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MODO FONTEVECCHIA
IDEOLOGÍA VS. INTEGRACIÓN REGIONAL

Diego Guelar: "El tema de Milei fue primera tapa de todos los diarios en Brasil"

El diplomático y exembajador argentino analiza desde San Pablo el impacto político de la polémica visita de Javier Milei a Brasil, los cruces con Lula da Silva en pleno año electoral y los riesgos de subordinar la integración estratégica a las diferencias ideológicas.

Diego Guelar
Diego Guelar | PABLO CUARTEROLO

En un clima de alta tensión política por la carrera electoral en Brasil, la reciente visita de Javier Milei a San Pablo se convirtió en el tema central de los principales medios brasileños. Para analizar las repercusiones de este acontecimiento y su impacto en el vínculo histórico entre ambas naciones, en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), conversaron con el diplomático y exembajador Diego Guelar.

Desde el corazón económico del vecino país, Guelar ofrece un balance preciso sobre el "impacto Milei" en las encuestas locales, reflexiona sobre la tradición integradora de la política exterior argentina y advierte sobre el peligro de confundir las agendas personales con los verdaderos intereses de Estado en el marco de un orden global en plena transformación.

Diego Guelar es abogado, político y diplomático. Fue embajador de Argentina en Estados Unidos, Brasil, Unión Europea y China. También fue diputado nacional, presidente de la Fundación Banco Ciudad de Buenos Aires, consejero del CARI (Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales) y profesor universitario, actualmente es director la Licenciatura en Relaciones Internacionales en la Universidad de Palermo. Ha publicado numerosos libros sobre Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales y participó como columnista de diversos medios, tanto nacionales como extranjeros.

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—Querido Diego, gracias por atendernos rápidamente desde San Pablo. Ahora tu opinión tiene triple valor, por lo que dije y porque además estás allí, en San Pablo. Hacenos un balance de lo que viste, de lo que ves, de cómo repercutió la visita de Milei a San Pablo y los insultos a Lula.

—Bueno, obviamente primera página en todos los diarios, comentarios de televisión por todas partes. Acá la campaña electoral está en un punto ya muy caliente y muy avanzada. En dos meses va a haber elecciones generales y donde se dirime nada más y nada menos que la cuarta eventual presidencia de Lula y su contrincante, el hijo de Jair Bolsonaro, Flávio Bolsonaro. Obviamente esto se inscribe totalmente en la campaña electoral local, así que es un tema absolutamente central.

—Entrevistamos ayer a analistas brasileños que nos decían que Lula podría haber impedido, que el gobierno podría haber impedido que el presidente argentino ingresase a Brasil. Que el Poder Ejecutivo brasileño tiene esa prerrogativa de impedir el ingreso al país de quien desee por considerarlo lo que fuese, y que no lo hizo porque presumió que la irascibilidad de Milei iba a producir un efecto negativo en la campaña de Bolsonaro. Más allá de que haya estado en análisis prohibirle o no el ingreso a Milei, ¿el hecho concreto es que finalmente perjudicó a Bolsonaro?

—Mirá, las encuestas dadas ayer a publicidad —que no contemplan esta visita, son previas— marcan en general el consenso de que Lula tiene cinco o seis puntos de ventaja en primera vuelta y un empate técnico en segunda vuelta. Esto es lo que sale en los medios, no es mi opinión personal. Probablemente, yo diría que en diez días va a haber encuestas donde va a aparecer lo que podemos llamar el "impacto Milei". Ahí, por supuesto, si esta situación se altera a favor del candidato Bolsonaro, seguramente los comentarios de toda la prensa aquí mismo en Brasil van a ser que el impacto fue positivo, y todo lo contrario si la encuesta diera negativa. O sea que yo creo que vamos a tener con este tema en los próximos tres meses una lluvia de noticias ligada a lo que yo llamo episodio. Yo no creo que sea una crisis entre la Argentina y Brasil, sino un episodio desgraciado, pero solo un episodio.

—Diego, a vos te tocó por tu larga carrera diplomática representar a la Argentina con gobiernos de distintos signos y uno podría decir que presidentes argentinos de distintos signos —Alfonsín, Menem, incluso Macri— priorizaban la relación con los vecinos. Obviamente también hay que agregar en parte a Cristina, no así a Néstor, que se peleó con Uruguay y después se peleó con Chile. Uno pudiera decir que Alfonsín, Menem y Macri priorizaron la relación con los vecinos, independientemente de las similitudes o diferencias ideológicas que tuvieran con quienes conducían a los vecinos. ¿Rompe Milei con esa tradición y, casualmente, con el país más importante para la Argentina, que es Brasil?

