La gigantesca isla de Groenlandia pertenece Dinamarca desde 1721. Constituye un territorio de gran importancia estratégica y económica, ya que, por su ubicación, resulta clave en la disputa por el océano Ártico y el Polo Norte, que involucra a actores de peso como Estados Unidos, Rusia y República Popular China; por otra parte, posee valiosos recursos minerales, energéticos y pesqueros.
Por aquellos motivos, Donald Trump, durante su primera presidencia (2017-2021), expresó su intención de comprar o anexar la gran isla para Estados Unidos, una propuesta que reiteró en la campaña que lo llevó nuevamente a la Casa Blanca el 20 de enero de 2025. Sin embargo, en ambas ocasiones, la respuesta de Dinamarca fue tajante: Groenlandia no estaba en venta.
El interés de Donald Trump no es una novedad, pues en 1946, a poco de iniciada la Guerra Fría (1945-1991), el presidente Harry Truman intentó, sin éxito, comprar Groenlandia a Dinamarca por US$ 100 millones para servir de plataforma defensiva ante la Unión Soviética.
Si bien la pretendida adquisición de la isla no se concretó, Estados Unidos pudo establecer allí estaciones meteorológicas y, para apoyar la estrategia de disuasión, la Base Aérea de Thule (1951), actual centro de defensa aeroespacial de Pituffik.
Las discusiones por transacciones territoriales entre Estados Unidos y Dinamarca tienen un antecedente, pero en otra región bien distinta de América. Nos referimos al caso emblemático de las Islas Vírgenes de los Estados Unidos, un archipiélago ubicado en el Mar Caribe, al este de Puerto Rico.
Este conjunto de islas, que forma parte de las Pequeñas Antillas e Islas de Barlovento, comparte la región con las Islas Vírgenes Británicas y ha sido objeto de interés geopolítico desde hace siglos.
Las Islas Vírgenes de los Estados Unidos están compuestas por tres islas principales: Saint Thomas (donde se encuentra la capital, Charlotte Amalie), Saint John y Saint Croix, más otras islas menores.
Originalmente habitadas por diferentes pueblos aborígenes (arawacs, caribes, taínos), fueron descubiertas en 1493 por Cristóbal Colón, quien las bautizó como Islas de las Once Mil Vírgenes, en recuerdo de la leyenda medieval de Santa Úrsula y las Once Mil Vírgenes.
En 1666, Dinamarca colonizó Saint Thomas, y en 1672 se instaló allí la Compañía Danesa de las Indias Occidentales y Guinea. Esta institución comercial luego ocupó Saint John (1718) y Saint Croix (1735). Esas tres islas fueron conocidas como Islas Vírgenes Danesas, Antillas Danesas e Indias Occidentales Danesas. En 1755 finalizó la gestión de la Compañía y se convirtieron en colonias de Dinamarca.
Durante las Guerras de la Revolución Francesa y del Imperio Napoleónico (1789-1815), fueron ocupadas dos veces por el Reino Unido, y en 1815 fueron devueltas a Dinamarca, que las conservó hasta 1917.
Dinamarca impulsó en sus Antillas la explotación económica (caña de azúcar, algodón, tabaco, madera) y un intenso comercio de esclavos. La abolición de la esclavitud en 1848 afectó la industria azucarera, e inició la decadencia de las islas hasta hacerlas económicamente inviables.
Desde 1898, Estados Unidos es la potencia dominante en el Caribe y Centroamérica. Había incorporado Cuba y Puerto Rico a su esfera de influencia y construyó el Canal de Panamá, que permaneció bajo su control y administración (hasta 1999). Dicha preeminencia se vio afectada a principios de 1917, en plena Primera Guerra Mundial (1914-1918), cuando Alemania declaró la guerra submarina irrestricta y se conoció el Telegrama Zimmermann, que ofrecía a México entrar en la guerra junto a Alemania a cambio de ayuda para recuperar Arizona, Nuevo México y Texas.
La amenaza naval alemana y el peligro de un frente de guerra en la frontera sur impulsaron al presidente Woodrow Wilson (1913-1921) a fortalecer el control del Caribe y Canal de Panamá. Para ello, se decidió adquirir las Islas Vírgenes Danesas, las cuales, según el contraalmirante Alfred Thayer Mahan (1840-1914), dominaban los accesos a las rutas procedentes de Europa.
Así, el 17 de enero de 1917, Estados Unidos compró las Islas Vírgenes Danesas por US$ 25 millones y el 31 de marzo del mismo año las ocupó de manera efectiva, pasando a denominarse Islas Vírgenes de los Estados Unidos.
Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) integraron el Comando de la Frontera Marítima del Caribe y se utilizaron para combatir a los submarinos alemanes que operaron en el Caribe entre 1942 y 1944. En la Guerra Fría, contribuyeron a la defensa continental ante la alianza comunista soviética-cubana.
Hoy, en tiempos de intensa competencia global por los océanos, las Islas Vírgenes de los Estados Unidos podrían apoyar la estrategia de contención a la República Popular China en el Caribe, Canal de Panamá y Golfo de México, a fin de mantener la influencia estadounidense en aquellas vitales áreas del continente americano.
Si bien el caso de las Islas Vírgenes marcó un antecedente relevante de adquisición territorial mediante la compra de territorio danés, la situación con Groenlandia demuestra que estas estrategias no siempre son viables. En el contexto actual, los intentos de Estados Unidos por fortalecer su posición geopolítica en las cada vez más sensibles regiones del Ártico y Polo Norte parecen enfrentar mayores resistencias que en el pasado.