanente, permanentemente. Desde la fe cristiana, desde el espíritu católico, es Pedro el que llega, es el Papa. Y entonces, de alguna manera, es Francisco, es Benedicto y es Juan Pablo, pero es León. Yo creo que particularmente a nosotros nos cierra también otra herida, que es esta herida de no haberlo tenido a Francisco entre nosotros. Fue algo tan deseado, tan querido, que se lo pedíamos tanto, rezábamos para que pasara. Finalmente, confiando en los planes de Dios, confiamos en que esto es lo mejor, pero me parece que viene, de alguna manera, también a culminar un proceso que para nosotros fue como un vacío. La ausencia-presencia de Francisco, que ahora... Su ausencia no fue ausencia, digamos, su lejanía, mejor dicho, no fue ausencia. Y creo que León viene como a traer eso que no pudo darse en la vida del papa Francisco.
Lacan decía que la mayor presencia es la presencia de la ausencia, aquello que se nota que no está.
F.B. Es lo que nos pasa cuando perdemos a alguien. Cuando una presencia exterior se hace interior. Extrañar es eso: alguien ya no está afuera, está adentro. Y eso es entre el dolor y el gozo. Creo que eso nos pasa con Francisco, pero se va a poner muy en evidencia ahora en la visita del papa León.
¿Cómo lo procesa desde la religión judía, esta idea de que el que viene es el mismo Pedro y que las personas, los argentinos, van a estar viendo a Francisco en la cara de León?
I.S. Bueno, con el papa Francisco, la verdad que... Con Bergoglio ya lo conocíamos en la última charla que tuve con él, cuando era Bergoglio. Me dijo...
Mirá, ahí está la foto.
I.S. Exactamente. Eso es en el Rabinato y eso es en el Vaticano. Una en Buenos Aires y otra en Roma. Es muy interesante la anécdota. Cuando me reuní con él en Buenos Aires, en nuestra sede, en la comunidad sefardí, en el Gran Rabinato, nos propusimos una idea. En esa reunión, ¿por qué no exportamos el modelo argentino de convivencia al mundo con algún plan? Ese fue uno de los temas que hablamos. El segundo tema también era cómo llevar la asistencia a los carenciados a través de las parroquias, las sinagogas y las mezquitas. También queremos hacer un plan. Fueron dos temas. Él me dijo: "¡Qué buenas ideas, rabino! Tengo que ir a Roma porque vamos a elegir al nuevo Papa. Cuando vuelvo, seguimos hablando". Siguió hablando, pero tuve que ir a verlo. Fuimos como seis veces a verlo. Yo tenía un intercambio epistolar mensual con él, a mano. Para nosotros, como judíos, según lo que dice Maimónides en su libro, que era un gran filósofo y rabino español del siglo XII, el judaísmo fue la primera religión que trajo los fundamentos civilizadores para la humanidad: valores humanos, éticos y morales que vienen a recordar lo que el hombre tiene dentro de su corazón y que fue olvidando de generación en generación, desde Adán, Noé y Abraham, hasta que vino el judaísmo y los estableció, les recordó esos valores y les refrescó la memoria. Pero el judaísmo es una religión para un pueblo. Maimónides dice que las dos religiones, el cristianismo y el islam, vienen con una misión continuadora de divulgar estos valores y vertirlos a toda la humanidad, para que no queden solo en un pueblo. O sea, nosotros, según lo que dice Maimónides, vemos con gratificación dos religiones que continúan el legado del monoteísmo, del respeto al prójimo, del respeto a la familia y de los valores humanos. Son una razón para festejar, así dice Maimónides. Es importante porque no todos tienen la misma historia, no todos tienen el mismo relato. Un mismo valor se enseña en Japón, China, Argentina o Corea, con distintas historias, con distintos relatos, según las experiencias que tuvieron. Y eso es lo bueno de la diversidad. La diversidad del camino no significa la diferencia del objetivo, que es la unión entre todos y la convivencia entre todos.
Usted hizo un título ahí al decir que la selección de fútbol alemana es el equipo y que acá era o Maradona o Messi. De alguna manera, también ve en Francisco, usted llegó a la Argentina cuando Francisco ya era Papa. También hay otra devoción personalista por parte de los argentinos que encuentra en el caso del Papa argentino. El magna cum laude, pero más que eso no podría haber. ¿Cree que también hay una devoción muy particular de los argentinos en ese personalismo por lo que representó Francisco?
