Un pequeño pedazo de ti
Una pequeña pieza en mí morirá
(Esto podría ser un milagro)
Porque esto no es América
David Bowie/Pat Metheny
Antes de su forzada actualidad, lo más cercano que habíamos visto aquí sobre Groenlandia era un capítulo de No Reservations con Anthony Bourdain compartiendo un festín sangriento en el piso de la cocina de una familia inuit, los aborígenes que pueblan el Ártico (aunque la cena con plato principal de foca cruda recién cazada era en realidad en Inukjuak, en la región de Nunavik, Canadá). Otras novedades de Groenlandia venían en algún capítulo de la elogiada serie danesa Borgen, y su intrépida heroína, la primera ministra Birgitte Nyborg, protagonizada por Sidse Babett Knudsen.
Desde hace un tiempo (2019) sabemos también que Donald Trump prevé que los Estados Unidos se hagan del control de Groenlandia por cuestiones de “seguridad nacional”. Y, desde la semana pasada, que será “por las buenas o por las malas”. “Si no lo hacemos nosotros, Rusia y China tomarán Groenlandia. Y no vamos a tener a Rusia y a China como vecinos”, insistió Trump durante un encuentro con ejecutivos de las principales petroleras del mundo (aunque Rusia ya lo es en el Ártico).
Trump o su secretario de Estado, Marco Rubio, figura ascendente de su Gobierno tras la captura del venezolano Nicolás Maduro, se reunirán esta semana con autoridades de Dinamarca para discutir sobre este asunto. Groenlandia es la nación que ocupa la gigantesca isla de 2,1 millones de km2 de superficie (aproximadamente dos tercios de la Argentina continental) en el noreste de América del Norte, rica en recursos minerales e hidrocarburos, parte integrante del reino de Dinamarca. Goza de una autonomía limitada respecto de Copenhague, que controla sus relaciones exteriores y su defensa.
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Estados Unidos ocupó la isla en 1940, tras la invasión de Dinamarca por la Alemania nazi. Se retiró en 1945, pero mantiene la base militar de Pituffik (llegó a tener diez en el territorio), la más septentrional de las bases norteamericanas, considerada un factor estratégico crítico para la vigilancia y el dominio espacial. Desde allí monitorea el eventual lanzamiento y la trayectoria de misiles balísticos intercontinentales provenientes de Rusia o de China con objetivos en los Estados Unidos continentales. Se puede entender mejor esto leyendo Guerra Nuclear: Un escenario, el libro de la periodista Annie Jacobsen.
No es la primera vez que la Casa Blanca intenta anexar Groenlandia. Pero Trump ha llegado más lejos que nadie al plantear la acción militar, alternativa que amenaza con hacer implosionar a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), de la que es miembro Dinamarca y EE.UU. es parte esencial. En el caso de una ocupación militar estadounidense, “todo terminaría, incluida nuestra OTAN y, por lo tanto, la seguridad establecida desde el fin de la Segunda Guerra Mundial”, viene advirtiendo la joven primera ministra socialdemócrata danesa Mette Frederiksen.
La OTAN y Groenlandia anunciaron este lunes su voluntad de cooperación para reforzar la defensa de la isla. Difícilmente disuadan a Trump de sus planes.

Una cuestión inquietante, si invertimos el planisferio: ¿qué ocurriría si Trump decidiera ocupar las Islas Malvinas?, se preguntaron un grupo de analistas reunidos por el canal británico de noticias Sky News, sobre la lógica de control excluyente del llamado “hemisferio occidental”, o “corolario Trump” para la doctrina Monroe hecho público recientemente por la Casa Blanca. ¿Y si esa misma hipótesis se trasladara a la porción de la Antártida que administra y sobre la que ejerce soberanía la Argentina?
Trump ahora se declara "presidente interino de Venezuela". “La idea de las ‘líneas rojas’ ya fue; todas son líneas borrosas que cada uno pone donde quiere y puede”, advierte a PERFIL un agudo analista de cuestiones internacionales.
