Modo Fontevecchia•Entrevista exclusiva

Juan David Nasio con Fontevecchia: “Lo esencial es el amor”

El psiquiatra y escritor argentino, distinguido con el Premio Konex de Platino 2026, habló con Jorge Fontevecchia sobre su trayectoria, la vocación, sus maestros y el vínculo con sus pacientes. A los 84 años, sostiene que el amor es la clave de la salud mental y física.

Juan David Nasio con Fontevecchia: “Lo esencial es el amor”
Juan David Nasio en dialogo con Modo Fontevecchia. | Cedoc
Hoy 18:34

Juan David Nasio es uno de los referentes más reconocidos del psicoanálisis contemporáneo. Psiquiatra, psicoanalista y escritor argentino radicado en Francia, dedicó buena parte de su trayectoria a la enseñanza y a la divulgación de la obra de Jacques Lacan. Con 37 libros publicados y traducciones a numerosos idiomas, fue distinguido recientemente con el Premio Konex de Platino 2026 en Psicoanálisis. Durante su visita a la Argentina, conversó con Jorge Fontevecchia sobre su recorrido profesional, sus maestros, el vínculo con sus pacientes y las claves de una vida dedicada al conocimiento.

En una entrevista en Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), Nasio repasó sus más de seis décadas de ejercicio profesional y reflexionó sobre la vocación, el éxito y la importancia de mantener la humildad a pesar de los reconocimientos. A sus 84 años, continúa trabajando 16 horas por día entre consultas y escritura, y sostiene que existe un principio que atraviesa tanto su vida personal como su profesión.

Juan David Nasio es un destacado psiquiatra, psicoanalista y escritor argentino radicado en Francia, reconocido como uno de los máximos referentes del psicoanálisis contemporáneo por su labor de divulgación y traducción de la obra de Jacques Lacan. Dictó clases durante tres décadas en la Universidad de la Sorbona, en París. Recientemente fue galardonado con el Premio Konex de Platino 2026 en Psicoanálisis, consolidando su estatus como uno de los máximos exponentes vivientes de la disciplina a nivel global.

Además, como lo presentó el locutor, es el traductor oficial al español de Lacan, nada menos. Juan David Nasio, para dar una dimensión, tiene 14 libros traducidos al coreano, 9 libros traducidos al italiano, 7 libros traducidos al chino, 6 libros traducidos al inglés, 6 libros traducidos al persa, 5 libros traducidos al turco, 3 libros traducidos al alemán, 3 al japonés, al griego, al ruso, al rumano y al danés. Es un honor tenerlo acá, doctor Juan David Nasio. Primero, felicitaciones por el Premio Konex de Platino, muy, muy merecido. Y aprovechando su visita a la Argentina, quiero que nos cuente un poco de su último libro, Clara, la bebé que vuelve a la vida y otras historias.

Lo quiero mucho a ese libro. Primero que nada, quiero decirles que estoy muy contento de estar aquí y ser recibido por Fontevecchia. Yo no conozco mucho la Argentina y, cuando llego acá y me dicen: "Fontevecchia te va a entrevistar", todo el mundo levanta los ojos diciendo "Fontevecchia". Así que, primero que nada, estoy muy contento de estar aquí, en su casa y en este escenario, y poder hablar con los televidentes que nos siguen. Respondo muy rápido. Efectivamente, tengo 37 libros escritos, 27 en francés y 10 en español que no han sido traducidos. Digo esto porque no es para fanfarronear, es lo que me ocurrió en la vida. Y en la vida uno hace... Yo tengo un principio, quiero comentárselo a usted y a los telespectadores. He llegado muy alto, tanto en Francia como en Argentina. Acabo de recibir el Premio Konex de Platino. Y hay gente que me dice: "Pero, doctor, ¿cómo ha hecho?". Y yo le digo: "Yo soy muy trabajador, trabajo mucho, trabajo 16 horas por día". Me levanto a las 6, empiezo a las 7 y trabajo desde las 7 hasta las 10 u 11 de la noche. A veces recibo pacientes y a veces trabajo en la escritura. Pero la idea que me anima, la filosofía que me anima, la sabiduría que me anima y que quiero transmitirle es que yo me ocupo de hacer bien lo que tengo que hacer, sin estar pensando en el éxito. El éxito, en mi experiencia, viene por añadidura. Todas las veces que he tenido una recompensa, he estado sorprendido. Por ejemplo, lo del Konex de Platino me sorprendió. Yo no sabía que iba a poder recibir eso.

