La fuerte suba de la morosidad entre las familias argentinas abrió una nueva disputa dentro del sistema financiero. En medio de las alertas por el aumento de los atrasos, la Cámara Argentina Fintech salió a defender el rol del crédito digital y puso el foco sobre los bancos, que concentran la mayor parte del volumen de deuda irregular de los hogares.
El planteo busca correr la discusión de una lectura centrada exclusivamente en las billeteras digitales y llevarla hacia la estructura completa del mercado de crédito.
Según un informe difundido por la entidad, elaborado sobre datos de la consultora Analytica, el crédito total a las familias asciende a $82,8 billones, de los cuales $13,5 billones, equivalentes al 16,3%, se encuentran en situación irregular.
De ese monto, los bancos explican el 63,3% de la deuda irregular, unos $8,5 billones. Los restantes proveedores no bancarios concentran el 20,4%, mientras que las fintech representan el 16,3%, con $2,2 billones.
El dato aparece como uno de los principales argumentos del sector fintech en medio de la discusión por el crecimiento de la mora.

Los bancos concentran el crédito, pero también la mayor parte de la mora
La explicación tiene, en parte, una razón de escala.
Los bancos concentran el 81,1% del crédito total otorgado a las familias, equivalente a $67,2 billones. Las fintech representan el 11,7%, con $9,7 billones, mientras que otros proveedores no bancarios explican el 7,1%, con $5,9 billones.
Sin embargo, desde la Cámara destacan que, aun con la fuerte expansión que tuvo el crédito digital en los últimos años, las fintech concentran menos de uno de cada seis pesos del volumen total en mora.
El contrapunto se vuelve más complejo cuando se observa la cantidad de personas con atrasos.

Según los mismos datos, en la Argentina existen 20,8 millones de personas con al menos un crédito formal, de las cuales 5,8 millones registran atrasos superiores a los 90 días.
Los bancos tienen 14,3 millones de deudores y 2,45 millones en mora.
Las fintech cuentan con 10,1 millones de clientes con crédito y 2,41 millones con atrasos, mientras que el resto de los proveedores suma 5,2 millones de deudores, de los cuales 2,7 millones están en situación irregular.
Los universos, de todos modos, se superponen: una misma persona puede tener simultáneamente préstamos bancarios, créditos fintech, saldo de tarjeta u otras financiaciones.
Fintech defienden su rol en la expansión del crédito
La Cámara también salió a defender el crecimiento del crédito digital como una herramienta de inclusión financiera.
Antes de la pandemia, menos de medio millón de personas tenían un crédito fintech. Actualmente, son más de 10 millones, y dentro de ese universo 3,8 millones no poseen ningún crédito bancario.
Para el sector, ese crecimiento permitió incorporar al sistema formal a personas que anteriormente tenían dificultades para acceder a financiamiento.
La entidad sostiene que, en muchos casos, la alternativa para esos usuarios no era elegir entre un banco y una fintech, sino entre acceder a un préstamo formal o recurrir a prestamistas informales, donde no existen mecanismos de registro, información crediticia ni las mismas normas de protección al consumidor.
Además, remarcan que el crédito fintech permite construir historial financiero, ya que las obligaciones y el comportamiento de pago quedan registrados. Ese historial puede facilitar posteriormente el acceso a mayores montos, plazos más largos o mejores condiciones dentro de cualquier entidad.
La discusión de fondo: Argentina tiene poco crédito
El sector fintech busca además instalar otra dimensión del problema: pese al crecimiento de la mora, la Argentina continúa teniendo un mercado de crédito muy reducido.

El financiamiento al sector privado representa apenas 13% del PBI, un nivel prácticamente similar al promedio de las últimas dos décadas.
La comparación regional es significativa: en América Latina y el Caribe el crédito privado equivale aproximadamente al 53% del PBI.
Por eso, desde la Cámara cuestionan que la respuesta al aumento de la morosidad pase por restringir el acceso al financiamiento.
“La Argentina necesita más crédito formal, no menos”, es la posición del sector, que plantea que el desafío consiste en ampliar el financiamiento pero con mejores mecanismos de evaluación y prevención.
Otro capítulo de la disputa pasa por el costo financiero.
Los bancos cuentan con una ventaja estructural: están habilitados por el Banco Central a prestar dinero proveniente de los depósitos de sus clientes.
Las fintech y otros proveedores no financieros, en cambio, deben utilizar capital propio, recurrir al mercado de capitales o incluso tomar préstamos bancarios para luego financiar a sus usuarios. Ese mecanismo implica un costo de fondeo superior.
A esto se suma, según la Cámara, el peso de los impuestos. Dependiendo de la jurisdicción, cerca de un tercio del costo de un crédito puede estar asociado a tributos nacionales, provinciales y municipales.
El reclamo del sector apunta así a discutir no solamente quién tiene más mora, sino también qué factores terminan encareciendo el financiamiento que recibe el consumidor.
Qué cambios reclaman para reducir la mora
Frente al deterioro en la capacidad de pago, la Cámara Argentina Fintech propone cambios que alcanzan a todo el sistema financiero.
Uno de los principales reclamos es mejorar la información de la Central de Deudores del Banco Central.
Actualmente, sostienen, la situación crediticia puede reflejarse con un rezago de hasta 60 días. Reducir ese período permitiría detectar más rápidamente si una persona comenzó a acumular préstamos o atrasos en diferentes entidades.
También impulsan el desarrollo del Sistema de Finanzas Abiertas, promovido por el BCRA, bajo el principio de que cada persona pueda autorizar el intercambio de información financiera que hoy permanece distribuida entre distintas instituciones.
El argumento es que disponer de información más completa permitiría evaluar mejor el riesgo de cada cliente y, eventualmente, ofrecer condiciones de crédito más competitivas.
El tercer reclamo es revisar la presión impositiva sobre las operaciones financieras.
Finalmente, las fintech proponen ampliar la educación financiera y desarrollar mecanismos tempranos de refinanciación y reprogramación para evitar que un atraso inicial termine transformándose en una deuda impagable.
La discusión por la mora, así, dejó de limitarse al dato de cuántas personas dejaron de pagar. La pulseada entre bancos y fintech ahora gira alrededor de quién concentra el problema, cuánto cuesta financiar a los hogares y qué cambios necesita un sistema que, al mismo tiempo, enfrenta un fuerte deterioro en los pagos y sigue teniendo uno de los niveles de crédito más bajos de la región.
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