El jefe de la Casa Blanca, Donald Trump, anunció su nueva política arancelaria, que pone serios obstáculos al comercio internacional, sea con Brasil y América Latina; con Canadá y Centroamérica; con la Unión Europea, China e India, y mismo Australia. Los aumentos “excesivos” de los impuestos a la importación de bienes extranjeros fue calificada estos días, por economistas, empresas y medios periodísticos de Estados Unidos, como “una modificación radical” del comercio mundial en el planeta. Hoy, que según el discurso pronunciado hace unos minutos por el presidente estadounidense es el “Día de la Liberación” norteamericana, su mensaje tuvo resonancias de los que muchos calificarían de “populismo”.
“Nos robaron los empleos, y los estafadores extranjeros saquearon nuestras fábricas y destrozaron lo que alguna vez fue un hermoso sueño americano. Hoy no se oye hablar mucho de ese sueño; es más, durante muchos años y décadas ni siquiera se ha oído hablar mucho de nuestro país. Sus contribuyentes han sido estafados. Pero eso ya no va a suceder”, dijo Trump. El Presidente insistió ante un público entusiasta: “Durante años los trabajadores americanos, los ciudadanos, fueron forzados a asistir como se hacían ricos y poderosos muchos países. Y todo esto a costa de los Estados Unidos. Pero ahora es nuestra vez de hacernos prósperos. Serán rebajados los impuestos, y nuestra deuda podrá ser paga. Y todo eso sucederá muy rápido. Vamos a lograr que nuestro país sean grandes de nuevo, más grandes de lo que fueron jamás”. Y eso conllevará, según Trump, el “retorno de los trabajadores de la industria doméstica”.
Lo cierto es que la estrategia económica lanzada en Washington irá a modificar de un modo radical los intercambios comerciales en todo el planeta. Y si bien el tono de la nueva administración republicana es de notorio optimismo, crea en realidad mucha incertidumbre mundial, tanto en los sectores productivos como en los mercados financieros. Es que supone la desestructuración de las cadenas de valor globales, en particular en la industria automotriz, donde sea cual sea el modelo de automóvil este se arma con piezas y componentes fabricados en distintos países.
Milei viaja a EE.UU. en plena negociación con el FMI y busca foto con Trump
Como señaló Trump, su política apunta a recuperar la producción doméstica de bienes estratégicos. Y en ese contexto se ha decidido imponer muy altos aranceles (del 25%) en los sectores de aluminio, acero y etanol. Son sectores que se verán afectados en la Argentina y en Brasil. En casos como el de China, la gigantesca producción instalada en lo que hoy es la segunda potencia mundial, y el consecuente abaratamiento de los bienes, origina en la visión trumpista grandes “distorsiones” en el propio mercado. Acusó a los europeos de vivir “a costas” de los americanos.
Tal vez Trump sepa las consecuencias de sus planes. Pero lo cierto es que resultará difícil ver a Europa, América Latina y Asia, con una actitud impávida ante la ofensiva de Estados Unidos. Todo indica que hay una tendencia a responder “diente por diente, ojo por ojo” al “Día de la Liberación” estadounidense. Francia por ejemplo acaba de declarar que el paquete de medidas lanzado hoy “llevará a un gran desorden económico”, en tanto defendió “una respuesta proporcional”.
Exageración e hipocresía
Un artículo publicado hoy por el New York Times afirma que las decisiones del presidente americano “incluyen una fuerte dosis de exageración, como también de hipocresía”. Señaló que “Trump ejemplificó con los elevados aranceles que cobran distintas naciones para frenar exportaciones” de productos norteamericanos. Mencionó el alto impuesto europeo a los automóviles fabricados en países de la UE y el elevado arancel que la India cobra sobre las motocicletas. Pero como contraposición, subraya la nota, EE.UU. cobra altas tarifas arancelarias sobre los camiones de transporte ligero (25%), algo que olvidó mencionar. El diario neoyorquino se opone a un hecho que juzga inadmisible: colocar a países “amigos” como Canadá en el mismo nivel que China. Para el NYT, Trump puso su mirada simultáneamente “en adversarios como China y en aliados tradicionales como Canadá y Europa, al tiempo que se ha quejado de los persistentes déficits de la balanza comercial de USA con gran cantidad de naciones extranjeras.
Ocurre que la reacción de los afectados puede ser dañina para la propia industria americana. Gran Bretaña señaló, por ejemplo, que está preparada para “cualquier eventualidad”. El premier Keir Starmer advirtió que se consideran todas las opciones, pero también señaló que pretende “evitar reacciones impulsivas”. En cambio, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, salió con una iniciativa electrizante. Dijo que Europa tiene “un plan fuerte” para la retaliación de los aranceles impuestos por Trump.
En Brasil el clima es de aprehensión. El canciller Mauro Vieira buscó comunicarse con el Representante de Comercio de los Estados Unidos (United State Trade Representative). Pero no tuvo respuesta. Otro diplomático brasileño de alto nivel, el embajador Mauricio Lyrio, pasó por Washington y se reunió con funcionarios del USTR para empezar una negociación bilateral. Pero no trascendieron los resultados de esa gestión. En el Palacio de Itamaraty destacan que USA tiene en relación a Brasil el tercer mayor superávit comercial. Por eso refuerzan: “Brasil no es un problema para Estados Unidos”.
Gi