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Milei, Bolsonaro y el verdadero poder de la mentira en la política

El gobierno argentino, auxiliar de la fuga del brasileño y pieza no menor de una campaña de desinformación global sin precedentes. Santiago Caputo, en la gloria (oculta). Detrás, un Gobierno en crisis.

Milei, Bolsonaro y el verdadero poder de la mentira en la política
Javier Milei, Lula da Silva y Flávio Bolsonaro
Hoy 05:21

Arcana imperii" es una conocida expresión en latín que se traduce como los "misterios del gobierno o los secretos del poder". Merecería integrar la colección de locuciones latinas a las que son afectos en las redes el estratega oficioso Santiago Caputo y sus seguidores de Las Fuerzas del Cielo (ninguna originalidad de parte de los muchachos). La operación de huida de Flavio Bolsonaro de Brasil, al menos en lo referido al capítulo argentino, estuvo destinada a permanecer en algún nivel de secreto oficial. Fuga y misterio, como la composición del gran Astor. No pudo ser.

Las crónicas periodísticas describieron con precisiones el dispositivo de cobertura del que participó el Gobierno, en coordinación con el de los Estados Unidos, para garantizar a Bolsonaro una vía de escape limpia y segura de Brasil. Todos los relatos coincidieron en la presencia en Misiones de Caputo, principal salvaguardia del operativo que, en la Argentina, culminó con la partida a las 0:21 del miércoles de Bolsonaro y familia en un jet privado, desde el aeropuerto internacional de Iguazú con destino final a Miami.

Contra la versión que difundió un sector de la Casa Rosada, el asesor desmintió que hubiera participado de la operación. “Yo estaba jugando al CS en casa no difamen gracias” posteó de un tirón en X en respuesta a una crónica de Nicolás Wiñazki en Clarín (el CS–Counter Strike enfrenta a dos bandos: terroristas vs. antiterroristas). Ante una consulta del periodista Damián Nabot, de La Nación, Caputo negó que hubiera sido identificado durante un control vehicular de la policía provincial: “Ni idea. Misterio”.

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Caputo disfruta de su extraordinario don de ubicuidad, que le permitiría tanto estar frente a su consola de juegos como ante un retén policial en Capioví, al mismo tiempo. Puede aplicarse a su conocida doble condición de prestador de servicios, contratado como asesor del Presidente, y su extendida influencia en áreas estratégicas del Gobierno, como los servicios de inteligencia, de la que dio muestra en Misiones.

Fuente no oficial, Caputo se permite cualquier cosa, como afirmar en su cuenta de X que reconoce a Flavio Bolsonaro como ganador de las elecciones y que el triunfo de Lula es fraudulento, cuestiones sobre las que, al momento de escribir esta nota, el presidente Javier Milei no se había expresado. Si bien el Partido Liberal que llevó como candidato a Bolsonaro, reconoció el triunfo de Lula, será clave el temperamento que adopte Donald Trump, el presidente de los Estados Unidos al que Milei ha subordinado su política exterior.

La huida de Bolsonaro de Brasil y las facilidades ofrecidas por las autoridades argentinas para tal fin -que merecieron el agradecimiento público del candidato a presidente- tienen consecuencias aún difíciles de determinar. En diferentes planos. Sobre Bolsonaro pesaba una prohibición de salida impuesta por un juez del Supremo Tribunal Tribunal brasileño, que lo investiga por presunta evasión y lavado de dinero, al día siguiente de que perdiera las elecciones (una medida que desde el gobierno de ese país no dudaron en calificar de “venganza”, como indicó el analista Marcelo Cantelmi en Clarín). Es aventurado predecir cómo seguirá el estropeado vínculo entre la Argentina y Brasil: durante al menos otro año, Milei deberá convivir con Lula, una relación sin retorno. La justicia federal argentina abrió una investigación sobre eventuales irregularidades en la participación del Gobierno en la fuga. La oposición exige explicaciones sobre ese operativo e impulsa la interpelación en el Congreso del jefe de Gabinete, el canciller y la ministra de Seguridad.

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La huida de Bolsonaro de Brasil tiene una última dimensión, novedosa. Dio lugar a una campaña de desinformación global de la que no se conocen registros, originada en usinas vinculadas al poder en Washington y a la que contribuyó como auxiliar el gobierno argentino. Las versiones sobre la llegada de Bolsonaro a EE.UU. ganaron las portadas de los principales medios del continente el martes, cuando Bolsonaro aún se dirigía por tierra desde Brasilia rumbo a Misiones. Fue una acción distractiva que probablemente relajó los controles en su país. Caputo, ingeniero del caos, se mofó de la pifiada de la prensa. Como dijo Hannah Arendt hace ya más de medio siglo y se confirma en la era de la información: el verdadero poder de la mentira en la política es hacer que nadie crea más en nada.

El escándalo, con todo, ha permitido ocultar en estas horas el mal andar del Gobierno. Cuando falta un año para las elecciones generales, entró en una crisis en varios frentes, a cuál peor. La economía está en un pantano; no consigue avanzar hacia un acuerdo político con sus aliados -antes que eso, no hay una posición unívoca sobre la conveniencia de promover un acuerdo-; el Presidente ha perdido control sobre sí mismo, como quedó en evidencia en su reciente visita a España y con sus amenazas de “quemar en la hoguera” a periodistas críticos; Estados Unidos condicionó su proyecto de endurecimiento de las sanciones a empresas que operen en Malvinas, y enfrenta lo que ya podemos caracterizar como una rebelión: la de Patricia Bullrich.

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