M.G. Sí, incluso, Jorge, me pasó que cuando tuve la posibilidad de visitarlo a Francisco, él me contó una broma sobre los argentinos. En breve, usted solo entre los dos lo conoce. Dice que Dios o los ángeles bendijeron tanto a la tierra argentina que, en un momento, se quejaron: "¿Por qué tantas bendiciones para una sola tierra?". Y ahí dijo, Francisco me contó, que al final puso a los argentinos para equilibrar. Quizás acá analizamos muchas veces el legado de Francisco desde una mirada más limitada, pero yo, hablando de ese mundo musulmán, incluso hago la comparación con Benedicto XVI. Había ciertas tensiones del mundo musulmán con Benedicto por ciertas frases sobre el islam, y Francisco realmente logró cambiar muchos muros en puentes. Fue el primer papa en viajar o visitar Irak, Baréin y Emiratos Árabes Unidos. Firmó un documento de la fraternidad que luego fue adoptado por las Naciones Unidas, que cada febrero se celebra como el Día de la Fraternidad Humana. Después fue el primer papa en recibir a una delegación de la Comunidad Ahmadía, mandó una carta a Jalifa de la Comunidad Ahmadía. Y creo que eso es lo que destacó a Francisco: que apoyó su mensaje, sus encíclicas, con sus propios gestos, con sus propias acciones. Por supuesto, como Imán y como rabino, hay diferencias teológicas, pero lo que en mi caso puedo dar como testimonio propio es que él realmente vivía lo que predicaba.
Padre tuitero, el famoso padre tuitero, el que subió al Papamóvil cuando Francisco lo vio allí. ¿Cómo se imagina que va a ser esta visita? ¿Imagina qué va a pasar el domingo, el lunes, el martes y el miércoles con la salida?
F.B. Hoy pensaba que realmente qué privilegio vivir esto. Qué privilegio, porque yo creo que lo que el Papa va a hacer para nosotros, los argentinos, es generar un espacio donde podamos encontrarnos. Independientemente de que va a haber mensajes que van a ser importantes, que va a haber procesos que se van a iniciar de todo tipo, en lo social, en lo religioso, en lo político seguramente. Como pasa con la vida, cuando empieza una amistad, cuando empieza una pareja, cuando nace un hijo, uno no sabe adónde va eso, porque la vida se escapa un poco de las manos. Entonces, yo creo que este encuentro entre los argentinos, bajo el paraguas, por decirlo de alguna manera, de la visita del papa León, es un nuevo comienzo. Y con mucha esperanza, uno no sabe adónde nos puede llevar. Ojalá que sea un lugar de mucho más respeto, de mucha más autoestima como pueblo y de mucha más responsabilidad por el que sufre, que son tantos.
Ese encuentro con Bergoglio primero y con el Papa después tenía como objetivo llevarle la experiencia argentina. Los elefantes, usando el ejemplo que usted... Acabamos de tener elecciones recién en Estados Unidos, elecciones en Israel. Todo parece indicar que la oposición va a terminar formando gobierno en Israel. Siguiendo con su idea originaria, ¿qué mensaje les tendríamos que transmitir los argentinos a los elefantes?
I.S. Bueno, esta es una oportunidad importante que viene el Papa a la Argentina, porque una cosa es escuchar que en Argentina hay convivencia, hay armonía, y otra cosa es que lo vea, lo note en carne propia. Nosotros nos tenemos que mover. El Papa se mueve. Esto no es algo casual, también está en la tradición judía. Dios le dice a Abraham que se mueva por el mundo: "Vete de tu tierra, a la tierra que te haré ver". Él era un nómade, Abraham era un nómade que iba por todos lados. ¿Para qué? Porque no alcanza con estar sentado y hablar. Uno tiene que ir, aprender, ver los problemas, ver las virtudes, incorporar, enseñar. Este movimiento es la oportunidad de encuentros, de encuentro de los elefantes con los otros, para que vean: "Ah, mirá cómo acá viven bien". Es la primera vez que voy a estar en Argentina recibiendo a un Papa, pero al papa Francisco lo recibí cuando fue a otro país, cuando fue a Jerusalén. El Gran Rabinato del Estado de Israel lo recibió, con toda la cúpula rabínica y el Gobierno. El Gran Rabinato me convocó a Israel para recibirlo ahí con ellos, porque hablaba castellano y éramos amigos de antes. Y vi ese impacto que tiene. Lo visité en Roma y lo visité en Jerusalén. Jerusalén fue más imponente, porque toda la ciudad estaba cerrada, todo el mundo hablando del tema. Eso hace que, en ese choque de las diferencias, uno aprenda del otro. No es solamente leer o escuchar: "Mirá, en Argentina hay armonía". No. En Argentina conviven de verdad. Nuestra misión como argentinos es seguir transmitiendo nuestro mensaje, nuestra idea de que se puede convivir, se puede vivir con diversidad de opiniones, de religiones, pero estar unidos todos. No tolerándonos, como se dice. La tolerancia es una palabra no feliz. Es festejar la diferencia, aplaudirla, aprender del otro. Es una virtud muy grande y las visitas, los viajes, dan esta oportunidad.