La Fed
Jerome Powell, titular de la Reserva Federal (Fed), vino soportando con toda la elegancia que ha podido el asedio de Trump por una baja drástica de la tasa de interés. El presidente cree que, detrás de su preocupación por el impacto de la suba de aranceles en la inflación, la Fed está frenando la recuperación económica de Estados Unidos.
La noche del domingo, día y horario más que inusual, un agitado Powell informó en un video que recibió una citación del Departamento de Justicia por su reciente testimonio en el Senado sobre importantes obras de remodelación en el histórico edificio de la Reserva Federal en Washington.
Las obras no son menores, en un edificio centenario: tienen un increíble presupuesto de 2.500 millones USD. Powell dijo, sin embargo, que la investigación que enfrenta es un “pretexto”. “La amenaza de cargos penales es una consecuencia de que la Fed fije las tasas de interés basándose en nuestra mejor evaluación de lo que servirá al público, en lugar de seguir las preferencias del presidente”, dijo.
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Trump se había presentado imprevistamente a mediados del año pasado en la sede de la Fed para supervisar las obras. La tensión con Powell se hizo visible durante el recorrido que compartieron. Trump mostró aquella vez cierto regocijo en incomodar a este antiguo inversionista, abogado y licenciado en Ciencias Políticas de origen republicano, próximo a cumplir 73 años. Powell ocupa su cargo desde 2018.
La autonomía de los bancos centrales es un enunciado que no siempre se cumple (miremos aquí al dúo Luis Caputo-Santiago Bausili, si no). Pero en EE.UU., Trump también ha llegado más lejos que nadie. Un grupo de expresidentes de la Fed emitieron este lunes un comunicado condenando la investigación penal contra Powell como “un intento sin precedente de socavar la independencia” del organismo. Firman entre otros el legendario Alan Greenspan, de 99 años, quien condujo la Fed entre 1987 y 2006, bajo cuatro presidencias; además de Ben Bernanke y Jannet Yelen.
Trump, recordemos, lleva adelante su propia remodelación en el ala este de la Casa Blanca, donde se construye un salón de baile de más de ocho mil metros cuadrados. Tiene un presupuesto estimado en 700 millones USD, que sería financiado en su totalidad por aportantes privados de las grandes tecnológicas aliadas a su proyecto, al que cada vez más apropiadamente puede denominarse autocracia.
Minneapolis
Millares de estadounidenses marcharon con esta idea el último fin de semana, en protesta por el asesinato de una ciudadana estadounidense de 37 años, madre de tres hijos, en Minneapolis, en el marco de uno de los operativos de deportaciones masivas de la agencia de inmigración conocida como ICE. Hubo también manifestaciones en ciudades de Texas; en Portland, Washington DC, Nueva York y Seattle, según informó The New York Times.
El viernes las autoridades del estado de Minnesota dijeron que tras un acuerdo inicial para compartir la investigación sobre el crimen de Renee Nicole Good, el FBI impidió que lo hicieran. En las últimas horas Washington desplegó más agentes en el estado, gobernado por el demócrata Tim Walz, con el argumento de proteger a los agentes del ICE. Ya son dos mil, según publicó El País.
En los Estados Unidos se preguntan cómo administrar la indignación. Cómo no normalizar lo intolerable. Esto no es América: a diez años de su muerte, la canción de Bowie tiene más vigencia que nunca.
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Una batalla tras otra acaba de ganar el Globo de Oro como mejor película y mejor guión. Escrita y dirigida por Paul Thomas Anderson, inspirada en Vineland, una novela de Thomas Pynchon de 1990, es un film intenso y magnético. Aunque decepciona su última media hora, ésta incluye una de las mejores persecuciones de la historia del cine.
La película de Anderson lleva la violencia que puede verse en estos días en las calles de Estados Unidos al grotesco. La realidad no parece estar tan lejos. Como recordó una crónica de elDiarioAR sobre la entrega de premios, uno de los personajes de la película recupera una frase perdida de Nina Simone y resume todo: “¿Qué es para mí la libertad? No tener miedo”.
EM/ML