En una entrevista en conjunto por Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190) y Radio JAI (FM 96.3) en el Día de la Memoria, el gral. Martín Balza y Ricardo Alfonsín conversaron sobre el rol del expresidente Raúl Alfonsín en el retorno de la democracia, el Juicio a las Juntas Militares y las consideraciones del actual Gobierno sobre la dictadura militar de 1976.
Martín Balza es un militar veterano de la guerra de Malvinas, retirado con el grado de teniente general. Fue jefe del Estado Mayor General del Ejército (1991-1999) durante el gobierno de Carlos Menem. Más tarde, ocupó el cargo de embajador en Colombia (2003-2011), designado por Néstor Kirchner, y embajador en Costa Rica (2012-2016), nombrado por Cristina Fernández de Kirchner. Pasó a la historia como el primer militar que hizo una autocrítica pública en nombre del Ejército por las violaciones a los derechos humanos durante el gobierno de las Fuerzas Armadas en la última dictadura. Fue en el programa periodístico Tiempo Nuevo, conducido por Bernardo Neustadt en 1995.
Ricardo Alfonsín, dirigente político e hijo de Raúl Alfonsín, el primer presidente elegido democráticamente después de la dictadura militar que gobernó Argentina (1976-1983), fue diputado nacional por la provincia de Buenos Aires (2009-2017) por la Unión Cívica Radical, y candidato a presidente de la Nación en 2011. Fue embajador argentino en España (2020-2023), designado por Alberto Fernández. En agosto pasado, se desafilió de la Unión Cívica Radical y recientemente presentó su candidatura como diputado nacional de la provincia de Buenos Aires, en el marco del nuevo espacio político Frente Amplio por la Democracia.
Me gustaría comenzar con el general Martín Balza por la jerarquía que dan los años y por haber sido el número uno del Ejército en el gobierno que sucedió a Alfonsín. ¿Qué le quedó del regreso a la democracia y de la figura de Raúl Alfonsín?
Martín Balza: Fue un hombre que respetó a las Fuerzas Armadas. Asumió las Fuerzas Armadas en un contexto tremendamente difícil porque no se había superado el trauma de Malvinas y no se había superado el trauma de esta lucha lamentable interna que vivimos. Yo no soy político, pero creo que le tocó conducir la transición hacia la democracia más difícil de nuestra historia. Lamentablemente, como ha ocurrido frecuentemente en nuestro país, eso que yo expreso se lo reconocieron después de muerto, porque en su momento tuvo que pasar momentos difíciles, algunos producidos en el mismo Ejército, porque vivíamos unas secuelas no superadas: la más importante fue el tema Malvinas, que no fue superado, y por supuesto las secuelas de la lucha contra la subversión.
Respecto a estas secuelas, un día triste como hoy me permito recordar, y muchos olvidan que la dictadura militar de 1976 fue con la aquiescencia social, con el respaldo social, y eso facilitó que se respondiera a la violencia terrorista de organizaciones armadas terroristas que cometieron grandes crímenes con una represión atroz, que se marginó de todo condicionamiento ético, moral, jurídico y hasta religioso. Entonces, todo eso estaba sin solución cuando asume, en ese contexto tan delicado, el presidente Alfonsín.
Ricardo Alfonsín, es conocido que Martín Balza le ofreció a tu padre refugio en uno de los alzamientos de los Carapintadas en Campo de Mayo y luego fue quien, ya en el gobierno del presidente que lo sucedió, Carlos Menem, los enfrentó directamente y los terminó venciendo. ¿Qué recuerdo te queda de la visión que tenía tu padre de Martín Balza?
Ricardo Alfonsín: Bueno, en primer lugar, Martín, qué gusto saludarte, un abrazo muy grande. Tengo un muy buen recuerdo. Fue un momento muy importante en los momentos más difíciles de aquella transición. Martín Balza, el general Balza, estuvo siempre al servicio de la democracia y puso a disposición del gobierno, por si la situación se complicaba, los regimientos que él controlaba para defender las instituciones de la República. Tenemos que estar agradecidos por lo que hizo en aquella transición y por la autocrítica que hizo. No ha habido otra autocrítica respecto de lo que habían hecho los militares o la dictadura del 1976, sino solo la de Martín Balza.
Martín habla de la difícil situación política en la que asumió tu padre el 10 de diciembre de 1983. Había un peronismo que había quedado desprestigiado por sus propios errores previos al golpe militar y, allí, la existencia de la Unión Cívica Radical como un partido fuerte. Inclusive luego el peronismo ayudó al radicalismo en los levantamientos de los Carapintadas. El país estaba en una situación muy complejo, pero las instituciones políticas eran muy fuertes. Hoy, por el contrario, saliste a competir por fuera del radicalismo. ¿Cuál es tu visión de la situación que, institucionalmente, la democracia enfrenta, ya no por una amenaza militar, sino por una amenaza de su propia implosión desde dentro?
