Hace unos días circuló en las redes un tweet con una frase lapidaria: "Chomsky estaba equivocado". Según su autor, un nuevo estudio demuestra que el cerebro no organiza el lenguaje en árboles gramaticales, como enseñan los libros desde 1957, sino que simplemente predice la palabra siguiente. Igual que ChatGPT.
Conclusión: los humanos somos un algoritmo más simple de lo que creíamos, y la inteligencia artificial, más humana de lo que admitimos.
A las pocas horas llegó la respuesta del bando contrario: eso es literalmente lo que Noam Chomsky dijo siempre. Cuando hablamos, la estructura interna se aplana en una línea de palabras, así que no hay nada nuevo bajo el sol.
Dos certezas absolutas sobre el mismo paper. Conviene leerlo.
Qué dice el estudio
El trabajo existe y es serio. Lo firman Yngwie Nielsen y Morten Christiansen, de la Universidad de Cornell, y salió en enero de 2026 en Nature Human Behaviour, una de las revistas más exigentes del área. Hicieron cuatro experimentos con casi 500 personas y analizaron dos grandes registros: uno de lectura con seguimiento de la mirada y otro de conversaciones telefónicas reales.
La pregunta era sencilla. La lingüística sostiene hace setenta años que el lenguaje se organiza en bloques que encajan unos dentro de otros, como cajas chinas. En "el perro de mi vecino ladra", "de mi vecino" es una caja dentro de "el perro de mi vecino", que a su vez es una caja dentro de la oración. Eso es la jerarquía, y se dibuja como un árbol.
Los investigadores encontraron que, además de esas cajas, guardamos en la memoria trozos lineales que no forman ninguna caja gramatical. Por ejemplo, la secuencia "verbo, preposición, artículo", que comparten frases como "llegó a la" o "habló con él". O fórmulas como "en el medio de la". Ninguna es una unidad completa para la gramática, pero el cerebro las reconoce: la segunda vez que aparecen, se procesan más rápido. A eso se le llama priming, y es la huella de que algo está guardado.
Eso es todo. Y no es poco.
Lo que el primer tweet inventó
El paper no menciona a Chomsky. No dice que la jerarquía no exista: uno de los autores aclaró en una entrevista que "no podemos afirmar que no haya árboles", sino que "hay algo más que árboles". No habla de predecir la palabra siguiente, porque lo que mide es otra cosa: el reconocimiento de lo ya visto. Y no compara nada con ChatGPT. Ni el artículo, ni el comunicado de Cornell, ni los autores en sus entrevistas nombran a la inteligencia artificial.
El salto de "guardamos trozos lineales" a "el cerebro es un predictor de tokens" es del tuitero. Y es un salto con trampa, porque varias investigaciones muestran que los grandes modelos de lenguaje sí aprenden por dentro estructuras gramaticales jerárquicas. Si la comparación sirviera de algo, serviría para lo contrario.
Hay un detalle que el tweet omite y que es el más interesante: los autores dicen que su hallazgo desafía tanto a los seguidores de Chomsky como a sus rivales, los lingüistas de las construcciones. No es una victoria de un bando. Es una incomodidad para todos.
Lo que el segundo tweet estiró
La respuesta chomskiana tiene un punto. Para Chomsky, la gramática interna es jerárquica y no tiene orden; la línea aparece recién al hablar, porque la boca solo puede decir una palabra por vez. Que el habla salga en fila no lo contradice.
Pero el estudio no mira sólo cómo hablamos. Uno de sus análisis es de lectura, es decir, de comprensión, donde no hay nada que aplanar para decir en voz alta. Y lo que se discute no es cómo sale el lenguaje, sino qué guardamos en la memoria. Si esos trozos lineales que cruzan los límites de la gramática están almacenados, hay algo que el modelo de Chomsky no explica. Decir que él "ya lo había dicho" es tan exagerado como decir que estaba equivocado.
La discusión de fondo sigue abierta. Un chomskiano puede argumentar que esos trozos son atajos de uso y no parte del conocimiento gramatical. Los autores, prudentes, lo presentan como una hipótesis: Christiansen admite que "todavía no estamos ahí". Además, todo se hizo en inglés. Falta probarlo en otros idiomas, incluido el nuestro.
Por qué importa fuera de la academia
Para cualquiera que enseñe a leer, el hallazgo tiene sentido. Un lector fluido no descifra palabra por palabra: reconoce trozos que ya vio mil veces. Por eso leer mucho hace leer mejor, y por eso el que lee poco se cansa antes de llegar al final de la oración. Los trozos se aprenden con exposición, y la exposición se llama lectura.
La otra lección es sobre cómo circula la ciencia. Un resultado acotado y prudente se convirtió, en dos tweets, en una revolución y en una obviedad. Las dos versiones tienen algo en común: ninguna requería leer el paper. Y las dos se viralizaron más que el paper.
Ni Chomsky murió, ni el cerebro es ChatGPT. Lo que hay es un estudio que agrega una pieza al rompecabezas. Una pieza valiosa, pero que no entra en un tweet.