—Sí, rompe, yo diría, con la tradición de poner el concepto de integración por encima de las coincidencias, más allá de que haya habido momentos de mayores coincidencias, como fue durante el período Kirchner con Lula, sin lugar a dudas. Pero había un concepto de la integración del interés de los países en el que además hay 200 años de historia y, en este momento, 30.000 millones de dólares de relacionamiento comercial, nuestro principal socio en el mundo. Entonces, todas estas consideraciones deberían hacer que la consideración ideológica personal fuese subalterna. Hay que reconocer años de antecedentes, no es un hecho aislado; con distintos estilos, pero ambos han expresado su desagrado recíproco, la no coincidencia ideológica, las preferencias por rivales en la Argentina, en el caso del presidente Lula con Sergio Massa cuando fue rival del presidente. Es decir, todo esto se fue gestando, yo diría que hubo un caldo de cultivo para que este episodio ocurriera.

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—Ahora, Diego, pero Lula también apoyó a Scioli en la campaña de 2015 y sin embargo de ninguna manera Macri tomó una actitud negativa. O sea, quiero decir, este es un problema de Milei, porque Macri sufrió, entre comillas, exactamente lo mismo y no tuvo esa reacción.

—Este es un episodio grave, sin lugar a duda, disruptivo, muy inconveniente. Yo lo diferencio porque he escuchado a colegas y otros comentaristas hablando de una gran crisis entre los países. Yo creo que esto no debe ser así, que hay que poner paños fríos, porque la relación entre la Argentina y Brasil supera totalmente el propio episodio. Creo que en esto hay que ponerlo en su justa medida. Esperemos que no siga escalando, que un episodio no se transforme en una verdadera crisis. No debería ser así.

—Diego, recién entrevistamos a una analista y académica brasileña y le preguntábamos por ese viejo dicho —vos lo habrás escuchado tantas veces— de que los portugueses eran un país chiquito y entonces negociaban, mientras que nosotros venimos de los españoles, de cuando España era un país grande y entonces era el Cid Campeador: éramos guerreros. Y que eso impregnó en la cultura mineira, de que siempre había conciliación y nunca se iba a los extremos, y que los argentinos, por lo tanto, somos agresivos naturalmente, mientras que los brasileños son de concertar naturalmente. ¿Cómo ves si Milei representa ese prejuicio, ese imaginario del argentino agresivo llevado al paroxismo?

—No, no comparto ese análisis. Yo creo que este es un hecho fruto de la confusión entre lo personal y los intereses de las naciones. Hoy el 50% de nuestro comercio internacional está en manos de China y de Brasil; ambos gobernados, uno por el Partido Comunista y el otro por, sin lugar a dudas, el dirigente occidental más importante de la izquierda, que es Lula, tres veces presidente y disputando con mucha chance su cuarta presidencia, que goza de un prestigio y de un respeto global muy grande. Entonces, creo que esto tiene que ser obviamente corregido. Yo creo que la sociedad argentina y la sociedad brasileña van a tender a ir hacia el equilibrio y no al desarrollo de este episodio como una crisis entre los países.

—Eso sí, pero estás hablando de sociología. Por ejemplo, entrevistábamos, te decía, a esta académica y analista brasileña y ella nos decía que en 2022 la mayoría de los brasileños hincharon por la selección argentina en la final de Qatar y que ahora el sentimiento se invirtió. ¿Qué había pasado de 2022 a 2024? Bueno, Trump y Milei. Asocian a Milei con Trump y que hay en el nacionalismo y en el latinoamericanismo brasileño una sensación de que representan, como una especie de significante, un antilatinoamericanismo. ¿Percibís un cambio respecto de la perspectiva sobre la Argentina entre 2022 y 2024?

—No, yo creo que en esto hay un fenómeno nuevo de caos internacional presidido por el presidente Trump. Uno de sus discípulos más importantes es el presidente Milei, sin lugar a duda. Y este estilo disruptivo muy agresivo, inclusive con sus propios aliados... Pensar que Trump ha agredido en forma simultánea a Canadá, México, los dirigentes de la Unión Europea, Japón, Australia; es decir, ha hecho una tarea increíble de destrucción de la gran alianza que construyó en los últimos 80 años Estados Unidos. Es decir, es un hecho muy difícil de describir, pero es lo que está ocurriendo: en ese contexto hay un gran caos internacional. Milei en muchas cosas sigue la línea planteada por el presidente Trump. Yo creo que esta es una transición, que en un par de años esta visión extrema va a dar lugar a una posición —sea republicano o demócrata el próximo presidente de los Estados Unidos— de reconstrucción de un nuevo orden internacional.