RA: Yo diría que lo primero que tenemos que destacar es que esta marcha se da por primera vez desde la recuperación de la democracia con un gobierno que no solo niega lo ocurrido durante el terrorismo de Estado, sino que también le quita legalidad a los juicios que se desarrollaron en la transición democrática. Gracias a Dios, me parece que no ha podido convencer a demasiados ciudadanos con esta visión. Pero si fuera por él, seguramente anularía del calendario de los recuerdos nacionales el 24 de marzo, sencillamente porque este señor no cree en la democracia, aunque no lo diga. No cree en la democracia. Suelen decir algunos, y él mismo, que se propone destruir el Estado. Yo creo que, en todo caso, Milei y sus inspiradores —me refiero a los intelectuales, a los filósofos, a los economistas— sueñan más bien con un mundo sin democracia. Para ellos, la democracia es la responsable del mal funcionamiento de la economía, que el pueblo pueda, a través del voto, eligiendo a sus representantes, intervenir en el ordenamiento de la economía es algo que debe ser eliminado, corregido. No creen, reitero, en la compatibilidad entre la democracia y el buen funcionamiento de la economía.
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¿Qué le pasa a usted, gral. Balza, cuando escucha la visión que tiene este Gobierno sobre lo que sucedió en los setenta y los ochenta?
MB: Lo que conozco es mediático. Por consiguiente, es fragmentario, interesado de un lado o de otro. Pero hay dos cosas que yo quisiera puntualizar de lo anterior. Usted se refirió a un levantamiento que fue del 3 de diciembre de 1990, conocido como Villa Martelli. Ese día, yo era comandante de la Brigada de Montaña 6 en Neuquén, y recibí un llamado del presidente que me dijo que en Buenos Aires se hablaba de que él iba a renunciar o se iba a ir. Me dijo: "Esos son disparates. Pero quiero hacer una pregunta: ¿Hay caso que se haga insostenible mi permanencia en Buenos Aires? ¿Puedo ir con mi gabinete a Neuquén, me respalda ahí?”. Yo le dije que iba a tener respaldo en Neuquén si era necesario, aunque creía que no iba a ser necesario, porque fue el primer levantamiento, como efectivamente no fue necesario.
Por otro lado, se habló de autocrítica. Eso es un término que escuché siempre y que voy a seguir escuchando, pero es un término muy mediático. El Ejército, el 25 de abril de 1995, por un programa de televisión emitió un mensaje institucional del Ejército Argentino, un mensaje institucional a nuestro pueblo. Yo no lo podía haber dado si no me sentí apoyado por un magnífico grupo de generales, de oficiales y de suboficiales. Nunca me olvido nombrar a los oficiales porque constituyen la columna vertebral de los ejércitos.

Con respecto a la pregunta concreta que usted me hizo, no estoy en condiciones de apreciar cuál es la apreciación sobre el pasado del Gobierno actual. Por supuesto que como militar retirado con 48 años de servicio en el Ejército, me atengo a las prescripciones constitucionales. Creo que actualmente son el artículo 99, incisos 12, 13 y 14, que establecen que el señor presidente es comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, que dispone las Fuerzas Armadas y, en ese sentido, hay una subordinación aún como militar retirado, porque mantengo el estado militar.
Yo quisiera tener mucha información, no sobre cuál es el alcance del señor Presidente, porque no voy a opinar del señor Presidente, pero sí de sus seguidores. Me tengo que atender a las manifestaciones de algunos legisladores, es decir, manifestaciones totalmente políticas. Pero sobre el pasado no he podido apreciar una clara definición de las autoridades de defensa actuales ni tampoco de las anteriores. Con ese mensaje institucional que di de autocrítica en 1995, de los casi 20 ministros de Defensa de la democracia, solo recuerdo dos: Oscar Camilión y Horacio Jaunarena. No recuerdo a ningún otro ministro de Defensa de los casi 20 que hubo desde el inicio de la democracia que se haya referido públicamente de manera positiva a ese mensaje institucional. Y es más, tengo dudas de si algunos ministros de esos lo compartieron totalmente.
Es muy difícil para mí, con esta información fragmentada mediática que tengo de un lado y de otro, hacer una apreciación sobre qué piensa el actual Gobierno sobre el pasado a nivel militar. A nivel militar, me circunscribo más al Ejército que a otras fuerzas. No he escuchado a ningún jefe del Ejército que objete ese mensaje institucional sobre ese pasado que no quisimos vivir, ese pasado lamentable, donde se recurrió al último y definitivo golpe de Estado, pero autodenominado "proceso de reorganización nacional", fue tan lamentable, y por demás lamentable las secuelas que tuvo.
Se respondió a una agresión terrorista de organizaciones criminales terroristas que cometieron delitos incalificables, como el de Firmenich, que secuestró, juzgó, condenó y asesinó por fusilamiento a un general de la Nación, pero creo que eso tenemos que superarlo. Por muchas cosas que veo y que escucho, el camino de la palabra reconciliación que nos pueda llevar a la concordia está muy lejano porque estamos en un juego chico de agresiones de un lado y agresiones del otro. Ahora nos encontramos este día sin haber podido superar el pasado, un pasado que tenemos que superarlo en el marco de la verdad y de la justicia, pero no con la mentira, como yo a veces he escuchado funcionarios públicos, legisladores mentir sobre ese pasado.
