La acción comienza con la entrada de SWAT, como si fueran detrás de un grupo de terroristas, en un domicilio familiar para detener a Jamie Miller, el hijo adolescente de 13 años, acusado de asesinar a sangre fría a una compañera de la escuela.
Jamie asegura que él no fue, y esa, me parece, es la espina dorsal de la serie Adolescencia. Si mató a una chica de su misma edad,¿fue solo él o su acto es la metáfora de otras responsabilidades asociadas, de un sistema que sigue construyendo violencias masculinas? ¿Cómo se constituye la subjetividad de un adolescente?
La familia, la sociedad y sus instituciones fallidas, sumados a los efectos de las ideologías que se imponen desde las redes sociales, detonaron esa tragedia. Jamie es un preadolescente en desarrollo, condicionado por las influencias externas, atravesado por el discurso de la normalización de la violencia, los mensajes de odio y la masculinidad tóxica, y eso nunca es sin consecuencias.
La entrada en la etapa adolescente es a puro intento. Se intenta una exogamia, una salida del hogar y de las autoridades paternas, ensayos con aciertos y errores. Intentos que son la manera en la que el adolescente se va a ir poniendo a prueba a sí mismo y poniendo a prueba a sus adultos de crianza, buscando un lugar afuera, para finalmente formar una personalidad autónoma y poder independizarse.
Muchas transgresiones y actos impulsivos son el producto de estos ensayos, de la puesta a prueba, de las dificultades que hay que sortear para comprender qué está bien y qué no. Tiempo del recambio de la caparazón, como señaló la psicoanalista Françoise Dolto, del pasaje de la contención familiar, en el mejor de los casos, al autocuidado. Pero en esa transición, hay demasiados riesgos.
Jamie, como la mayor parte de la sociedad actual, termina pasando demasiado tiempo delante de la pantalla. Exceso de información que no forma. Y además, no es lo mismo el efecto de la información que se recibe siendo un adulto que para un chico en formación, como por ejemplo la ideología y el adoctrinamiento de los grupos que promocionan la Machosfera, embanderados en la defensa de una identidad masculina a la que consideran amenazada por el discurso del feminismo y que por lo tanto salen al rescate del patriarcado y suman adscriptos a ese discurso que, como sabemos, no solo se trata de un discurso ya que muchas veces determinan acciones, diversas violencias, desde sutiles hasta femicidios.
El impacto psicológico en Eddie y Manda, los padres del jóven acusado de asesinato, es conmovedor. Se cuestionan qué es lo que hicieron mal en la educación de su hijo. Son padres que antes de la tragedia pensaban que Jamie estaba bien. Pero como dice la canción I'm Not In Love de Charly García: “Cuando la gente dice que estoy bien, no pueden ver debajo de mi piel. Sólo lo hacen por comodidad”.
En el silencio del hijo, en su soledad, en el encierro frente a la pantalla, se estaba gestando el horror. Mensajes tóxicos, ciberbullying, ideologías nocivas que se instalan desde el mundo virtual y que van horadando la salud emocional del preadolescente...
Mientras los padres fluían por la vida cotidiana, todo iba sucediendo de manera silenciosa. ¿Quién cría hoy? ¿Alcanza el discurso familiar? ¿Quién contiene? ¿Quiénes son los faros, los modelos, los mensajes que un chico recibe para orientar su desarrollo? No es casual que se haya viralizado tan rápidamente, más allá de la genialidad, en cómo está filmada, en ese modo plano secuencia que te mete dentro de la acción, que te incluye y te moviliza mucho más, Adolescencia es una serie que interpela a los adultos que están perdidos y más ante los nuevos códigos adolescentes.
En el segundo capítulo hay otro momento bisagra, cuando el desorientado inspector Luke Bascombe, un padre que también tiene muchas dificultades para ejercer la paternidad, tiene una charla con su hijo, que va al mismo colegio que Jamie, quien le cuenta que la chica asesinada le hacía bullying al luego acusado del asesinato. Y lo instruye, le explica que el maltrato hacia el protagonista estaba asociado al concepto de "Incel", abreviatura de "celibe involuntario".
Los "incels" son hombres heterosexuales que culpabilizan a las mujeres por su falta de éxito en las relaciones, porque se sienten excluidos de relaciones sexoafectivas. Y le aclara que al 80% de las mujeres le atraen el 20% de los hombres. Y que por lo tanto hay que engañarlas, porque de lo contrario nunca se conseguirían de manera natural, sentencia el hijo de inspector.
Estamos en un tiempo transicional, el feminismo sigue interpelando el viejo modelo masculino, ¿pero cuál es el nuevo? ¿Cómo habitar el mundo de hoy como varón? Ante la duda y el vacío de sentido, hay jóvenes como Jamie, catalogado y etiquetado en las redes sociales como incel, que se van llenando de frustraciones, de odios, de sensaciones que luego serán determinantes en su modo de ser y actuar.
Somos sujetos de una época, enseña Lacan. ¿Qué sujetos constituye este tiempo? ¿Cómo se constituye este niño en su masculinidad? En la adolescencia se juega la autonomía, la exogamia paulatina para el armado de una identidad, que incluye la sexualidad. ¿Cómo afrontar la sexualidad, la autopercepción, el encuentro con los pares, con el otro sexo? ¿Cómo ser varón heterosexual en este tiempo? Hay miedo, miedo en el ser y en el hacer. ¿Y cómo alojar ese sufrimiento de algunos varones?
Jamie expresa una impotencia profunda, estructural. Siente que no es atractivo. Interpela a la psicóloga forense, se desborda porque busca contención. ¿Soy atractivo, deseado? ¿Qué soy para el Otro? La desorientada profesional, como tantos adultos, aborda al joven desde el patrón, desde el prejuicio, busca en el árbol genealógico familiar, un padre violento, un abuelo, un abuso. Busca lo que supone. No encuentra nada. Es que hay tanto vacío de respuestas, que las respuestas que aparecen pueden ser atroces.
Según la trama de la serie, a Jamie finalmente no le queda más recurso que demostrar a los otros hombres, compañeros, su potencia, y entonces pasa de la impotencia sexual a la violencia asesina. Y la serie deja sabor a incertidumbre. ¿Cómo es posible que haya sucedido esto?
Como muchas veces nos preguntamos luego de un crimen. La única certeza es el femicidio, una vez más, en la ficción como en la vida real, una mujer, en este caso casi una niña, asesinada. Pero Jamie dice todo el tiempo “Yo no fui”. Deberíamos leer entre líneas. Cuando dice “Yo no fui”, quiere decir que no fue solo él el responsable. Cuando un chico en formación comete un femicidio, no se trata de un acto aislado, responde a mandatos del patriarcado que sigue construyendo masculinidades violentas.