La región de Medio Oriente ingresó en una fase de conflicto abierto después del inicio de la Operación Epic Fury, una ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel. Ataques aéreos, que superaron los 2.000 objetivos en las primeras 48 horas, resultaron en la muerte del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Khamenei, y de decenas de altos mandos.
Actualmente, el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, declaró desde Washington que la operación tiene objetivos "decisivos" para eliminar la amenaza de los misiles balísticos y drones iraníes. Hegseth enfatizó que no se trata de una guerra de "construcción nacional" ni un conflicto sin fin, sino de una respuesta de "retribución" contra el liderazgo iraní.
De manera que, a pesar de estas declaraciones, el Departamento de Defensa admitió que cuatro soldados estadounidenses murieron en un ataque de represalia contra una base en Kuwait.
Paralelamente, en el terreno, la situación escaló con el involucramiento de terceros países. La Fuerza Aérea de Qatar derribó este lunes dos bombarderos iraníes Sukhoi SU-24 que sobrevolaban su espacio aéreo, marcando la primera intervención directa de una monarquía del Golfo en el conflicto. Esta acción ocurrió después de que misiles iraníes impactaran en instalaciones energéticas y aeropuertos comerciales en Dubai, Doha y Manama, provocando interrupciones masivas en la producción de gas natural licuado (GNL).