Se acaban de cumplir veinte años desde que Google compró YouTube. Hoy son los dos sitios con más visitas diarias del mundo. Antes de comerse a su competencia, Google intentó vencerlo lanzando Google Video, pero claramente no alcanzó.
Hoy YouTube recibe a un tercio de la población mundial, del cual 33 millones están en la Argentina. En la lucha feroz entre los gigantes digitales, YouTube se defiende del avance de TikTok sobre el televisor y los videos largos, y también de las plataformas de películas que quieren robarles a sus creadores estrella.
El experto en YouTube Guillermo Nanni, quien elabora el informe mensual Streaming de Contenidos de Iberoamérica (SCI), afirma que “YouTube es una especie de microcosmos del ecosistema mediático general”.
En nuestro país, cada vez hay más periodismo en YouTube. Tanto los medios “tradi” como los nativos digitales publican más y tienen más visualizaciones.
Que la audiencia de las marcas periodísticas estén cada vez más mediadas por YouTube es un factor de dependencia. Es un espacio donde pueden ganar algún dinero, pero serán muy sensibles a los vaivenes regulatorios y algorítmicos de YouTube.
PERIODISMO DE ESTATUS
Según los estudios, YouTube atrapa por varios motivos: aprendizaje y resolución de problemas, autosuperación, investigación y validación para comprar, seguir a creadores de contenidos, gestionar el estado de ánimo, y es además una gran feria de conocimiento todista. YouTube no te va a dar un título universitario, pero allí podés aprender más que en cualquier universidad. El ceo de la plataforma, Neal Mohan, dijo que es una “librería audiovisual”.
En el periodismo siempre ha existido una región iconoclasta, en la que se cree que el verdadero periodismo es el escrito, y lo demás es divulgación. Todavía resiste una estratificación de estatus profesional donde los periodistas gráficos ocupan la cúpula de la pirámide, mientras los radiales, televisivos, y de otras plataformas, ocupan los pisos inferiores. Eso viene de la convicción que tienen de que la etapa superior de la inteligencia es la escrita, y no la visual. Y ese prejuicio se lo aplican a YouTube. El “informar visualmente” es subestimado, frente a la lectura.
La plataforma va cambiando sus algoritmos. Si primero la prioridad eran los clicks, luego se enfatizó en el tiempo de reproducción que alcanzaba cada video, y después puso más foco en el historial de los usuarios. Mohan dice que, ahora, “la mejor forma de entender al algoritmo de YouTube es reemplazar la palabra ‘algoritmo’ por la palabra ‘audiencia’”.
PLATAFORMA CONSPIRATIVA
En esta inmensidad de contenidos, la plataforma de videos se ha convertido en una usina de teorías conspirativas y una fábrica de odio. Como en el resto de las plataformas, tras la presión regulatoria, comenzaron a cambiarse las reglas de comunidad y
también el algoritmo empezó a penalizar la visibilidad de las divagaciones increíbles que todavía se pueden encontrar en esa plataforma. En temas de salud, clima, guerras, o de la política nacional en cada país, circulan contenidos de una toxicidad extrema. El presidente de Francia inició un juicio a influencers franceses y estadounidenses los que, sobre todo desde YouTube, aseguraban que su mujer, Brigitte Macron, es un hombre.
En YouTube dicen que los porcentajes de contenido incivil y violento son mínimos, pero que son tan grandes sus números de audiencia que es difícil el control absoluto. Dan el ejemplo de las tarjetas de crédito: son tantos los millones de clientes que la seguridad absoluta frente a los fraudes es imposible.
YouTube es la pantalla principal de todas las batallas culturales. André Janones, quien fue el general digital de Lula da Silva, dice que es el mejor lugar para combatir las fake news. Dice que si en Facebook se llega al país profundo y en X se pelean las minorías intensas, en YouTube el usuario, que además está buscando en forma activa, puede ser retenido el tiempo necesario para explicar algo con una atención real superior a la que suele tener en otras plataformas.
YOUTUBE EN CAMPAÑA
La televisión argentina cumplió el pasado 17 de octubre sus primeros 75 años, pero en YouTube se refundó otra vez con los canales de streaming que nacieron en 2020 (Luzu TV) y 2023 (Olga). En sus formatos se puede reconocer el adn histórico de la televisión argentina, adaptado al torrente digital.
También hay que atender la sensibilidad de los consultores políticos, que tienen olfato para entender cuáles están siendo los medios más influyentes en la sociedad. Por eso, el gasto electoral es un excelente indicador de influencia.
Los datos de las últimas grandes campañas electorales son ilustrativos. En las elecciones presidenciales de Colombia, Perú y Brasil, la mayor inversión en publicidad digital fue a Meta (Facebook, Instagram y Whatsapp), luego a YouTube y búsquedas de Google, y en tercer lugar a
Byte Dance, propietaria de TikTok. YouTube permite a las campañas distribuir los distintos tipos de spots, como hicieron siempre, pero a una audiencia hiperfragmentada. En las elecciones legislativas de esta semana en Estados Unidos, el gasto principal en propaganda digital fue al smart tv y a la consola de videojuegos, la que podría ser una tendencia en América Latina en el futuro.
De a poco, los marcos normativos se van adecuando a estos inmensos elefantes digitales. En Los Ángeles, tanto YouTube como Meta, tras perder un juicio, tuvieron que cambiar su diseño acusados de generar hábitos adictivos para la salud mental de niños, niñas y adolescentes, y tuvieron que pagar indemnizaciones. En Nueva York, YouTube perdió otro juicio relacionado con datos personales también de menores de edad.
El periodismo argentino vive un raro momento en el que el periodista promedio gana menos que la canasta básica total, pero al mismo tiempo hay una explosión de plataformas y canales de comunicación disponibles.
Es una masificación de oportunidades precarias con las que los nuevos periodistas intentan construir su carrera, y los más veteranos se adaptan para continuarla.
Estamos en un proceso de experimentación profesional que, como dijimos varias veces en esta columna, el resultado afectará directamente la calidad de nuestras democracias.










