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MODO FONTEVECCHIA
El editorial de Jorge Fontevecchia

Día 478: El peronismo y Cristina en su laberinto 

El peronismo atraviesa una crisis profunda y una puja de poder alejada de las discusiones ideológicas, sin embargo tiene dos candidatos que podrían ganar las elecciones en la Ciudad y la provincia de Buenos Aires.

Peronismo
José María Saráchaga: “Hoy el peronismo está más fragmentado que nunca” | Cedoc Perfil

El peronismo, luego de protagonizar un gobierno que dejó un saldo de 40% de pobres y una inflación interanual de un 142%, en el 2023, está sufriendo una crisis muy profunda.

Divisiones en los bloques parlamentarios, diputados y gobernadores que apoyan leyes impulsadas por el gobierno de Javier Milei y listas divididas en los comicios provinciales configuran un cuadro crítico, que evidencia el fracaso de Cristina Kirchner como presidenta del PJ, que ella venía ordenar y en lugar de ordenarlo, podríamos decir que el peronismo está más dividido que nunca.

Como si esto fuese poco, la expresidenta jugó su última carta judicial ante la Corte Suprema: un pedido para que la Corte revea en queja su condena en la Causa Vialidad. Si el máximo tribunal desestima este pedido, como todos suponen que va a suceder, simplemente la pregunta es cuándo, Cristina Kirchner deberá ir presa y quedaría fuera de juego para las elecciones de este año, si fuera inminente la decisión de la corte, inclusive de este año y si no para 2027.

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Paralelamente, la implosión total de Juntos por el Cambio y las divisiones entre el PRO y la Libertad Avanza, pueden provocar, paradójicamente, que los candidatos del PJ ganen las elecciones en los principales distritos del país, los más cercanos a la zona del AMBA, que sería la ciudad de Buenos Aires y la provincia, por el otro.

Para tratar de entender y desenredar esta paradoja, vamos a comenzar la columna de hoy con Lo malo de ser bueno del Cuarteto de Nos, una canción que justamente está plagada de paradojas.

Aquí vamos a apelar a un concepto, el juego de suma negativa en la teoría del equilibrio de Nash, aquel famoso premio Nobel de economía del cual también se hizo una película. Son ejemplos en los cuáles todos los participantes están en una mala situación, pero gana el que “pierde menos”, por así decirlo. Es decir, gana quien resiste mejor una situación general adversa.

Las próximas elecciones, al menos en Capital Federal y Provincia de Buenos Aires parecen ser un juego, como esos de Nash, un juego de suma negativa donde gana el que menos pierde.

Todos los espacios políticos enfrentaron divisiones, golpes en su credibilidad y tienen internas difíciles a cielo abierto. Vencerá quién logre resistir en mejores condiciones una situación general adversa, que le es común a todos, que probablemente, en el fondo sea la misma que trajo a Milei al poder: la clase política no logra resolver una creciente crisis económica que golpea la vida de millones de argentinos. Ni la anterior ni la actual.

¿Es el peronismo, con todas las divisiones que tiene y su principal líder con serias posibilidades de ir presa, paradójicamente, el candidato que pudiera resistir mejor y ser el mejor de los peores en estos comicios capitalinos y bonaerenses?

Para intentar entender esta situación, primero hay que terminar de entender qué tipo de interna es la que se disputa dentro del peronismo. La principal interna, probablemente la que genera mayor división, es la que se produce entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof, quien a su vez tiene el respaldo de intendentes bonaerenses de peso como Jorge Ferraresi de Avellaneda y Mario Secco de Ensenada.

Además, con gobernadores, como el riojano Ricardo Quintela, que lo acompañan y varios más que estaban junto con Quintela. En las agrupaciones de militantes, el antiguo dirigente de La Cámpora, Andrés “el cuervo” Larroque formó su propio espacio militante “La Patria es el otro”, que apoya a Kicillof.

Por otro lado, La Cámpora y los bloques de senadores y diputados, responden mayoritariamente a Cristina y a Máximo Kirchner. Ella además preside el PJ nacional y Máximo el PJ provincial.

