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El dilema estructural del capitalismo tardío

La crisis capitalista moderna afecta a todo el mundo y, según el autor “no es coyuntural, sino demográfica y estructural”. Presión tributaria, desfinanciamiento previsional, longevidad y déficit fiscal, entre varios factores que analiza.

El dilema estructural del capitalismo tardío
30-10-2026 | 21:33

La actual crisis que está afectando fundamentalmente al modelo socioeconómico europeo —y por extensión al del resto del mundo capitalista desarrollado— se enmarca en una raíz que no es coyuntural, sino demográfica y estructural.

El aumento de la esperanza de vida: Los avances en salud y calidad de vida permitieron que la población viva más tiempo, convirtiendo a la jubilación en un derecho percibido como inalienable.

El cambio en la pirámide poblacional: A medida que la población envejece y las tasas de natalidad caen, la proporción entre trabajadores activos (contribuyentes) y jubilados (beneficiarios) se altera profundamente.

El desfinanciamiento previsional: El modelo tradicional de reparto requiere que una masa creciente de jóvenes financie a un número cada vez mayor de adultos mayores. Al invertirse la pirámide, los sistemas de pensiones caen inevitablemente en déficit.

Para sostener la brecha de los sistemas jubilatorios desfinanciados, los Estados han recurrido históricamente a dos vías que erosionan la competitividad y el bienestar general:

Aumento de la presión tributaria: Un mayor nivel de impuestos sobre los sectores productivos y la fuerza laboral activa para cubrir las pensiones.

Déficit fiscal y emisión: Cuando la presión fiscal alcanza un límite sociopolítico, los gobiernos recurren al endeudamiento o a la asistencia monetaria, lo que genera presiones inflacionarias a mediano y largo plazo.

De este modo, el intento de mantener "Estados superprotectores" sin un sustento demográfico real termina perpetuando el estancamiento económico y el atraso de las sociedades.

El impacto de este modelo recae con especial dureza sobre las generaciones más jóvenes, generando un marcado choque intergeneracional:

Incapacidad de inserción y vivienda: El envejecimiento poblacional y la rigidez de los mercados regulados alimentan la crisis habitacional. Los jóvenes se enfrentan a salarios golpeados por impuestos, empleos escasos o precarios y la imposibilidad práctica de acceder a una vivienda propia.

El colapso del contrato social: Las nuevas generaciones perciben que aportan a un sistema del cual difícilmente recibirán los mismos beneficios en el futuro.

El auge de nuevos liderazgos: La frustración ante un Estado superprotector pero ineficiente crea el terreno fértil para el surgimiento de figuras y liderazgos disruptivos. Estos movimientos ponen al descubierto las falacias del asistencialismo estatal, canalizando el descontento de la juventud hacia posturas a favor del libre mercado y la reducción del aparato estatal.

Para canalizar la crisis y evitar un colapso mayor, resulta posible poner en práctica una serie de reformas de fondo en tres ejes de acción:

Reforma previsional realista: Adaptar los marcos legales para elevar la edad de jubilación de manera acorde a las nuevas expectativas de vida, superando las resistencias ideológicas tradicionales.

Reforma impositiva: ante el deterioro de la calidad de vida de los menos favorecidos, a causa de las reformas tendientes a un equilibrio fiscal, cabe la adopción de políticas que, compatibilizando con el rumbo emprendido, atiendan a las reales necesidades de dichos sectores más castigados.

Soluciones habitacionales público-privadas: Fomentar esquemas de cooperación entre el sector público y el privado para incentivar la oferta de vivienda, desregulado el suelo y facilitando el acceso al crédito.

Restablecimiento del orden y firmeza institucional: Ante las protestas de sectores radicalizados o extremistas que buscan bloquear las reformas estructurales, aplicar la ley con determinación para garantizar la gobernabilidad, la libre circulación y la estabilidad requerida para implementar los obligados cambios económicos.

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