Platón entregó parte de su vida a la búsqueda de poder concebir un rey filósofo. El pensador griego impulsaba un mundo en el que la palabra fuera más importante que la acción. Y en sus viajes a Siracusa intentó llevar ese axioma a la práctica. Junto al rey Dionisio, el autor de La República encarnó entonces la figura paradigmática del intelectual que interviene activamente en la política. Porque Platón sostenía que los filósofos poseen un conocimiento explícito del bien y de la justicia, y advertía que, si lo practicaban correctamente, podían dirigir un Estado y gestionarlo de forma acertada. Pero Platón no tuvo suerte en su cometido
Intentó convencer a Dionisio de que el derecho del más fuerte, es decir, del que gobierna desde el Estado, debía acompañarse de la virtud y la razón para brindar bienestar a sus súbditos. Pero el dictador siracusano se enfureció porque interpretó que Platón ponía en duda su inteligencia y, enojado por el indiscreto consejo, embarcó al filósofo hacia una isla, en la que fue apresado y vendido como esclavo. Cuando fue liberado, Platón no se dio por vencido y regresó a Siracusa, ahora para persuadir al nuevo Dionisio, sobrino del soberano anterior. El artífice principal del pensamiento occidental insistía en la importancia de privilegiar la reflexión para administrar la cosa pública, basado en la idea de poner al intelectual a la par del hombre de Estado. Pero el esfuerzo de Platón, otra vez, no tuvo éxito.
El intento platónico de crear un Estado en el que los intelectuales pudieran gobernar en base a la razón fue retomado, quizá de manera ejemplar, veintitrés siglos más tarde por Jean Paul Sartre. El filósofo francés continuó el camino de Platón como ningún otro pensador de su época podía hacerlo y fue el que mejor encarnó la figura del intelectual comprometido con su tiempo. Después de la Segunda Guerra Mundial, Sartre se convirtió en un cientista social involucrado en todos los frentes de la actualidad política, porque sostenía que todo intelectual tenía la obligación moral de poner en discusión las decisiones que emanaban el poder político. Porque Sartre advertía que cada palabra, pero también, cada silencio de un intelectual tenían repercusiones inmediatas en su sociedad.
Es que Sartre concebía la figura de un intelectual como la de un teórico del saber práctico, que debía transformar el mundo a través de su raciocinio. Pero advertía que solo podía estar comprometido con el bien común, lejos de todo poder constituido. Por caso, Sartre fue el décimo escritor francés galardonado con Premio Nobel de Literatura en 1964, pero no lo aceptó y en una carta a la Academia Sueca explicó que los lazos entre el hombre y la cultura debían desarrollarse directamente, sin ser mediatizados por las instituciones establecidas del sistema.
Laje devaluó en Argentina el vínculo entre los intelectuales y la política.
A una gran distancia de Platón y de Sartre emerge por estas horas en la Argentina la figura de Agustín Laje, el nuevo intelectual del poder local. Laje ha sido la cara visible del video que difundió esta semana el Gobierno para reescribir la historia reciente y cambiar el nefasto legado que la última dictadura aún sigue proyectando en este país. Autor de El libro negro de la nueva izquierda: ideología de género o subversión cultural, Laje es un politólogo de extrema derecha, que se considera un ferviente defensor del paleolibertarismo –ideología ultraneoliberal, desarrollada por los teóricos anarcocapitalistas estadounidenses Murray Rothbard y Lew Rockwell, en el contexto político del fin de la Guerra Fría–, y es también un confeso militante del minarquismo –filosofía política que propone que el tamaño, papel e influencia del Estado en una sociedad libre debe ser disminuido a su máxima expresión–.
Para entender el pensamiento de Laje, hay que retomar los postulados del think tank ultraconservador Fundación Libre, que creó hace una década en la ciudad de Córdoba. “Nuestra misión es tomar protagonismo en la batalla cultural que se está desarrollando en Occidente –explicaba entonces Laje–, a los efectos de contrarrestar la ideología progresista hegemónica y el imperio de lo políticamente correcto, e impulsar ideales de libertad individual, responsabilidad y republicanismo”. Junto a los representantes de la extrema derecha argentina, Laje se proclamaba ya por esos años como la “nueva corriente juvenil que está naciendo con fuerza en todo el mundo, y que ha llegado para desafiar al neomarxismo en todas sus expresiones”.