Si se analiza puntualmente esta interna, no se encuentran grandes diferencias ideológicas. Se trata de una diferencia, podría decirse, metodológica. Está claro que La Cámpora expulsa continuamente personas por una especie de verticalismo excesivo.

Esto mismo analizó hace algunos meses el editor de la Revista Panamá, Martín Rodríguez. En diciembre de 2024 el periodista planteó que se empezaba a notar una profundización de la disputa entre Máximo Kirchner y Axel Kicillof y remarcó que la puja era más de poder que ideológica.

“Ya empieza a haber un tenor de dificultad y de rispidez, parecida a la que hubo con Alberto, pero aquella interna con Alberto tenía un vestido ideológico”, afirmó Rodríguez.

Y agregó: “Con Alberto no opinaban lo mismo. Ahora, hagamos un juego de las siete diferencias que puede haber entre Máximo Kirchner y Axel Kicillof. Nada, parece más una disputa pura de poder”.

Está interna de poder, además está cruzada por la dificultades judiciales de Cristina Kirchner. Ayer, en este mismo programa, ex juez federal Carlos Rosanski explicó por qué Cristina Kirchner va a ser condenada y va a tener que cumplir prisión domiciliaria en breve.

“El fallo condenatorio va a ser confirmado sin la menor duda”, sostuvo el magistrado. Además Rosanski consideró que hay un fuerte i de ver a Cristina Kirchner presa por parte de los jueces que la condenaron y por parte de Javier Milei. “A esto se suma a este deseo explícito y morboso del Presidente de la Nación, que lo ha dicho públicamente”, afirmó.

Si efectivamente todo sucede como es esperable y hasta diría lógico, por la cantidad de causas y fallos adversos que acumula, Cristina Kirchner no podría ser candidata en algún momento. Podría no serlo en 2025 si la Corte lo resolviera antes de octubre o podría no serlo en 2027 si la Corte lo resolviera después de octubre.

Cristina Kirchner lanzó la posibilidad de ser candidata en plena interna con Kicillof por el desdoblamiento bonaerense

Y si ahora no pudiera ser candidata, ¿quién sería el candidato de Cristina Kirchner para la provincia de Buenos Aires que desafíe a los candidatos de Kicillof? ¿Logrará desde su lugar de detención domiciliaria dirigir a un peronismo que cada vez la cuestiona más?

¿Qué posibilidades tendría, como ella podría llegar a soñar, de que su encierro, imaginemos por ejemplo en Calafate, pueda ser como el de Perón en Puerta de Hierro? ¿O a los meses de estar en prisión domiciliaria su estela se irá apagando progresivamente?

Además, tampoco queda claro, cómo impacta en sus seguidores y en su electorado esta interna, que se libra a cielo abierto luego de protagonizar un gobierno muy criticable, incluso desde los parámetros peronistas. O sea, la responsabilidad que ella tuvo, como vicepresidenta, en el fracaso del gobierno de Alberto Fernández.

Lo que queda claro es que Cristina Kirchner puede ser la presidenta del PJ, pero ya no es más la líder del PJ. Está claro que es la primus inter pares, o sea, aquella que tiene más intención de voto, pero no alcanza a ser lo suficientemente contundente esa diferencia como para que sea la líder.

En teoría de gerenciamiento se enseña que hay una autoridad formal y una autoridad informal. Y que si no coinciden la autoridad formal y la informal, hay problemas en esa estructura. Si se elige como número uno a alguien que las bases no respetan, por más cargo que tenga, finalmente llevará un ruido persistente que hará que su organización no funcione.

Y no solo Kicillof, el peronismo, paradójicamente, tiene otro candidato con chances competitivas. Por un lado, Kicillof tiene chances competitivas de ganar elecciones en su territorio, en la Provincia de Buenos Aires.

Y Leandro Santoro tiene también la posibilidad de ser competitivo en 2027 postulándose para jefe de Gobierno en la Ciudad de Buenos Aires. Y la paradoja de que el peronismo tiene dos candidatos jóvenes, de 50 años, la misma edad que Miliei, que no provienen del peronismo. Kicillof viene de la izquierda y Santoro del alfonsinismo.

