COLUMNISTAS
canalladas

Nuestros talibanes

En su afán por diferenciarse del peronismo, los libertarios son antiliberales con ganas aunque al peronismo más connotado (el de la primera presidencia del Pocho), en lo relativo a prohibiciones, vigilancias y censuras, le copian hasta la manera de escupir. Pero como quieren disimular su filiación, exageran la compadrada. Si, por ejemplo, al centro cultural ex Correo Central la presidenta de otrora le ponía, un tanto nepóticamente, el nombre de su marido (a quien la cultura le importaba poco y nada), el libertotrumpismo fondomonetarista que nos gobierna y que ha reducido los aportes a la cultura y la educación, además de atacarlas graciosamente, ahora se ocupa de borrar ese apellido del frontis y –paradójicamente– cambiarlo por el de Sarmiento (¡si se levantara y los viera ser y hacer!), mostrando su fe monárquica al denominarlo “Palacio” y adosarle “Libertad”. Ahora, con sometimiento de eunucos al amo imperante, avisos de toda clase contienen esa palabra. Desodorantes, seguros y velorios, salones de mindfulness, casas de masajes y de constelaciones. Si, por ejemplo, llamás al PAMI, la respuesta del contestador automático de la institución que recortó los medicamentos gratuitos a los jubilados incluye, por las dudas, esa palabra. Te van quitando todo.

Cuando Perón, especialista en dilemas falsos, oponía las alpargatas a los libros, no era porque objetara la lectura sino porque privilegiaba el lugar de sus votantes, se aliaba a ellos en el reconocimiento de sus necesidades inmediatas, no era su igual sino su beneficiante. Estos, en cambio, no te dan nada porque creen que a nada tenés derecho, salvo a gritos y golpes. Son los preclaros abanderados de una pulsión de muerte que halla su máxima gloria en ficciones virtuales conspirativas y aniquiladoras, en la financierización bitcoindera y en la canallada como épica: dos noticias últimas de este día (hoy miércoles): 1) el Gobierno subirá el sueldo de los funcionarios que más empleados a su cargo despidan (y que el último apague la luz); 2) destruyeron la estatua de un historiador –no les alcanzó con retirarla– alegando que impedía la visión vehicular en las rutas que ellos fuerzan a morir por no poner un peso en su mantenimiento. Pero es obvio y hay que decirlo: si es Bayer, es bueno.

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