A 20 años de su inauguración, Ciudad Cultural Konex recibe más de 300.000 espectadores y ofrece cerca de 500 funciones por año. La diversificación de ingresos y una programación ecléctica fueron claves para consolidar uno de los espacios culturales privados más reconocidos de Buenos Aires.
Cuando Andy Ovsejevich inauguró Ciudad Cultural Konex el proyecto se desprendía de la Fundación Konex que su padre Luis inició en los años 80, con el desafío de transformar una antigua fábrica de aceites abandonada en un espacio cultural de gran escala. El edificio abrió sus puertas en 2004 con el festival Verano Porteño. Luego, con la intervención del arquitecto Clorindo Testa, se inauguró en 2006 con la intención de construir una identidad multidisciplinaria y orientada especialmente a públicos jóvenes.
Tras dos décadas, el proyecto se consolidó en la escena porteña como una organización cultural con un modelo de gestión propio, capaz de combinar programación artística, actividad comercial y sostenibilidad económica. Actualmente, Ciudad Cultural Konex recibe más de 300.000 espectadores anuales y cuenta con una estructura fija de aproximadamente 50 empleados, a los que se suman más de 200 personas contratadas cada mes, entre ellas, artistas, técnicos, personal abocado a tareas de producción y tareas operativas como boletería, accesos, sala, gastronomía, seguridad y limpieza. Desde 2024 es, además, Empresa B certificada por su compromiso con la sostenibilidad e impacto ambiental, social y económico.
El predio cuenta con un Patio con capacidad para hasta 2.380 personas y 1.100 m² al aire libre, y lo complementan otros seis espacios de distintas magnitudes que se adaptan a los formatos de cada evento como la Sala de las Columnas, la Gran Sala, el Auditorio, la Sala Abasto, la Sala Galería, la Antesala, el Patio de Tolvas y el Bar.
Un modelo de negocio basado en la diversificación
Además de la propuesta artística, el Konex se nutre de distintas unidades de negocios, entre ellas alimentos y bebidas, alquiler de espacios para eventos, patrocinios y la propia tiquetera completan el sistema. A este modelo se suman apoyos específicos, como el régimen de Mecenazgo de la Ciudad de Buenos Aires, utilizado para proyectos puntuales.
“La sustentabilidad no depende de que cada proyecto individual sea rentable, sino de que el conjunto pueda sostenerse y permita financiar propuestas que consideramos importantes para nuestra identidad cultural”, explica Andy Ovsejevich, director ejecutivo y alma mater del Konex.
El crecimiento económico también fue de manera gradual. Los ingresos se reinvierten constantemente para mejorar, equipar y habilitar nuevos espacios de acuerdo con las necesidades que surgen de la propia operación. Esa evolución orgánica permitió consolidar una infraestructura que, con el paso del tiempo, se volvió parte central de la propuesta de este icónico rincón de la Ciudad de Buenos Aires.
La evolución del modelo estuvo acompañada por un proceso de profesionalización de la gestión que comenzó con un staff pequeño de menos de 10 personas abocadas a diversas tareas y que se fue ampliando hasta alcanzar el plantel actual. En este camino, Andy Ovsejevich, economista de formación, profundizó su especialización en administración de organizaciones culturales a través del programa Global Fellowship of Arts Management del DeVos Institute durante los años 2013, 2014 y 2015, cuyo presidente es Michael Kaiser, uno de los referentes de gestión cultural a nivel mundial. La estructura actual se organiza en distintas áreas: programación artística -el “core” del negocio-; comunicación y marketing, operaciones, comercial y administración y finanzas.
La sostenibilidad del modelo también está vinculada a una lógica de programación basada en la experimentación permanente en la que conviven diferentes tipos de disciplinas (teatro, danza, música, cine, circo, festivales, etc.) y de géneros (allí conviven el rock, la cumbia, el folclore y el tango; el teatro de texto, el musical y el inmersivo; la ópera, las danzas urbanas y la danza clásica; y los espectáculos infantiles en general, entre otros) de la mano de artistas consagrados y otros emergentes que nutren la agenda cultural del Konex.
El caso del grupo La Bomba de Tiempo es uno de los ejemplos más exitosos de esa estrategia. Nacido también en 2006 como un conjunto de percusión basado en la improvisación con señas, el proyecto se transformó en una de las propuestas emblemáticas del espacio y mantiene su presentación todos los lunes del año.
Una marca cultural que busca salir de su propio espacio
El próximo desafío del Konex es llevar sus contenidos y capacidades de producción a otros puntos del país. La apuesta es desarrollar una nueva división orientada a la producción de contenidos audiovisuales y espectáculos fuera del predio, llevando productos propios —como Konex para chicos, Cumbia Konex, el Festival Experiencia Piazzolla, La Bomba de Tiempo o el festival Danz— a otras ciudades mediante alianzas puntuales con socios estratégicos.
Con esta premisa, el Konex desarrolló Trama, un programa de salidas culturales que invita a descubrir tendencias sobre lo que está pasando en la ciudad de la mano de expertos. Así por ejemplo, se han desarrollado recorridas por lugares históricos de Buenos Aires, salidas teatrales que incluyen luego un espacio de conversación con sus directores y actores o visitas a galerías de arte y talleres de artistas plásticos. También, el Konex está desarrollando una incubadora de emprendimientos de industrias creativas que busca seguir impulsando el talento joven y la innovación, acompañando el desarrollo de nuevas ideas para transformarlos en proyectos culturales originales, sostenibles y de calidad.
La apuesta busca aprovechar aquello que el Konex construyó durante estas dos décadas: contenidos reconocibles, capacidad de producción, conocimiento de públicos y una marca cultural consolidada, combinándolos con las capacidades y recursos de aliados locales.
“Nuestro desafío es encontrar nuevas formas de crecer sin perder aquello que hizo que el proyecto tenga sentido. No se trata de replicar el edificio, sino de llevar nuestros contenidos a otros lugares y trabajar con socios que puedan complementar lo que nosotros sabemos hacer”, señala Ovsejevich.
Desde aquella fábrica de aceites que se transformó en un espacio cultural hasta la organización que hoy recibe cientos de miles de espectadores por año, el recorrido del Konex muestra una premisa que atravesó todo el proyecto: la cultura puede construir un modelo de gestión sostenible cuando la programación artística, la innovación y la estrategia de negocios trabajan como partes de un mismo sistema.