Esto, en algún sentido, habla bien del peronismo. Es decir de la capacidad de absorber y de convertir en propias ideas que vienen de otros sectores de los campos políticos.

Las internas del peronismo nunca fueron desideologizadas, pero ahora sí. Es decir, en el pasado, los debates que se planteaban eran ideológicos, las personas confrontaban dentro del mismo partido, pero uno representando a la izquierda y otro a la derecha, si se quiere.

Por ejemplo, en el caso de Alberto Fernández, que se asumía socialdemócrata, y directamente Moreno lo llamaba neoliberal y el de Cristina Kirchner o Máximo Kirchner, que representaban a la izquierda. En los casos anteriores se fue dando siempre esto, una disputa de orden ideológico, en este caso no lo sería.

Cristina y Maximo
Máximo y Cristina Kirchner creados por IA

Para dilucidar, si como decía Perón, con agudeza, estos peronistas se están peleando o se están reproduciendo, vamos a hacer un raconto de las cisternas del peronismo desde la vuelta de la democracia y de sus diferencias políticas.

Vamos a comenzar por un hecho que quedó en la memoria de la sociedad, la quema del cajón de Herminio Iglesias en el año 1983, que derivó luego en una batalla interna dentro del peronismo hasta que logró sacar a Herminio Iglesias.

En esa campaña, Herminio Iglesias prendió fuego un cajón que llevaba la sigla de la UCR. Podríamos decir que el pobre Herminio Iglesias nació antes de tiempo, porque si hiciera esto hoy, se parecería de alguna manera a la actitud agresiva que tiene el presidente Milei y que tanta gente festeja.

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Evidentemente la sociedad, después de la crisis de los 70, tenía una relación con la violencia que era inaceptable y hoy se la acepta, porque no está esa vacuna que tuvimos aquellos que atravesamos esa época en la que la violencia de cualquier tipo, incluso simbólica, como quemar un cajón con los logos de los adversarios, resultaba absolutamente intolerable.

Luego de la derrota del peronismo, este hecho fue visto como violento, en un momento en el que la sociedad argentina quería dejar la violencia política detrás. Además, el peronismo tenía una agenda de olvido con respecto a los crímenes de la dictadura que no representaba las ansias de justicia de buena parte de los argentinos.

En ese momento, dirigentes como Antonio Cafiero, Carlos Menem y Eduardo Duhalde presentaron una línea interna que desafiaba a los viejos dirigentes peronistas, que venían de los tiempos de la dictadura, con una agenda más moderna, podríamos decir en el caso de Cafiero, más socialdemócrata y más cercana al alfonsinismo.

Esto generó que en 1985, Cafiero rompiese el peronismo bonaerense y se presentara con el FREJUDEPA (Frente de la Justicia, la Democracia y la Participación) en una alianza electoral con el Partido Popular de alcance provincial y la Democracia Cristiana.

Si bien ninguna de las listas peronistas pudo imponerse en las elecciones, la diferencia que Cafiero le sacó a Herminio Iglesias, el candidato de la conducción clásica, que venía de la generación anterior, terminó catapultando al centro de la escena a Cafiero y pasando a retiro a Herminio Iglesias.

Luego, Cafiero tuvo que enfrentar una interna con sus propios aliados en esa renovación, que era Carlos Menem, con una impronta más federal, la promesa de salariazo y revolución productiva, con la que logró imponerse en la interna de 1988.

Sabemos todos que después no fue así lo que llevó adelante Menem, pero con esa impronta Menem le ganó a Cafiero, si se quiere, con un peronismo más peronista y Cafiero con un peronismo más alfonsinista.

“Volveremos al gobierno para que el pueblo vuelva al poder de la República Argentina” , dijo Menem en los festejos tras ganar la interna en julio de 1988.

Como sabemos, Menem luego traicionó muchas de las banderas que levantó en ambas discusiones internas. Sin embargo, como pueden ver, las internas tenían una discusión de fondo, había un choque de ideas. Luego, las listas y los cargos se armaban en función de esta disputa política ideológica. Ahora parece ser al revés.

