La nominación de Aún estoy aquí (I'm Still Here) a los Premios Oscar 2025 despertó un sentimiento de orgullo nacional en Brasil. La película de Walter Salles, que compite en las categorías de Mejor Película y Mejor Película Internacional, movilizó a millones de brasileños que ven en ella una oportunidad para reabrir el debate sobre la dictadura militar (1964-1985), un tema históricamente relegado.
Con casi cuatro millones de espectadores, la cinta generó un fenómeno cultural que traspasa la pantalla. En redes sociales y en las calles, artistas, políticos y ciudadanos, incluido el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, celebran la posibilidad de que Brasil se lleve la estatuilla dorada.
La historia detrás de I'm Still Here
El filme de Walter Salles, protagonizado por Fernanda Torres, retrata la lucha de Eunice Facciolla Paiva por esclarecer el secuestro y desaparición de su esposo, el ex diputado Rubens Paiva, durante la dictadura brasileña.
El crimen, que sigue impune, cobró relevancia en 2012 cuando una Comisión Nacional de la Verdad confirmó que el Estado fue responsable de su desaparición. La película no solo revive esta historia, sino que la conecta con el presente, en un momento en que Brasil investiga la participación de militares en una presunta conspiración golpista. "Esta película también es sobre nuestro presente", señaló Salles, quien ya fue nominado al Oscar con Estación Central (Central do Brasil, 1998).
El impacto de la película en la sociedad brasileña
El éxito de I'm Still Here trascendió la pantalla e impulsó iniciativas en distintos puntos del país. En São Paulo, la tumba de Eunice Paiva, fallecida en 2018, fue incorporada en un recorrido guiado por el cementerio de Araçá, organizado por el proyecto "O que te assombra?" (¿Qué te atormenta?). "Vine a homenajearla porque su lucha sigue siendo un reflejo de nuestro país hoy", expresó Mirella Rabello, una médica de 28 años que dejó flores en su sepultura.
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En Río de Janeiro, la casa donde se filmó la película, basada en un libro del hijo de Rubens Paiva, se convirtió en un punto de visita para turistas. "Viajé desde Brasília para conocer esta casa y registrar su historia para mis nietos. Esta película significa mucho para la memoria de Brasil", afirmó Silvana Andrade, una maestra de 55 años.
A pesar del impacto positivo, sectores de la extrema derecha llamaron a boicotear el filme en redes sociales, en respuesta a la controversia sobre el pasado militar y las recientes investigaciones sobre un supuesto intento de golpe de Estado.
El debate sobre la dictadura y la justicia pendiente
Brasil sigue lidiando con su pasado. A diferencia de otros países de la región, nunca juzgó los crímenes de la dictadura militar, que dejó un saldo de 202 muertos, 232 desaparecidos y miles de víctimas de tortura.
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Una ley de amnistía sancionada en 1979 impidió que los responsables fueran castigados, pero en diciembre pasado, un ministro del Tribunal Supremo dictaminó que la norma no debería incluir la ocultación de cadáveres. En su fallo, citó como referencia I'm Still Here, demostrando cómo el cine puede influir en el debate judicial.
"Hoy Brasil está más sensibilizado sobre la dictadura, gracias a factores que van desde una película hasta las noticias sobre una conspiración militar", aseguró Eugenia Gonzaga, presidenta de la Comisión de Muertos y Desaparecidos Políticos.
En una medida histórica, la justicia brasileña ordenó corregir los certificados de defunción de las víctimas de la dictadura para explicitar que murieron a manos del Estado. Entre ellos, el de Rubens Paiva, quien ahora figura como víctima de "persecución sistemática contra disidentes".