Imán, usted hablaba de la islamofobia que no sintió aquí ni usted ni su señora a lo largo de estos diez años y que en el hemisferio norte, concretamente, se siente. Ahora, las últimas elecciones de Estados Unidos demostraron que en el lugar donde más se predica la islamofobia del Gobierno que hoy está al frente de ese país, bueno, las elecciones han demostrado que han ganado con mucha relevancia representantes, gobernadores, de una diversidad en la cual obviamente está su credo. ¿Qué reflexión le genera esto? ¿Hay un cambio? ¿Estamos en el final de una época oscura?
M.G. Creo que entender el mundo es muy difícil, lógicamente. Es un orden-desorden. Fíjate, Jorge, que las dos ciudades más importantes de Occidente, las grandes, tienen alcaldes musulmanes: Londres y Nueva York, en ese momento. Incluso se decía que el primer senador ganó también por la importancia del voto judío. La mayoría de la comunidad judía votó a él en Michigan. Y eso es, creo que para mí, que en ese momento es muy difícil entender al mundo. Porque todos nosotros, después de la Segunda Guerra Mundial y con las Naciones Unidas, con su lema "Nunca más", creamos una referencia para el derecho y la institucionalidad. Y ahora se va como de la ley o la fuerza de la ley y aparece otra vez el concepto de la ley de la fuerza. En ese momento creo que es muy importante tener gestos y decisiones muy claras. En eso sí hay que destacar la importancia porque muchas veces incluso la islamofobia se expresa en nombre de su identidad cristiana, incluso en Argentina, lamentablemente. Hay cada vez más voces que quieren importar ese discurso de que somos un país católico, no queremos a los judíos, no queremos a los musulmanes. Y ahí creo que es importante que ellos reflexionen: los referentes de su cristianismo no tienen esa postura de volver a las cruzadas. Todo lo contrario, justamente buscan esa reconciliación, esta unión a través de la diversidad. Y de eso sí creo que es importante, sea acá, en Europa o en Estados Unidos, mantener las diferencias legítimas, en ese caso teológicas. Pero para mí es importante salir de ese discurso y buscar minorías como chivo expiatorio, sean los judíos o los musulmanes. Y no tomar o expresar el odio por quizás ciertas críticas al Estado de Israel, que pueden ser legítimas, para luego convertirlas en un blanco contra los judíos o, en nuestro caso, contra los musulmanes.
Impresionante cómo el alemán musulmán no solamente maneja la sintaxis en español, sino que al mismo tiempo comprende la realidad argentina también. Se nos acaba el programa, nos queda un minuto, y yo le voy a pedir al padre Fabián Báez que use el tiempo que le parezca para dejar un mensaje final representando a la Iglesia católica.
F.B. Yo no me animaría a representar a la Iglesia católica así, pero sí quiero retomar algo que salió en esta mesa y que tiene que ver con el lema de esta visita: "Bienvenidos todos, vayan y anuncien". Y cómo no pensar en eso que le gustaba tanto repetir al papa Francisco, sobre todo al final de su vida: esto de que en la Iglesia y en el corazón, en definitiva, tiene que haber lugar para todos. Todos, todos. Ojalá que ese espíritu se haga realidad existencialmente, pero que también luego se convierta en procesos concretos jurídicos, políticos, sociales, estructuras religiosas y de todo tipo, en los medios, que seamos un país para todos. Que todos, sobre todo los que tienen poder de decisión y de transformación, puedan abrirse a ese espíritu. Me anima el lema de la visita papal y, como confío en la obra de Dios, como dice el Evangelio, lo que parece imposible para los hombres, para Dios no es imposible. Así que me fío de esa esperanza.
Padre, rabino, imán, muchas gracias por permitirnos darnos el privilegio de tener este cierre del programa, el primer programa antes de la visita del Papa con ustedes aquí. Muchas, muchas gracias. Gracias por el mensaje, tanto oral como por lo que significa esta reunión.
LMM