He recibido las más altas distinciones, después de recibir la Legión de Honor, Oficial de las Artes y las Letras, Oficial de la Orden del Mérito. Es decir, ha recibido... Tiene una colección, una biblioteca entera de premios.

Es terrible. Me encuentro en la situación de aquel que ha recibido muchos honores, sobre todo en Francia, donde los honores son muy cuidadosos, muy especialmente solemnes. Y debo decir que recibir el grado de Oficial de la Legión de Honor, Oficial de Artes y Letras y Oficial del Mérito... Realmente no hay psiquiatras franceses que tengan tantas distinciones. Y quiero decirle con esto dos cosas. Primero, que cuando recibo una condecoración, me sorprendo. Es como si yo estuviera con la cabeza abajo, trabajando, y de pronto me tocan la espalda y me dicen: "Tiene un premio". Levanto la cabeza y estoy contento, por supuesto. Pero no es que yo busque el premio. Esto es para los jóvenes que nos están mirando...

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El éxito es una consecuencia.

Exacto. Viene por añadidura.

Tomando decisiones que no necesariamente, y muchas veces, puedan ir en contra de la búsqueda a priori de lo que se supone que sería el camino del éxito.

Claro. Cuando yo fui a Francia en el año 1969, señor Fontevecchia, no fui para ser famoso, para escribir libros o para ganar dinero. Fui para aprender con los grandes maestros de la época, entre ellos, Lacan. Aprendía con ellos y tuve la suerte de ir con una formación psiquiátrica y psicoanalítica muy buena. En aquellos años, la formación médica en la Universidad de Buenos Aires era excelente. Y la formación psiquiátrica la hice con un gran maestro de la psiquiatría argentina, Mauricio Goldenberg. Los franceses se sorprendieron al ver que yo tenía mucho conocimiento de la clínica y que sabía trabajar con los pacientes. Inmediatamente me acogieron con mucho cariño y mucho respeto. Y ahí me di cuenta de que la Argentina me había formado, y me emociona decirlo.

Y cuando vuelva a la Argentina ¿Encuentra que esa capacidad formativa que tenía la Argentina se mantiene?

Yo pienso que esa capacidad formativa de la Argentina... No sé en este momento cómo está la Universidad de Buenos Aires, la Facultad de Medicina. Lo que sí sé es que el mismo espíritu que animó mi formación debe estar presente hoy. De otra manera, probablemente, pero está presente hoy. Y yo me emociono de venir a mi país. Y quiero decirle, Jorge Fontevecchia, que cuando recibo un premio, primero me sorprende. Y segundo, me siento más que nunca argentino. Más que nunca. Más subo, más argentino me siento.

Más sube, más vuelve al origen.

Exacto. Esa es la frase: más subo, más vuelvo a la fuente.

¿Le pasa a usted o es el proceso lógico? ¿Le pasa a usted solamente o es el proceso lógico de que toda persona, subiendo la escalera, finalmente se encuentra con el comienzo?

En todo caso, hay una humildad. Para mí, si usted me dice: "Doctor Nasio, ¿cuál es su secreto?", mi secreto es que no se me suban los humos a la cabeza. Mi secreto es mi humildad, mi generosidad, que es fundamentalmente argentina. Yo soy rosarino.

Y además, también ciudadano ilustre de Rosario, entre múltiples distinciones. Usted sabe, doctor Nasio, a mí me toca recibir a los embajadores cuando vienen y se van. En todos los diarios sucede eso, ¿no? No es una prerrogativa nuestra. Y recuerdo a un embajador francés... Cuento siempre esta anécdota. Se me ocurrió decirle: "Bienvenido, embajador, al país más francés después de Francia. Aquí se enseña Lacan de grado, en su país de posgrado, y aquí Foucault es el filósofo contemporáneo más importante estudiado". Y este me dijo: "Sí, sí, sí, Francia, pero Francia del 68", me dice. ¿Qué sensación tiene de que haya una similitud, de que usted se haya ido y haya sido tan bien recibido en Francia, porque al mismo tiempo hay puntos de contacto entre la Argentina y Francia superiores a la distancia geográfica que nos separa?

Bueno, los argentinos hemos sido siempre amorosos de la cultura inglesa y francesa. La inglesa también.

Borges decía que los argentinos eran italianos que hablaban español, educados por los ingleses y que querían ser franceses.

Así es. Veo que tenemos la foto de Lacan. Yo hubiera querido, lástima que no hablamos antes, la foto de otros maestros argentinos como Pichon-Rivière, Bleger...