Menem, que creó la convertibilidad, es decir la paridad entre el peso y el dólar, sostenida fundamentalmente con endeudamiento externo, tuvo que enfrentar el cuestionamiento, no de sus principales adversarios, la Unión Cívica Radical, si no de uno de sus principales aliados, Eduardo Duhalde.

Este dirigente peronista, tal vez, uno de los que tuvieron el futuro más ingrato luego del asesinato de Kosteki y Santillán en el 2002 y su salida anticipada del poder, fue quien enfrentó al menemismo para salir de la convertibilidad y lo terminó aplicando en su mandato. Tal vez su mayor legado, haya sido la razón de su fatalidad política.

Es interesante ver cómo aquellas internas se daban de manera mucho más velada durante gran parte del tiempo. Tras su salida, Duhalde apoyó a Néstor Kirchner, que era quien le podía ganar a Caros Menem. Es decir que la pelea entre Duhalde y Menem es otra de las historias de las divisiones del peronismo.

Y luego venimos con Kirchner, que rápidamente quiso desprenderse de Duhalde, lo que terminó provocando una disputa electoral en la provincia de Buenos Aires entre Cristina Kirchner y Chiche Duhalde, ambas parejas de los principales dirigentes de los espacios peronistas en disputa.

“Pienso que mi partido debe terminar con darle lugar únicamente a las mujeres portadoras de marido” dijo Cristina Kirchner en 2004.

“En mi caso particular soy portadora de apellido. Me llamo Cristina Beatriz González Duhalde”, le respondió Chiche Duhalde.

Luego de esta elección, el kirchnerismo hegemonizó el peronismo. Tuvo sus disputas con Sergio Massa y Florencio Randazzo, pero nunca perdió a la mayoría del PJ nacional. Ahora, desde su interior, el gobernador bonaerense Axel Kicillof, desafía a Cristina Kirchner.

Y como vemos, es una historia lógica que se produce generacionalmente de manera repetida. Esta división dentro del mismo kirchnerismo desordenó totalmente el peronismo.

Otras sensibilidades del movimiento también tienen sus reparos a la lapicera de Cristina y esto generó que en las elecciones en las que se cerraron listas como en Santa Fe y en Capital Federal hubiera estas divisiones.

Santoro
Leandro Santoro

Cristina Kirchner ni siquiera logró que su ex jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, se sumara junto al Movimiento Evita a la lista porteña encabezada por Leandro Santoro.

O sea, no solamente el tema está en la provincia de Buenos Aires, donde hay una pelea directa entre su hijo Máximo y el gobernador, sino en la ciudad de Buenos Aires, con sus propios candidatos.

Además, esta lista tampoco pudo convencer, en ese caso ya era más esperable que así sucediera, a Guillermo Moreno, que tiene al coreano argentino, Alejandro Kim, como candidato a legislador.

Según aseguró Leandro Santoro en Cenital, los votos que tengan estas dos listas, pueden ser claves en la elección.

¿Por qué Cristina no logró que su ex jefe de gabinete bajara su candidatura para legislador e inhibiera de alguna manera la posibilidad de que el peronismo gane las elecciones en la Ciudad de Buenos Aires?

Por otro lado, la interna en la provincia de Buenos Aires, se expresó en la discusión sobre el desdoblamiento de la elección y la suspensión de las PASO. Legisladores kirchneristas y kiciloffistas se enfrentan en suelo bonaerense por tener tácticas electorales diferentes.

Analicemos la discusión que planteó Cristina Kirchner cuando asumió al frente del PJ el 11 de diciembre de 2024. “La historia no empieza cuando uno llega, ni termina cuando uno se va, lo digo por algunos compañeros de peronismo tardío”, señaló.

Evidentemente, las palabras eran dirigidas al gobernador Axel Kicillof. Sin embargo, efectivamente puede generarse una renovación peronista desde el punto de vista generacional. Tal vez no es una renovación ideologizada, pero es una renovación al fin, que tiene a Leandro Santoro como potencial candidato a ganar las elecciones en la ciudad y a Kicillof en la provincia.

Si esta renovación se logra sin tanta interna, tal vez, como en el equilibrio de Nash de suma negativa, aquel que pierde menos pueda terminar siendo el ganador entre todos los que pierden.

Producción de texto e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi

MC

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