La crisis financiera desatada en Paraguay por la quiebra de una entidad bancaria podría tener consecuencias que excedan ampliamente al sistema financiero. Así lo planteó Emiliano Libman, quien advirtió que el episodio tendrá efectos sobre la actividad económica, las empresas y la cadena de pagos. “Es muy difícil que una quiebra de esta magnitud no afecte la cadena de pagos, no cierren empresas, no se frenen un poco, no generen incertidumbre”, señaló el economista de Fundar.
Para explicar la dimensión del fenómeno, Libman propuso una comparación con la crisis del Tequila, antes que con el corralito argentino de 2001. “Se parece más al Tequila que a una quiebra de bancos”, afirmó, al diferenciar los mecanismos y las posibles consecuencias de ambos episodios.
El esquema macroeconómico paraguayo y el riesgo de una crisis sistémica
Uno de los aspectos que destacó Libman fue la estructura macroeconómica de Paraguay. Según explicó, el país cuenta con herramientas institucionales y financieras que podrían contribuir a contener las consecuencias del episodio.
Entre ellas mencionó la existencia de un Banco Central, las metas de inflación, la flexibilidad cambiaria y las reservas internacionales. También destacó la posibilidad de que la autoridad monetaria intervenga como prestamista de última instancia.
“El sistema financiero tiene instrumentos, el Banco Central puede operar como prestamista de última instancia, precisamente porque hay un Banco Central”, explicó.
En ese sentido, consideró que, aunque la actividad económica podría desacelerarse, no necesariamente se repetirá un escenario de colapso como el que atravesó Argentina en 2001. “No creo que colapse Paraguay como colapsó Argentina en el 2001”, sostuvo.
Además, anticipó que podría producirse una reestructuración del sistema bancario, con la posibilidad de que otras entidades absorban parte de las operaciones y los fondos afectados.
Sin embargo, también dejó una advertencia sobre la independencia de los bancos centrales. “La independencia del Banco Central no es independencia solamente del Tesoro, sino también de los intereses financieros concretos de la política y de las empresas y de los bancos”, remarcó.
Cuestionamientos a los controles que debieron evitar el escándalo
Por su parte, Miguel Ponce puso el foco en la responsabilidad de los organismos de supervisión y en las señales que, según se planteó durante el debate, existían antes de que estallara la crisis.
El analista cuestionó que no se hayan tomado medidas frente a las irregularidades que rodeaban el funcionamiento de la entidad financiera. “La solidez se hubiera demostrado si ante la cantidad de elementos que se sabía que iban a ocurrir”, expresó Ponce.
Durante el intercambio, se discutió si las promociones y los beneficios ofrecidos a los ahorristas podían explicar la quiebra. Frente a ese planteo, se aclaró que el problema central estaría vinculado con presuntos delitos en el otorgamiento de créditos y no simplemente con los márgenes concedidos a los usuarios.
Ponce coincidió con esa distinción, pero insistió en que la fortaleza institucional debía haberse manifestado antes del desenlace.
“La solidez, a mi juicio, debería haber actuado u operado de manera tal de evitar este escándalo”, concluyó.
De esta manera, el debate dejó planteados dos interrogantes centrales: cómo contener el impacto económico de la crisis paraguaya y qué mecanismos de control deben fortalecerse para evitar que situaciones similares vuelvan a comprometer al sistema financiero.








