El presidente estadounidense Donald Trump dio un nuevo giro y ayer calificó de “fraudulentas” las elecciones del martes, donde la oposición demócrata ganó en forma apabullante.
“Nuestras elecciones son tan fraudulentas que no tienen ni idea”, dijo el mandatario a los periodistas en el Despacho Oval, al tiempo que denunciaba la “vergonzosa” victoria de un socialista democrático en la contienda por la alcaldía de Los Ángeles.
Su arrebato se produjo apenas dos días después de que los estadounidenses entregaran a los demócratas el control de ambas cámaras del Congreso, en un rotundo rechazo a la presidencia de Trump y al Partido Republicano que él ha transformado a su imagen y semejanza.
Aunque Trump aceptó inicialmente los resultados de las elecciones de mitad de mandato, desde entonces ha exigido que los votos emitidos a favor de dos candidatos minoritarios en la aún indecisa contienda por el Senado de Alaska se le asignen al actual senador republicano, que va por detrás en las encuestas.
Los renovados ataques del presidente contra el proceso electoral contrastan con un panorama político transformado por la aplastante victoria demócrata del martes.
Los demócratas ya tienen asegurado al menos 54 bancas en el Senado, frente a las 44 de los republicanos. Su mayoría en la Cámara de Representantes superó los 250 escaños, la mayor del partido en casi dos décadas.
Después de que Trump advirtiera que usaría su poder de veto para bloquear la legislación demócrata, el líder demócrata del Senado, Chuck Schumer, emitió su propia advertencia.
“Si Donald Trump dedica el próximo año a vetar leyes de sentido común para reducir costos y acabar con la corrupción, estas elecciones parecerán un buen día en comparación con lo que les espera a los republicanos en las elecciones de 2028”, sostuvo Schumer, desafiante.
Los estados en disputa. La contienda electoral de mitad de mandato más reñida que quedaba se libraba en Mississippi, uno de los estados más sólidamente republicanos del país, donde, contra todo pronóstico, un candidato negro de 43 años, Scott Colom, parecía estar a punto de ganar un escaño en el Senado de los Estados Unidos.
Por la tarde, la ventaja de Colom sobre la actual senadora republicana Cindy Hyde-Smith aumentaba a 1724 votos, y solo quedaban unas pocas boletas por contabilizar. El resultado final podría tardar varios días en conocerse.
Colom sería el primer demócrata en ganar una banca en el Senado por ese estado sureño desde 1982, y el primer afroamericano en lograrlo desde 1874.
En Alaska, la demócrata Mary Peltola también se situó ligeramente por delante del resto con el 48,17 por ciento de los votos , seguida por el actual senador republicano Dan Sullivan con el 47,88 por ciento.
El arrebato de Trump en Truth Social se refería a un candidato marginal también llamado Dan Sullivan, a quien los republicanos acusan de ser un “señuelo” destinado a restarle votos a su candidato, y a otro aspirante menor, Gerald Heikes, que está registrado como republicano.
Trump publicó que todos los votos para el “falso” Sullivan y Heikes “deberían ser entregados inmediatamente al verdadero Dan Sullivan”. “¡No hay otra solución justa!”
Haciendo historia. Si Colom gana en Mississippi, se uniría a un grupo de caras nuevas que están derribando barreras raciales y culturales en las elecciones de mitad de mandato.
Keisha Lance Bottoms, tataranieta de una esclava, se convirtió en la primera mujer negra gobernadora de Georgia, y del país.
Y Abdul El-Sayed, de Michigan, derrotó a un aliado de Trump para convertirse en el primer musulmán en ingresar al Senado de los EE.UU.
En las elecciones de mitad de mandato del martes, los demócratas también obtuvieron victorias en territorios políticos donde Trump había sido tan dominante que la oposición prácticamente lo había dado por perdido.
Ahora comienza una nueva etapa donde los demócratas se preparan para ejercer presión sobre el gobierno.