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Ricardo, ¿se puede decir que Néstor Kirchner cometió una enorme injusticia con tu padre al pedir disculpas en nombre del Estado aquella vez en que quiso bajar los carteles de los comandantes de la época de la dictadura? Al mismo tiempo, ¿se puede decir que, si no hubiera sido por los gobiernos kirchneristas, no se hubiera avanzado con otros juicios que la Ley de Obediencia Debida y Punto Final había marcado? Los dos, tanto tu padre con el juicio a los comandantes, como Néstor Kirchner con avanzar en los juicios aquellos que habían quedado fuera de la justicia, ¿son parte fundamental de mantener la memoria activa hoy?
RA: Absolutamente, las dos cosas son ciertas. Fue injusto con lo que dijo, incluso él lo llamó a mi padre para pedirle disculpas por teléfono, pero cuando se ofende públicamente, se piden disculpas públicamente. También es cierto que pudimos continuar haciendo cosas a partir del 2000 que no se pudieron hacer porque no estaban dadas las condiciones. El capítulo de los golpes militares no estaba cerrado, no sabíamos bien qué era lo que podía ocurrir. Ya en los años 2000 se pudo avanzar en la investigación de juicios de algunos de los responsables de los crímenes más horrendos de la dictadura que no habían podido ser investigados.
Sin falsa modestia, lo que nosotros hicimos en la dictadura es un ejemplo en el mundo. Yo lo he podido comprobar estando con intelectuales y políticos de distintos países, no solamente de América, de Europa. Todos recuerdan el rol que jugó Alfonsín o la Unión Cívica Radical en aquella transición. Fue importante el rol del partido, pero quien tiene el mérito de haber podido enjuiciar y haber podido hacer el juicio a las Juntas es el pueblo argentino. No se hubiera podido hacer si el pueblo argentino no hubiera decidido hacerlo.
En 1983 había dos propuestas. Una, la de la UCR, que decía que se podía juzgar por lo menos a los principales responsables de la dictadura, y la otra, la del PJ, que decía que no se podía enjuiciar a los militares porque existía una autoamnistía que, como consecuencia del principio del derecho penal, no se podía aplicar la ley de manera retroactiva y no podían ser juzgados. ¿Y quién decidió que sí se lo podía juzgar? Fue el pueblo argentino. Si el pueblo argentino hubiera votado de otra manera, no hubiera habido juicio a las Juntas.
Sin perjuicio del hecho de que la UCR propuso enjuiciar a los responsables de la dictadura, porque no se podía construir la democracia sobre la base de una claudicación ética como hubiera supuesto actuar como si nada hubiera ocurrido, como decía Alfonsín, hubo un pueblo que votó el juicio, que votó que se investigara a los principales responsables de la dictadura y se los castigara. No solamente votó eso, sino que cuando las cosas se complicaron, porque existían riesgos de golpes de Estado, acompañó al gobierno. Y no solamente le acompañó la ciudadanía, sino las distintas fuerzas políticas también en aquella oportunidad. Recuerden ustedes el acto con Cafiero en la Casa de Gobierno, en el que comprometía a todo el justicialismo detrás de la defensa de la democracia.

MB: Sobre el último punto, algunos que no recuerdan que, en el juzgamiento de las Juntas Militares el entonces presidente Alfonsín dispuso, acorde con el Código de Justicia Militar, que las Juntas Militares fueran juzgadas por el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas. El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas se tomó un tiempo por demás prolongado, pidió prórrogas y finalmente dijo que no había nada que investigar porque las órdenes de las Juntas Militares habían sido inobjetables. Ante esa decisión, se reforma el código y pasan a ser juzgados por la justicia civil.
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Es decir que el entonces presidente Alfonsín tuvo para con las Fuerzas Armadas un acto de generosidad de decir: "Júzguense ustedes mismos, ustedes juzguen a sus padres". Pero el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas no asumió esa responsabilidad. Ese juzgamiento se produjo totalmente en el marco civil, en el fuero civil. Ese acto de "júzguense ustedes mismos" puede ser olvidado.
Debo admitir, próximo al 2 de abril, que hubo un político que no concurrió a la jura del General Menéndez, el de Malvinas, el 7 de abril de 1982. Fueron todos los presidentes de los partidos menos Alfonsín. Sin embargo, el día 15 de junio, al día siguiente de producirse la derrota en Malvinas, hubo un político que se acordó y tuvo palabras elogiosas para los combatientes de Malvinas reconociéndolos, y habló de "oficiales, suboficiales y soldados de las Fuerzas Armadas que fueron usados". Pero tuvo palabras de reconocimiento a los combatientes que no las escuché por mucho tiempo a muchos políticos.
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