Cuando hablamos con ‘Teté’ Tissera, ella justo se encuentra dibujando un pañuelito de Madres de Plaza de Mayo para poner en la puerta de su casa en Cruz del Eje. Se acerca una efeméride triste para Argentina y que cava hondo en la historia familiar de la protagonista de nuestra historia.
El 24 de marzo se cumplen 50 años del golpe de Estado de 1976. Medio siglo. Y, sin embargo, hay historias que no envejecen.
Patricia Marisel Tissera por ese entonces era una niña que tenía un sueño atípico para esa época. “Mi sueño era ser futbolista profesional”, dice y la voz se le quiebra, se le corta en el aire, como una gambeta inconclusa. Suspira. Largo. Profundo. En la esquina de su casa, que había sido un parque y después un lote vacío, los pibes del barrio improvisaron una canchita. Ella añoraba ser invitada. “Jugaban todo el día, yo los miraba”, recuerda. La escena tiene algo de fotografía gastada: polvo, gritos, una pelota que pica y una nena al borde, esperando entrar.
Mientras ‘Teté’ soñaba con ser jugadora de fútbol, la historia grande irrumpía sin pedir permiso: El país estaba convulsionado. “Cuando pasó lo de Norma yo tenía 7 años fue el 21 de mayo de 1977”, dice. Y esa sentencia, aunque corta, es significativa. ¿Quién es Norma? Norma Síntora Maglione, su tía, militante, embarazada de ocho meses cuando fue secuestrada. “La mamá de M, la nieta 129, era prima de mi papá. Yo soy prima segunda. Es una historia con la que me crié”, lanza en la charla con Perfil Córdoba. Una charla que busca la historia de una pionera del fútbol femenino del ‘interior’ de la provincia de Córdoba, pero que se topa con una historia que la atravesó y dejó sus secuelas.
Kit Loferski, la norteamericana que vino a buscar el “corazón del fútbol”
‘Teté’ creció con el miedo y con el señalamiento. “En el pueblo nos discriminaban, nos decían ‘parientes de los extremistas’”. Se crió, también, con imágenes que no se borran: “Tenía 6 años cuando en el ’76 mataron al hermano de mi papá. Me acuerdo cuando recuperaron el cuerpo, me acuerdo del velorio”. No hay metáfora que suavice eso. No la busca.
Décadas más tarde, el 9 de abril de 2019, las Abuelas de Plaza de Mayo anunciaron la aparición de la nieta 129: una mujer de 42 años, criada en España. Era la hija de Norma. La noticia llegó como llegan algunas cosas: tarde, pero entera. “Fue inexplicable”, dice ‘Teté’ emocionada. Y vuelve a decirlo: inexplicable. Como si la palabra no alcanzara, pero insistiera. A veces el lenguaje parece quedarse corto.
“Cuando la encontramos, vino a Cruz del Eje. Estuvo en casa. Fue un momento muy especial, porque toda la vida esperamos eso”. Hay una pausa, otra vez, porque le llega una remembranza. “Yo, cuando iba a Córdoba, caminaba mirando las caras... buscando un parecido”, dice,
Buscar. Mirar. Esperar. Tres verbos que atraviesan su historia como una línea de cal.
Y en el fondo, la pelota. Esa que rodaba en la canchita improvisada mientras el país se deshacía. Esa que nunca dejó de rodar en su memoria. Porque ‘Teté’ no sólo recuerda a la niña que fue; también la deja hablar. Y esa niña (la que miraba desde el borde) todavía insiste: quiere jugar. Lo confiesa, si fuera por ella se prendería ahora en un picado.
Volvemos a la historia de esa niña que se quedaba mirando cómo los nenes jugaban. “Cuando yo volvía del jardín, me iba a verlos jugar, y debe ser que un día les faltaba uno y me invitaron a jugar. Y jugué re bien. Desde ese momento jugué siempre. Los chicos no me discriminaban, me invitaban a jugar con ellos. Éramos muy unidos, cuando la pelota se caía en un pozo que estaba al costado de la canchita, nos organizábamos con unas ramas para sacarla. De esa manera, todos juntos, nos ordenamos para arreglar la cancha y ponerle arcos. Era todo el día jugar al fútbol, hasta que el sol se ponía”, relata apasionada.
La historia de la capitana de Universitario campeón: "El fútbol me salvó la vida"
Cuentan que jugaba bien. Ella amaba jugar a la pelota: al fútbol. ‘Teté’ con cierta melancolía en su tono de voz, dice: “En la niñez sufría cuando hacían campeonatos oficiales, porque no me dejaban participar por ser mujer. Lloraba. Y me ponía re mal. Nunca hubo forma de convencer a los organizadores que me dejaran jugar con mis amigos. Nuestro equipo se llamaba La Plaza”.
Ha pasado el tiempo. El fútbol femenino ha crecido. Las nenas hoy juegan en las plazas, hay torneos para niñas, las ilusiones de ser “futbolista profesional” no parecen una locura... Y entonces, con un brillo en los ojos, ‘Teté’ expresa: “Me genera un montón de emociones y sentimientos ver hoy a las nenas jugar libremente al fútbol. Me da mucha felicidad que en estos tiempos las chicas no tengan obstáculos grandes como los que tuve en mi niñez por ser mujer. Ver que a las chicas les gusta el fútbol y lo pueden decir libremente. En mi niñez estábamos en plena dictadura y el fútbol era para los varones y nosotras teníamos que jugar a las muñecas. Era imposible deconstruir eso. Aunque yo rompía con eso, jugaba con mis amigos, pero era la única nena que jugaba”.
Cuando habla de dictadura no lo dice por decir ni sólo para contextualizar. Aunque esta es la historia de ‘Teté’, su talento y sus sueños futboleros, no se puede escapar de su historia familiar. Y su historia familiar y su niñez están atravesadas por el miedo, el terror, la muerte y la desaparición.
Una eternidad con forma de abrazo
La ‘Teté’ nació el 21 de julio de 1970 y, cuando recuerda, no ordena: deja que las escenas caigan. “En Navidad nos juntábamos en la casa de la bisabuela de la nieta 129... nos daban los juguetes y todo el niñerío se iba al patio, y los grandes se quedaban adentro llorando por las ausencias”. Hace una pausa. Afina la memoria: “Una vez pedí una pelota. Cuando vi la caja, era rectangular… y adentro había una muñeca. Me enojé tanto que me tuvieron que comprar una pelota de fútbol”.
Después vino la adolescencia y el potrero se cerró, lento, como una puerta que no hace ruido. Pero se las ingenió: jugó torneos escolares. Se transformó en una pionera de la disciplina.
“Ahora esos sueños que yo tenía son posibles para las chicas que vienen”, dice. Y no lo dice como consuelo, sino como quien empuja. En Cruz del Eje, todavía, hay nenas que miran una cancha. ‘Teté’ Tissera trabaja para que ya no miren desde afuera.

..............................................................................................................................