Cómo podemos resumir estos primeros dos años de la segunda presidencia de Donald Trump? Trump inventó un mundo producto de su frondosa imaginación. Inventó una ocurrencia cuyo fundamento nunca terminé de entender: las zonas de influencia. Esta es una cuestión central para comprenderlo.
Trump dinamitó el orden occidental tal como lo habíamos conocido e inventó un mundo distinto. Se terminó aquella división del mundo occidental unido por valores, democracias, objetivos e intereses comunes. Detonó su relación con Europa. La detonó con Canadá.
Empezó incluso a dibujar mapas del mundo incorporando territorios de otros países a Estados Unidos. Y construyó esta idea de las zonas de influencia, con una especie de adaptación contemporánea de la Doctrina Monroe. América para los americanos. Europa para los rusos. Y que los chinos se ocupen de Taiwán, Japón, Australia y el Indo-Pacífico. Incluso terminó aliado con Vladimir Putin, que al mismo tiempo es aliado de Irán. Una cosa bastante extraordinaria.
El problema es que, hasta ahora, ese mundo que Trump imaginó fue un fracaso.
Aranceles, Irán y el precio de la energía
Después está su política arancelaria. Otro fracaso. Tenía como propósito complicar a China y terminó agrandándola, salvo quizá en el plano de la inteligencia artificial.
Después se metió en una guerra con Irán y la perdió. Yo puedo estar de acuerdo con una guerra contra Irán. Pero la tenés que ganar.
No podés meterte en una guerra contra lo que queda del régimen de los ayatolás y perderla. Porque esa derrota terminó derivando en una catástrofe económica vinculada con el precio de la energía y con el comercio mundial.
Los barcos empezaron a tener problemas para circular por Hormuz, por Suez, por Panamá y por eso también empieza a aparecer nuevamente el Atlántico Sur. Naturalmente, todo esto terminó impactando en los combustibles. Y para los norteamericanos, que viven arriba del auto, el precio del combustible es una cuestión central. También para los agricultores de Texas o Kansas. Los tipos andan en tractor. ¿Y el tractor con qué funciona? Con gasoil.
Entonces tenemos una primera parte del balance bastante clara:
Su invención mundial de las zonas de influencia fue un fracaso.
Su política arancelaria fue un fracaso.
Su guerra con Irán fue un fracaso. Dinamitaron además las relaciones con Israel y con las monarquías del Golfo, que terminaron siendo atacadas por los iraníes. Y el régimen iraní sobrevivió.
La política migratoria y los encapuchados
Después está su política migratoria. Yo tengo una posición más bien promigratoria, pero puedo entender perfectamente que existan ilegalidades, irregularidades, tráfico de personas y violaciones de la ley. Eso existe. Y hay que resolverlo. Pero se resuelve de manera civilizada. No con encapuchados.
Trump decidió combatir la inmigración ilegal utilizando agentes encapuchados, vehículos sin identificación y procedimientos que terminaron generando un enorme rechazo. Yo nunca imaginé ver algo así en Estados Unidos. Nunca imaginé encapuchados en autos disimulados persiguiendo gente en ciudades norteamericanas.
Eso produjo repudio dentro de Estados Unidos y también en el resto del mundo.
Del poder al ridículo
Después aparece otro fenómeno: El culto a la personalidad. Hemos visto muchos líderes con culto a la personalidad. En Argentina tuvimos ejemplos de sobra. Pero lo de Trump alcanzó niveles realmente extraordinarios: un presidente que se hace estatuas de sí mismo. Como los tipos de Turkmenistán. Cambios de nombres. Salones de baile. Símbolos personales por todos lados.Una cantidad de cosas disparatadas.
Este culto a la personalidad empezó a convertirse en algo ridículo y del ridículo es muy difícil volver.
Al mismo tiempo, comenzaron a mezclarse cada vez más los negocios personales de Trump, los de su familia, los de sus hijos y los de la Organización Trump con la política exterior de Estados Unidos. Y ahí aparece un personaje central: Jared Kushner.
¿Cómo consiguió un fondo de alrededor de 6.000 millones de dólares?
¿Por qué los países árabes colocaron miles de millones de dólares en ese fondo?
