Para muchos, fue una decisión acertada el regreso de ArteBA a los salones de La Rural porque permite el acceso a un público más amplio sea o no comprador. Para quienes sí lo son, también fue una ventaja porque el recorrido costanero es más un tramo para salir del centro porteño.
Como todos los años, se habla de muy buenas ventas. También, de una apuesta de las galerías importantes –es decir de las que invirtieron unos treinta millones de pesos en alguno de los stand de ubicación estratégica– a exhibir obras de firmas reconocidas y consagradas. Como explicó un galerista a PERFIL, esa estategia no es fortuita, es el síntoma de la inestabilidad económica. Esto es que si bien hay sectores que hace están ganando mucho dinero, en general, en los mismos hay escasos integrantes con espíritu coleccionista o que tome el arte como una inversión. Y para quienes sí lo hacen o se aventuran a apostar al arte cada tanto, una económica volátil los lleva a inclinarse por una obra de un artista que presente poco o escaso riesgo. Es decir, ya habrá tiempo para apostar por artistas emergentes con obras de cinco o siete mil dólares.
Empresarios. En el día de apertura, un empresario de la construcción compró una obra de Antonio Berni, artista de quien ya tiene un cuadro categoría museo. En el stand de la galería Isabel Anchorena, el exbanquero y hoy uno de los de los dueños de, entre otras marcas, Alfajores Havanna, Guillermo Stanley se mostró muy interesado por un cuadro de gran tamaño de Miguel Alfredo D’Arienzo, artista argentino fallecido en septiembre último. Por su parte, de visita por Argentina, Lodovico Rocca –sobrino de Paolo Rocca –y su mujer Adriana Batan, se repartieron entre saludos de bienvenida, y visitas a stands como el del financista y coleccionista Mauro Hertlitzka –con galería propia en Recoleta–donde se detuvo especialmente en La Terraza, un conjunto de cuadros de similar tamaño y colores, del artista argentino Leandro Katz. Por otro lado, en la jornada de apertura, con andar calmo por los stands de ArteBA también estuvo –con su mujer– Jorge Rendo, flamante presidente de Grupo Clarín.
Museos que suman. Las compras que sí se informaron son las que se sellaron por el programa Matching Funds. Así, por el ejemplo, gestioando por su asociación de amigos, el Moderno sumó a su patrimonio diez obras de Benjamín y Felipe Álvarez; Carolina Antich; Sofía Castro, Víctor Florido; Itamar Hartavi, Tomás Maglione, Jimena Travaglio, Juan Valenti, Paola Vega, y Gal Vukusich.
El Malba compró Paraíso, de la artista Adriana Aisenberg. “Esta obra tiene sentido para la Colección Malba no solo porque nos permite reconstruir con más pluralidad la escena argentina de los 80, sino también porque Diana es una figura clave en la formación de muchos artistas jóvenes”, dijo María Amalia García, curadora en jefe de Malba.