Vamos a colocar a Pichon-Rivière y a Bleger, ya lo buscamos y lo colocamos.

Bueno, Dolto. Es decir, tengo la suerte de haber sido formado desde el inicio con grandes maestros. Lacan es un maestro particular porque es muy conocido mundialmente, pero en realidad no es el único. Por eso, yo fui formado por Lacan y por otros maestros. Ahora, Jorge Fontevecchia, tengo 62 años de oficio. Empecé cuando tenía 22 años. Yo le voy a decir la fecha exacta: el primer paciente que recibí en privado, no en el hospital, fue el 8 de enero de 1965. Estamos a 61 años y medio. Ahora, debo decirle que solo hace 10 años entendí que ahí están dos tipos de maestros. Están los maestros que nos enseñan desde afuera, como Pichon-Rivière, como Lacan, como Bleger y otros. Pero están los pacientes, que son mis maestros íntimos. Yo los llamo los maestros íntimos. ¿Por qué? Porque cuando yo tengo un paciente delante de mí, me hace pensar en mí, me hace sentir, me enseña, me aprende. Me digo: "Ah, ahora entiendo cómo funciona la relación de esta mujer con el hombre". Y aprendo algo de lo femenino. Entonces me dije: "Pero yo hablo de mis maestros, pero el maestro íntimo, el más íntimo, es el paciente".

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Usted combate abiertamente la postura del analista que se limita a escuchar en silencio, frío, distante. Me gustaría que compartiera con nuestra audiencia por qué y qué es lo que usted recomienda.

No, yo soy un psicoanalista activo, presente. Ya con todo lo que le digo, se imagina que cuando recibo un paciente, la primera condición fundamental para un terapeuta es tener ganas de ir hacia adentro, ganas de entrar en el paciente, ganas de sentir lo que él siente. Y preciso: esto es muy sutil. Yo quiero sentir cómo él se siente a sí mismo. No solo quiero sentir la emoción, pongamos la tristeza; quiero sentir cómo él se maltrata y se dice: "Soy un estúpido". Eso es lo que me interesa, porque si yo siento cómo él se critica a sí mismo, por ejemplo, voy a poder trabajar y decirle palabras que puedan corregir esa manera de pensarse negativamente a sí mismo. Entonces, soy muy activo, estoy muy atento. Yo tengo cuatro instrumentos mentales. Usted también tiene instrumentos mentales, Jorge, en su oficio. En mi oficio yo tengo cuatro. Uno: observar. Yo observo, por ejemplo, su corbata. Ya observé su corbata y la observé afuera, en el video donde usted habla de los muros. Entonces, yo digo: "A este hombre le encantan las corbatas, como a mí".

Pero le puedo decir que mi profesión frustrada es la de psicoanalista y creo que, como periodista y entrevistando, hay una entrevista hecha a Javier Milei cuando era candidato que tiene seis horas y otra que tiene tres horas, que era como una sesión de terapia perfecta. Yo decía: "Bueno, este hombre es maravilloso para ser... Es un caso particular".

Ve, esto es una maravilla. Ve, este es un gran maestro, Pichon-Rivière. ¡Qué maravilla! Nació cerca del Chaco, él. Nació en la selva misionera. Y se vino de padres franceses. Y después vino a Buenos Aires. Fue uno de los grandes psiquiatras, psicoanalistas argentinos.

Toda una corriente, además. Dígame, ¿usted sigue tomando pacientes?

Sí.

¿Y cuántas horas le dedica a escribir y cuántas horas le dedica a los pacientes? ¿Cómo divide su tiempo?

Mire, le voy a contar a usted y a los telespectadores que nos están viendo, sobre todo a los jóvenes. A mí lo que me interesa, perdón por los grandes como yo y como usted, que tienen ya una vida hecha, son aquellos que sueñan con una vida y a veces sueñan con irse al extranjero. Yo aconsejo siempre que se vayan al extranjero ya formados, no vayan como estudiantes. Como me pasó a mí: mi experiencia fue que yo fui al extranjero ya siendo psiquiatra, ya teniendo una especialidad. ¿Cómo trabajo? Yo trabajo 16 horas por día, tengo 84 años y tengo la suerte de que, por el momento, la salud me permite hacer eso.

Perdón un minuto que lo interrumpa. ¿Y cuánto cree usted que la salud le permite hacer eso porque eso le gusta?

Claro, es una mezcla. Probablemente tengo 84 años con buena salud porque estoy apasionado por lo que hago.

