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Infancias, adolescencias y pantallas

Durante las Jornadas organizadas por la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, se abordó el impacto de las tecnologías desde todos los ángulos: consumos culturales, subjetividades, vínculos, IA en la escuela, desigualdades, derechos, etc. Y hubo consensos fundamentales.

Infancias, adolescencias y pantallas
Las pantallas en la vida diaria de las infancias y adolescencias. | Cedoc Perifl
Hoy 16:36

Las Jornadas Infancias, adolescencias y pantallas, organizadas por la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, fueron espacio de intercambio entre investigaciones, experiencias, perspectivas y trayectorias que contribuyeron a reconocer la complejidad de una relación cada vez más significativa en la vida social.

El vínculo entre infancias, adolescencias y pantallas fue abordado desde múltiples dimensiones: las prácticas y los consumos culturales, la construcción de subjetividades, vínculos y experiencias en los entornos digitales; las transformaciones de la educación, la formación docente, las perspectivas y mandatos en relación a la escuela y el modo en que las prácticas vinculadas a las pantallas intervienen en las aulas; los cambios que introduce la inteligencia artificial; las desigualdades en el acceso, la apropiación y las posibilidades de intervención crítica sobre las tecnologías; las estrategias de cuidado y protección de derechos; los debates sobre políticas públicas y regulación de plataformas.

De las múltiples intervenciones que se presentaron en las seis mesas que estructuraron las Jornadas el 21 y 22 de octubre, se desprende el carácter multidimensional de estas relaciones y la necesidad de abordajes interdisciplinarios.


De allí emergen también algunos acuerdos que consideramos fundamentales para orientar las discusiones y las intervenciones futuras.

El primero es la necesidad de sostener una perspectiva que reconozca a niñas, niños y adolescentes como sujetos activos y a los entornos digitales como espacios de ejercicio de derechos.

El enfoque de la ciudadanía digital requiere desarrollar herramientas para comprender críticamente cómo funcionan estos territorios, qué intereses orientan su diseño y de qué manera condicionan nuestras prácticas y relaciones, pero también implica comprender qué buscan, qué encuentran, qué producen y qué sentidos construyen allí las infancias y adolescencias, de modo que las formas de protección no se reduzcan a la prohibición, la vigilancia o la sanción.

Las investigaciones que se presentaron en las Jornadas reafirman la capacidad de niños, niñas y adolescentes de interpretar críticamente sus propias experiencias y el funcionamiento de los entornos digitales.

Que las formas de protección no se reduzcan a la prohibición, la vigilancia o la sanción"

Y reafirman, sobre todo, la necesidad de que cualquier intervención sobre este tema parta de la escucha activa, capaz de comprender la densidad de los modos en que las infancias y adolescencias habitan estos territorios, y de su reconocimiento como sujetos de derecho.

Las expectativas puestas sobre la escuela en términos de acompañamiento, protección, regulación y formación en ciudadanía digital crítica contrastan con la reducción del lugar de la alfabetización mediática y digital en la formación docente, con los cuestionamientos acerca de la legitimidad de la institución escolar y con el desfinanciamiento de la educación pública.

A estas tensiones se suman mandatos contradictorios que oscilan entre la exigencia de innovación tecnológica, la prohibición de las pantallas en las aulas y las resistencias políticas y sociales a que se problematice en las aulas cómo los entornos digitales impactan sobre las subjetividades, los vínculos y las prácticas de las y los estudiantes.

Procesos como el de la Educación Sexual Integral, no obstante, dan cuenta de que la escuela es capaz de interpelar, transformar y contener cuando se construyen condiciones materiales, institucionales, pedagógicas y políticas adecuadas.

Se suman mandatos contradictorios que oscilan entre la exigencia de innovación tecnológica, la prohibición de las pantallas en las aulas y las resistencias políticas y sociales a que se problematice en las aulas cómo los entornos digitales impactan sobre los vínculos"

Estas tensiones no pueden pensarse por fuera de las profundas desigualdades que atraviesan las condiciones en que infancias, adolescencias, familias y escuelas se relacionan con las tecnologías digitales. Desigualdades en el acceso y la apropiación, pero sobre todo en las condiciones materiales para intervenir críticamente sobre su ubicuidad en vidas no solo hiperconectadas, sino, especialmente, atravesadas por mandatos de monetización —incluso del juego—, productividad y disponibilidad permanentes.

La mirada crítica que se desplegó a lo largo de las Jornadas cuestiona también cómo el diseño y las prácticas asociadas a las pantallas resultan funcionales y constitutivas de un modelo de sobreexplotación que, a su vez, restringe las posibilidades colectivas e individuales de lidiar con sus efectos.

En este escenario, es indispensable que el Estado recupere su rol de garante del ejercicio de derechos. Esto exige políticas públicas situadas, territoriales e interdisciplinarias, que partan de las experiencias y necesidades de las personas antes que de las tecnologías o de los mandatos que impone el mercado.

Políticas que reconozcan la autonomía progresiva de niñas, niños y adolescentes, que contemplen la prevención y reparación de riesgos y vulneraciones de derechos, que impulsen la alfabetización digital integral y que sostengan y amplíen los espacios de participación, de producción y circulación de contenidos educativos y culturales. Desde esta perspectiva, soberanía digital supone garantizar las condiciones materiales, educativas y culturales para intervenir en las decisiones sobre el desarrollo, la regulación y los usos de las tecnologías que atraviesan la vida social.

Las empresas que diseñan y gestionan las plataformas se han constituido en actores centrales de poder. Buena parte de las interacciones, los debates y las prácticas que configuran la vida social se desarrollan hoy en un espacio público privatizado, organizado según lógicas e intereses empresariales. Su responsabilidad exige regulaciones que intervengan sobre sus arquitecturas, algoritmos y modelos de negocio.

En particular, sobre los mecanismos que promueven usos compulsivos, la difusión y exposición a contenidos y prácticas que vulneran derechos y la explotación comercial de los datos personales. La protección de niñas, niños y adolescentes y la promoción del ejercicio de derechos exigen establecer obligaciones para las plataformas, mecanismos de transparencia y rendición de cuentas, y medidas de prevención y reparación frente a los daños que producen.

Los debates sobre subjetividades, derechos, desigualdades, educación y regulación que atravesaron las Jornadas ponen de relieve la necesidad de producir y articular perspectivas que permitan comprender estos procesos en su complejidad y delinear estrategias para intervenir sobre ellos. Las relaciones entre infancias, adolescencias y pantallas forman parte de una extensa tradición de investigación y reflexión en las Ciencias de la Comunicación.

Recuperar esa trayectoria y ponerla en diálogo con la diversidad de investigaciones, experiencias y prácticas profesionales que confluyeron en las Jornadas y que impulsan otras instituciones y organizaciones permite avanzar en la construcción colectiva de una agenda de trabajo, con una perspectiva interdisciplinaria y un horizonte de transformación.

Reafirmamos el compromiso de la Carrera de Ciencias de la Comunicación y de la Facultad de Ciencias Sociales de seguir construyendo espacios de articulación que contribuyan a incidir en los debates públicos y en la formulación de políticas. No se trata solamente de comprender las transformaciones de la vida social, sino de intervenir colectivamente para disputar su orientación.

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