¿Y por qué, al mismo tiempo, Kushner intervino directamente en negociaciones con Israel, con Irán, con los países del Golfo y con Rusia? Países de los cuales dependen también negocios vinculados con Kushner y con Trump. Es una mezcla completamente opaca. Impresentable.
A eso hay que sumarle los casos de corrupción que han rodeado a Trump, la cuestión de los indultos, el caso Epstein y su pelea permanente con los medios.
Trump también construyó su propio sistema de medios
Su enfrentamiento con la prensa llegó incluso al punto de construir una estructura mediática propia. Probablemente una de las más grandes del mundo. Se armó alrededor de compañías, canales, plataformas y empresarios cercanos un enorme entramado de medios.
Compraron participaciones en TikTok, Canales. CNN. Warner. Paramount. Intervinieron incluso sobre programas históricos como 60 Minutes. Y, sin embargo, miren lo que pasó con las elecciones.
Esto también es interesante para aquellos políticos que creen que comprar medios o periodistas garantiza ganar elecciones. No necesariamente funciona así. Perón decía algo parecido: con todos los medios en contra, ganaba las elecciones.
Un gabinete extraordinario
Después está el equipo de Trump. Realmente asombroso. Empezando por su vicepresidente, J. D. Vance, un hombre que directamente se mueve en ambientes profundamente cuestionadores de la democracia y alrededor de personajes como Nick Fuentes o Peter Thiel.
Marco Rubio aparece completamente desdibujado como secretario de Estado. Porque su lugar terminó ocupado por miembros de la familia Trump. Por Kushner. Por Steve Witkoff, un corredor inmobiliario de Nueva York. Pete Hegseth, un conductor de televisión, terminó al frente del Pentágono. Hasta le cambiaron el nombre a la estructura para llamarla Secretaría de Guerra. Yo le diría Secretaría de Guerra Fracasada, porque cambiar el nombre no alcanzó para derrotar a Irán.
También hay otro personaje menos visible, pero muy importante: Stephen Miller, vicejefe de gabinete. No aparece tanto como Rubio, Kushner, Witkoff o Hegseth. Pero está detrás de buena parte de esta historia.
Estados Unidos se volvió menos confiable
Claro que la gente vota por la economía. Por supuesto. Pero la economía norteamericana también está conectada con todo esto.
Estados Unidos no solamente se metió en problemas económicos derivados del conflicto con Irán. También se convirtió en un país menos confiable para el mundo. Y el mundo empezó a darle la espalda. Una situación que me parece inconcebible.
Ni siquiera ocurrió de esta manera durante el primer mandato de Trump. Ocurrió en este segundo mandato por el grado extraordinario de extravío que tuvo su administración. Por eso me parece comprensible recuperar una frase de Timothy Garton Ash: Los norteamericanos han vuelto a salvar su democracia.
Ahora habrá que ver cómo se comporta Trump. Habrá que ver cómo se levanta, cómo procesa completamente el resultado y qué decide hacer. Hasta ahora tuvo una reacción razonable. Yo, personalmente, no la esperaba y no era el único. Muchísimos analistas, comentaristas, periodistas, encuestas y ciudadanos suponían que Trump iba a desconocer el resultado. Eso, al menos por ahora, no ocurrió.
La democracia ha prevalecido
Si uno mira estos resultados y los contrasta con estos dos años, puede volver a aquella advertencia de Garton Ash sobre la necesidad de preservar la democracia norteamericana.
Ya ocurrió algo parecido después del primer mandato de Trump. Joe Biden asumió después del intento de interrumpir el traspaso del poder y del episodio extraordinario del Capitolio. Y aquel día dijo una frase que probablemente haya sido una de las más importantes de su presidencia: “La democracia ha prevalecido”. Esa es, en definitiva, la cuestión central.
Después de dos años de zonas de influencia, guerras, aranceles, conflictos con aliados, problemas migratorios, culto a la personalidad, negocios familiares y una administración que volvió a Estados Unidos menos confiable, apareció nuevamente un límite.
Un triunfo importante para la democracia.
Y una derrota muy fuerte para Trump.