Exactamente.

Además, si usted me pregunta acá, yo me interrumpo. Si usted me dice: "Bueno, doctor, ya que tiene usted 84 años, ¿qué diría usted? ¿Cuál es su secreto? ¿Por qué tiene 84 años y está hablando como si fuera un joven?". Para mí, lo esencial es el amor. Si uno ama y si uno se siente amado, quiere decir, si uno siente que hay alguien que nos espera, si uno siente que hay alguien que cuenta para nosotros, eso permite vivir mucho tiempo. El amor es para mí la sustancia que permite el sentimiento.

¿Alguien o algo, doctor? ¿Alguien o algo? O sea, por ejemplo, en su caso, el amor por su profesión, el amor por sus pacientes, el amor por el conocimiento.

Sí, por mi señora, por ejemplo.

Además, me preguntaba si ese algo es exclusivamente una persona.

Sí, puede ser una persona, un animal, un oficio. El amor es todo aquello en donde yo me siento comprometido y que me hace hacer.

¿La vocación es amor?

Claro, sí.

¿Y usted siente la vocación como un privilegio, eso que es una voz que llama a algunos, pero no a todos?

Y no sé, pienso que debe haber eso. En todo caso, yo me siento llamado en permanencia.

Y eso obliga, es un don que obliga.

Claro, exacto. Amar a alguien es algo que me empuja a ser. Perdóneme, no lo conozco, pero si usted está acá a su edad, perdóneme, pienso que debe tener sesenta y pico o setenta, es porque alguien lo empuja a estar acá. No puede ser, como a mí. Y eso es alguien, o eso es la pasión por una responsabilidad como la empresa que usted tiene, o bien una persona, una mujer, hijos. En fin, yo pienso que lo esencial de la salud mental y física es el amor.

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¿Cuántas horas dedica a hacer análisis?

Bueno, ahí vengo a las horas: 16 horas por día.

Ese es el total.

Me levanto a las 6, mi primer paciente es a las 7 de la mañana y el día lunes el último paciente es a las 11 de la noche. El martes me levanto a las 6, empiezo a las 7 de la mañana y el último paciente es también a las 10 de la noche. El día miércoles me levanto a las 6, empiezo a las 7, pero ahí es para escribir, y escribo hasta las 6 de la tarde. Y a las 6 tengo pacientes hasta las 10 de la noche, a veces un poco más. El jueves, de nuevo, me levanto a las 6, empiezo a las 7 para escribir y luego, a las 6 de la tarde, tengo pacientes hasta las 10 o 11 de la noche. Y luego el viernes es un día muy especial porque me levanto también, empiezo a las 7 y son pacientes desde las 7 de la mañana, a veces hasta las 12 de la noche. ¿Por qué? Porque tengo llamadas telefónicas, sesiones telefónicas con Israel.

Sí, con pacientes que están distantes.

Están fuera, con Chile, México y Canadá.

Pues yo podría decir que, de los cinco días laborables, usted dedica tres días integralmente a atender pacientes y los otros dos días, un tercio.

No, no. Perdón, lo interrumpo. No, el sábado solo, tranquilo. El domingo trabajo. El domingo no hago 14 horas, el domingo hago 8. Pero para escribir. A las 7 de la mañana, si usted pasa delante de mi consultorio el domingo a las 7 de la mañana, estoy ahí. Haciendo mis libros, mis conferencias.

Entonces, si agregamos, claro, ahí termina equilibrando casi.

Claro, no es paciente. El domingo no hay pacientes.

¿Cuánto entonces los pacientes son una especie de laboratorio de su escritura?

Total. Gracias por decir esa palabra. Efectivamente, mis pacientes, tengo la suerte de tomarlos como un laboratorio. Un laboratorio quiere decir que no estoy desencantado, no estoy acostumbrado, no quiero estar acostumbrado. Yo guardo... Cada uno es único. Yo guardo en mí al niño, quiero ser un niño inocente, quiero que el paciente me sorprenda. Me encanta la sorpresa porque, cuando hay sorpresa, uno aprende. Cuando algo me sorprende, quiere decir que ahí estoy aprendiendo algo nuevo. Entonces, lo que quiero siempre es la sorpresa.

Doctor Juan David Nasio, muchas gracias. Me encantaría seguir conversando, porque ya nos pasamos 10 minutos del tiempo de terminación de nuestro programa. Felicitarlo nuevamente por toda su obra, por todos sus premios, por el de ayer.

Muchas gracias.

LMM

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