Hoy estamos en el desorden internacional. Hubo un orden desde el 45 al 2025 y estamos viviendo esta transición desordenada hacia un nuevo orden que se va a ir construyendo conforme a nuevos ejes. Dos ejes muy importantes del siglo XXI son el cambio climático y la inteligencia artificial, con todo lo que significan en la distribución del trabajo, etcétera. Tienen una pirámide y una catarata de consecuencias nuevas y una nueva construcción de un poder que va a ser ineludiblemente compartido entre China y Estados Unidos. Es la característica del siglo XXI, a diferencia de los últimos cinco siglos, que tuvieron en general un poder hegemónico o una potencia hegemónica. El siglo XXI seguro va a ser un poder compartido: no es que China va a sustituir a Estados Unidos o Estados Unidos va a derrotar a China. Este es un escenario que está en pleno movimiento en este momento y veremos cómo van evolucionando los acontecimientos, pero sin lugar a duda estamos en una transición hacia ese nuevo orden que todavía no sabemos cómo va a ser.

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—Diego, con tu experiencia, además de haber sido también embajador en los Estados Unidos, si Trump —más allá de los aranceles, las tarifas y la defensa que hizo de Bolsonaro padre en su momento— decidiese intervenir en las elecciones brasileñas como hizo en el caso de Argentina, diciendo: "Si no votan a Milei, yo no los apoyaré más", si hiciera alguna intervención de algún tipo, ¿creés que lograría en Brasil el efecto de la Argentina, es decir, ser favorable al candidato que él promueve, o por la naturaleza y la cultura brasileña sería contrario y finalmente beneficiaría a Lula para ser reelecto?

—Yo, por lo que conozco en Brasil, las posiciones del presidente Trump en este momento no están favoreciendo al candidato Bolsonaro. Entonces, esta forma de actuar que indudablemente, en los próximos dos o tres meses vamos a ver actitudes, al menos declarativas, muy fuertes en este sentido por parte del presidente Trump. Recordemos que, en esta distribución arbitraria, violando su propia Constitución, que hace que los aranceles tienen que ser aprobados por el Congreso, y él no lo está haciendo. Tiene sentencias de la Corte y está recurriendo a la sección 230 del Código de Comercio norteamericano, que le permite por 150 días establecer aranceles, que es lo que está haciendo ahora. Se acaba de vencer, volvió a repetirlo e hizo el sistema de castigos: castigó muy pronunciadamente, por ejemplo, a Canadá aplicándole 50% de arancel, y castigó a Brasil expresamente.

Este criterio arbitrario lo usa no solamente con los aranceles, sino con la propia guerra de Irán, donde claramente debería recurrir al Congreso para solicitar la aprobación para continuarla, y no lo está haciendo tampoco. Ha tenido que ir al Senado y a la Cámara de Representantes a pedir fondos porque han gastado 37 billones de dólares y necesitan más de 60 más que los tiene que aprobar el Congreso, lo cual está en consideración del Congreso. O sea, yo creo que el gran escenario hoy determinante de qué rol va a adoptar este emperador global que es Trump es lo que pase en la elección del 3 de noviembre. Eso sin lugar a duda; él lo está utilizando claramente como un plebiscito de su propio mandato, más allá de ser una elección de medio término que debería estar disperso en la elección de senadores y diputados. En cambio, lo que ocurre es que va a ser a favor o en contra de Trump. Hoy todas las encuestas indican que está en contra: la opinión pública mayoritaria, entre un 65% y un 70%, no acuerda con la gestión de Donald Trump en Estados Unidos.

—¿Cuándo volvés de Brasil, Diego?

—Estoy volviendo en este momento.

—Perfecto. Entonces vamos a combinar la semana próxima para continuar este diálogo, ya cuando hayas digerido lo que te encontraste allí de cara, además, a las elecciones más importantes. Creo que vos dijiste que eran las elecciones más importantes del mundo porque eran elecciones presidenciales, mientras que las de Estados Unidos eran legislativas.

—Exactamente. Va a ser un gusto que nos encontremos personalmente. Un abrazo.

—Te mando un abrazo. Muy buen regreso y muy buen viaje.