Es interesante destacar que la hipótesis de la Fundación Libre, que hoy se ha convertido en política de Estado en la Argentina, señala al neomarxismo como el principal enemigo a vencer, a pesar de que han pasado casi cuatro décadas de la caída del Muro de Berlín. A ese bagaje ideológico, que ahora se engloba bajo el rótulo de wokismo, es a lo que Laje se opone fervientemente. Para que no queden dudas, el intelectual de Milei está en contra del derecho de las minorías sexuales, de los movimientos de derechos humanos, del cuidado del medio ambiente y del feminismo, por nombrar tan solo a algunas de las batallas culturales que hoy se libran en nombre de Milei.
Laje conoció a Milei en 2018, cuando invitó al ahora presidente a dictar una conferencia en la sede cordobesa de la Fundación Libre. Laje recuerda que el día en el que se iba a dictar el seminario que tendría al líder de La Libertad Avanza como principal orador, se produjo un paro de transporte aeronáutico y tuvo que manejar en su propio auto para ir a buscar a Milei a Buenos Aires y trasladarlo hasta Córdoba. En ese periplo de varias horas y kilómetros, los ahora amigos sembraron su relación afectiva en base al respeto por las ideas que hasta el día de hoy mantienen en común. Laje es hoy el intelectual de cabecera de Milei.
En la Fundación Libre, Laje sostenía que “los viejos principios socialistas de lucha de clases”, como podrían ser el materialismo dialéctico, la revolución proletaria o la insurgencia guerrillera, ahora fueron reemplazados por “una rara ingesta intelectual” que promueve el “indigenismo ecológico”, el “derecho-humanismo”, el “garantismo jurídico” y, lo que es su principal foco de disputa intelectual, la “ideología de género”. Este último paradigma, es para Laje una “suerte de pornomarxismo de tinte pansexual, impulsor del feminismo radical, del homosexualismo ideológico, la pedofilia como alternativa, el aborto como libre disposición del cuerpo y todo tipo de hábitos autodestructivos como forma de rebelión ante ‘la tradición hetero-capitalista’ de Occidente”.
Laje es ahora director de la Fundación Faro, un think tank creado por el oficialismo para encarnar la batalla cultural con las herramientas y los recursos del Estado. En el site de la Fundación Faro figura un texto escrito por Laje, titulado ¿Qué significa el wokismo?, donde el pensador de las Fuerzas del Cielo advierte: “El wokismo constituye la venganza de los débiles y de los marginados contra sus presuntos opresores. ¿Pero, cómo se lleva adelante dicha venganza? Aquí es donde entran los políticos de izquierdas en escena. El Estado debe concebirse como garante de la ‘emancipación’ de las minorías oprimidas, y para poner en marcha semejante proceso resulta necesario llevar a la izquierda cultural al poder. La venganza del wokismo es paradójica: consiste en que los oprimidos sean capaces de oprimir a sus opresores; pero, como son incapaces de hacerlo por sí mismos, necesitan del concurso del Estado para lograrlo".
Es curiosa, y sobre todo, muy perversa la parábola de Laje: utiliza los recursos del Estado para adoctrinar en el campo de las ideas, en el mismo mensaje en el que cuestiona la utilización de recursos del Estado para adoctrinar en el campo de las ideas. Paradojas libertarias.
Laje inició una batalla cultural con herramientas y recursos del Estado.
Juan Bautista Alberdi y la Generación del 80. Leopoldo Lugones y la hora de la espada. Arturo Jauretche y Juan Domingo Perón. Carlos Nino y Raúl Alfonsín. Carlos Escudé y Carlos Menem. José Nun y la Alianza. José Pablo Feinman y Néstor Kirchner. Ricardo Forster y Cristina Kirchner. Juan José Sebreli y Mauricio Macri. Ha sido larga y muy fecunda la relación entre intelectuales y presidentes en Argentina. Hasta ahora, cuando Laje y Milei la menosprecian.
El intelectual de La Libertad Avanza encarna, hay que decirlo, la devaluación del siempre rico vínculo entre ideas y poder en la Argentina.
Para ponerlo en otros términos: Laje ha quedado lejos, muy lejos, de Platón y de Sartre.