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Defensora de Género

Qué derechos humanos recordamos el 24 de marzo

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Marcha multitudinaria. “Los 24 de marzo los argentinos expresamos respeto a la memoria y el sufrimiento. No importa el número de víctimas. Sí que existieron”. | pablo cuarterolo

Como todos los años, el 24 de marzo fue un día para recordar lo que no debemos olvidar: el comienzo de una época negra en nuestro país, cuando se inició una dictadura de las más sangrientas y homicidas de las vividas desde 1930, donde se inició un período en el que las Fuerzas Armadas asumen el derecho a tomar el Gobierno, frente a lo que ellos y algunos políticos consideran que es un camino equivocado. Frente a eso, se arrogan el derecho de derrocar al gobierno vigente y asumir la conducción del país. Cuando el 24 de marzo de 1976, una vez más, los mandos militares derrocaron a Isabel Perón empezó la última, y esperemos así sea, dictadura militar. Ese 24 de marzo que recordamos los argentinos con mucho dolor, fue la continuidad de un período previo de abuso del poder gubernamental sobre las personas, como ocurrió con la Triple A. Esa fuerza ilegal que el gobierno a través del ministro de Acción Social López Rega, perseguía, privaba de libertad y mataba a quienes eran considerados enemigos ideológicos. Luego, esto fue con los militares en el poder, llevado a su máximo nivel de persecución y desaparición de personas, sin fundamento y sin ninguna base legal. Era la ilegalidad desde el gobierno justificándose por el accionar de grupos terroristas que efectuaron ataques, apresaron a militares y civiles, a quienes consideraban enemigos del pueblo. La espiral de violencia fue muy grande, se perdieron muchas vidas y otras quedaron signadas por la violación de derechos vivida. Las Madres y Abuelas fueron un faro que permitió expresar el dolor y la resistencia a estas violaciones. Los derechos humanos pasaron a ser un aspecto prioritario de la lucha de amplios sectores de la población, entre ellos, políticos y personas destacadas que buscaron parar esa locura en la que estábamos todos atrapados.

Raúl Alfonsín fue el que expresó esto más claramente y su lucha consiguió que fuera el gran reclamo del pueblo, no solo de un sector político. Su rezo democrático: el prólogo de la Constitución Nacional permeó a los sectores más variados superando las diferencias políticas, sociales y culturales existentes. Por eso su gran responsabilidad cuando ganó esa elección, fue responder a ese reclamo de restablecer la democracia en base al respeto al derecho de cada uno y de todos, a vivir sin persecución ni discriminación. A eso le sumó el respeto a los derechos sociales: el acceso a la salud, a la educación, y a la vivienda para recuperar la dignidad. Si bien logró recuperar la democracia y el respeto a todas las personas sin diferencias, no logró los derechos sociales que están ligados a lo económico, donde hubo limitaciones y restricciones.

Los 24 de marzo los argentinos expresamos ese respeto a la memoria y al sufrimiento, no importa el número de víctimas, sí que existieron y que el pueblo mayoritariamente rechaza que vuelva a ocurrir. Ahora estamos frente a un gobierno democráticamente elegido que restringe derechos. La violencia con que se reprime a quienes manifiestan sus reclamos por parte del Gobierno es una realidad. Si bien primero se planteó para evitar los excesos, ahora se cometen excesos desde las fuerzas de seguridad que reprimen en forma cruel. El otro mecanismo de represión es la generación de miedo, el Gobierno usa el miedo como forma de autolimitar la expresión de diferencias para evitar ser agredidos. Esto es muy grave, porque atenta contra la democracia y la libertad de expresión de las personas. La masiva, pacífica y diversa movilización de este lunes 24 de marzo indica que la ciudadanía sigue queriendo no volver atrás. Un mensaje claro que rechaza las interpretaciones que se tratan de imponer de un lado y del otro, por quienes creen y avalan la violencia como forma de dominación. La democracia es tolerancia, es diálogo y es búsqueda de consensos. La violencia no permite el diálogo, menos tolerar a los diferentes y buscar consensos. Ese camino no lo queremos la mayoría de quienes habitamos este país.

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