La inflación de diciembre se encamina a ubicarse en un rango similar al 2,5% registrado en noviembre pasado, impulsada por las subas de tarifas y el efecto estacional de las fiestas de fin de año. Si bien el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que publica mensualmente el Banco Central de la República Argentina proyectaba inicialmente un alza menor, las últimas mediciones privadas comenzaron a mostrar registros más elevados, lo que refuerza la expectativa de un cierre de año con mayor presión sobre los precios. De todos modos, el año cerraría en torno al 31 al 32% acumulado de inflación, lo que supondría el menor registro desde el año 2017.
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Así, como señalaron los analistas de Max Capital, "el proceso de desinflación parecería estar siendo algo más lento, con un diciembre que suele presentar niveles estacionalmente más altos por las fiestas. Esperamos que se ubique entre 2,5% y 2,6%", adelantaron, al tiempo que recordaron que el Instituto de Estadísticas porteño publicará este viernes el dato de la Ciudad de Buenos Aires y el próximo martes 13 de enero se conocerá el IPC nacional que publica INDEC.

A comienzos del mes, el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central de la República Argentina estimaba una suba de precios de 2,1% para diciembre, a partir del promedio de respuestas de unas 40 consultoras y economistas. Sin embargo, con el correr de las semanas, las mediciones individuales comenzaron a mostrar mayores presiones inflacionarias, especialmente en alimentos, y dentro de ese segmento, con la carne bovina.
Desde Wise Capital, Ignacio Morales señaló que: "Al igual que en 2024, el comportamiento de los precios volvió a mostrar una marcada diferencia entre bienes y servicios. Estos últimos lideraron los aumentos, impulsados principalmente por las tarifas y los alquileres, lo que se reflejó en la división de Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, que fue la de mayor incremento dentro del índice. En contraste, rubros con mayor peso de bienes mostraron subas más moderadas. Vestimenta y equipamiento del hogar se ubicaron entre las divisiones de menor variación, en parte influenciadas por la apertura comercial. Los alimentos, el componente de mayor peso en el IPC, evolucionaron prácticamente en línea con el promedio general. Esta brecha entre bienes y servicios cobra especial relevancia de cara al cambio metodológico que el INDEC aplicará desde comienzos de 2026", comentó.
En cuanto a la proyección de diciembre, Morales puntualizó que "el nivel de IPC mostró una desaceleración en el último tramo, ayudado por el menor registro de subas para el componente de bebidas y alimentos no estacionales, sin embargo, la carne continúa con el efecto de aceleración al igual que componentes regulados. El efecto traslado del IPC a las bandas servirá para un ajuste más acertado en materia cambiaria. Con este panorama, se espera que para diciembre el nivel se sitúe en un 2,4%, cerrando un año con IPC de 30,9%", adelantó.
En tanto, los datos de LCG proyectaron un promedio de aumento de alimentos en las cuatro semanas previas al 17 de diciembre de 2,8%, y el mes ya acumulaba un alza del 1% a esa fecha. En tanto, Eco Go informó que en la tercera semana del mes los alimentos consumidos dentro del hogar subieron 0,6%, lo que llevó a proyectar una inflación de alimentos del 2,5% y una inflación general mensual en el mismo rango.
En la misma línea, Analytica señaló que durante la quinta semana de diciembre los precios de alimentos y bebidas del Gran Buenos Aires aumentaron 0,6% semanal, llevando el promedio de cuatro semanas a 3,3%. En base a esos datos, la consultora proyectó una inflación general de 2,6% para diciembre.
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Las estimaciones convergen: C&T también ubicó la inflación mensual en 2,6%, mientras que Libertad y Progreso y Eco Go coincidieron en un 2,5%.
El freno de la desinflación y su impacto político y económico
De confirmarse estas previsiones, diciembre marcaría un nuevo escalón ascendente en la dinámica inflacionaria, interrumpiendo la tendencia descendente que se había observado hasta mediados de año. Luego del 2,1% de septiembre y el 1,4% de octubre, noviembre ya había mostrado un rebote al 2,5%, ahora ratificado por los datos preliminares de diciembre.
Si bien el último mes del año suele presentar presiones estacionales asociadas a las fiestas, en 2025 ese efecto se vio amplificado por el fuerte aumento de la carne, que impactó de lleno en el rubro alimentos. Para varias consultoras, aún resta incorporar la información de la última semana del mes, tradicionalmente más volátil, lo que agrega un sesgo de riesgo al alza.

El dato no es menor: la inflación de diciembre cierra 2025 y funciona como base para múltiples actualizaciones clave, entre ellas jubilaciones y asignaciones, las nuevas escalas del monotributo que se aplican en enero de 2026 y, más recientemente, el ajuste de las bandas de flotación cambiaria.
Además, el freno del proceso de desinflación erosiona el principal activo político del Gobierno, que sostiene el ajuste fiscal como herramienta central para bajar la inflación y promete que hacia mediados de 2026 el índice comenzará con “cero”. Entre los críticos, en cambio, crece la lectura de que la desaceleración inflacionaria convive con una recesión que impacta en producción y empleo, lo que vuelve más frágil la sostenibilidad del programa económico.
Los cambios en la medición de la inflación a partir de enero 2026
A partir de enero, el INDEC comenzará a publicar el nuevo índice de precios. Vale recordar que el organismo actualizará la canasta de referencia y dejará de utilizar la Encuesta Nacional de Gasto de los Hogares 2004/2005 para pasar a la de 2017/2018, con el objetivo de reflejar los nuevos hábitos de consumo.
El INDEC cambia la forma de medir la inflación, ¿qué se modifica?
Con la nueva ponderación, vivienda, transporte y comunicaciones ganarán mayor incidencia en el índice, mientras que alimentos y bebidas no alcohólicas, bebidas alcohólicas y tabaco, y equipamiento y mantenimiento del hogar perderán peso relativo.

La metodología adopta además los estándares internacionales de clasificación COICOP 2018, lo que amplía las divisiones de consumo de 12 a 13 rubros. En ese marco, la canasta de bienes y servicios se moderniza: alimentos y bebidas pierden peso relativo, mientras que transporte y comunicaciones ganan incidencia, en línea con los cambios en el patrón de gasto de las familias.
Uno de los ajustes más visibles se da en el rubro comunicaciones, que incorpora consumos con fuerte presencia en el presupuesto mensual pero escasa ponderación en el esquema anterior. Entre ellos se incluyen servicios de internet, telefonía móvil y plataformas de streaming de música y películas, prácticamente inexistentes en la medición previa.
El cambio también implica un salto cuantitativo en el relevamiento de precios. El volumen mensual pasa de aproximadamente 320.000 a 500.000 precios, con unos 24.000 informantes en todo el país. Además, la recolección de datos se vuelve 100% digital, eliminando formularios en papel, lo que mejora la trazabilidad, agiliza el procesamiento y fortalece la consistencia estadística del índice.
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