Parece que las mujeres estamos con viento en contra después de haber sido protagonistas en todos los ámbitos. Sin embargo, este es el siglo de las mujeres, porque, aun cuando falte mucho, la participación pública en lugares de decisión y como líderesse fue incrementando, hubo avances reales, con más mujeres en el poder y con una destacada labor. Pero la gran crisis de la política amenaza con llevarse puesta esta ola de luchas y conquistas.
Los números en la Argentina no son alentadores. Gracias a la ley de paridad de género en los cuerpos legislativos de casi todo el país (a excepción de Tierra del Fuego y Tucumán), para el período de los años 2023 a 2025, las mujeres representan un 42,8% de la Cámara de Diputados y el 45,8% de la de Senadores. Pero actualmente las 24 provincias son gobernadas por hombres, no hay juezas en las Corte Suprema de Justicia y parecería que el gobierno no desea que esto cambie. Argentina tuvo 151 femicidios en los primeros 6 meses del año que pasó, es decir casi 1 por día, cada 28 horas y hay voces que ponen en cuestión la figura jurídica del femicidio.
Las llamadas “nuevas derechas” que son reacciones a la crisis de la política, del Estado y la democracia, desempolvan viejas ideas que se creían superadas dando lugar a expresiones públicas perimidas. El resultado es que percibimos un retroceso o freno en la política de incorporar mujeres a espacios de decisión.
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Pero, la ola es mucho más fuerte que la contra ola. Lo construido está fermentando. Las mujeres, como los varones, somos muchas y tenemos muchas ideas, muchos feminismos, muchas formas de entender la vida, muchas maneras diferentes de caminar. No somos iguales, justamente a veces nos caracterizamos por esa capacidad de incluir y cobijar. Y aunque hubo en estos años diferencias y descalificaciones que no nos identificaron, sabemos que se consiguieron muchas cosas. Por eso, cuando algo nos hace sentir esa contra-ola, ese viento en contra, nos abre la herida y el temor al retroceso. Este sentimiento nos llevó a fines del año pasado a un grupo de mujeres de diferentes ámbitos a encontrarnos armando una red (Integra) para revisar ese camino hombro con hombro y continuar empujando. En esos encuentros y tantos otros,constatamos que hay muchas redes más.
Nuestro papa Francisco está poniendo su parte. Está nombrando mujeres en lugares impensados. Tres en el Dicasterio para los Obispos, y la Secretaría en la Comisión de Arqueología Sagrada, la del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, la de la Comisión para América Latina y la de la Comisión Bíblica.
No soy ajena a lo que sucedió en la universidad de la que soy parte. La universidad que conozco, de la que participo y que me abrió las puertas al conocimiento. Soy testigo del profundo respeto que fomenta por el desarrollo pleno de la persona, con la individualidad de cada uno, de cada una, donde todos y todas somos bienvenidos y bienvenidas a construir una sociedad que crece, se desarrolla e incluye. Como en toda institución, tiene sus luces y sombras, pero prefiero pararme en sus luces, que son las que me inspiran y sostienen.
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Lo que se escuchó públicamente nada tiene que ver con lo que sentimos y vivimos dentro. Somos parte de la ola de la historia y eso evidenció la incomodidad de todas las mujeres de la universidad, que al final habló más fuerte.
Las crisis ponen a prueba nuestras creencias. Fue muy satisfactorio constatar que la sociedad reaccionó frente a discursos de grieta donde la mujer es afectada. Da esperanza. También es virtuoso el error cuando se lo reconoce y desde allí se construye.
Desde la Escuela de Política y Gobierno, de la Red Nueva Acción Política, y desde todos los lugares en los que me toque participar, continuaré trabajando en ofrecer oportunidades para el debate y el fortalecimiento del liderazgo de las mujeres en el mundo político y social. Porque creo que la tarea de recomponer la confianza en la política y el sentido de pertenencia a una comunidad es una enorme oportunidad para el protagonismo femenino. Cambiar las formas de liderar. Y construir sin distinción de género algo más virtuoso, que conduzca a la Argentina a caminar la senda del desarrollo donde nadie quede afuera. Puede que haya contra ola, pero la ola es imparable y el mundo es mejor cuando estamos todas y todos.
* Directora de la Escuela de Política y Gobierno, UCA y presidente de Red NAP