La Libertad Avanza

Javier Milei paga la factura de Ariel Lijo y enfrenta la resurrección de Mauricio Macri

Bastante raro el proceso de pulpo que afecta al mandatario, explicado por él mismo ante un auditorio internacional. Sus brazos y ventosas se han desplegado y complicado por distintas áreas de la Justicia.

Ariel Lijo, por Pablo Temes. Foto: Cedoc

Para este sábado, en la vuelta de las sesiones ordinarias del Congreso, la expectativa pasa más por la presencia de los dos nuevos ministros de la Corte Suprema designados por el Presidente que por su propio discurso. Quizás, hasta Javier Milei se sienta obligado a explicar esos cuestionados nombramientos, tanto sobre Ariel Lijo como de quien se oculta tras él: Manuel Garcia-Mansilla, cuya vanidad no resistió a que lo pusieran a dedo como un plazo fijo: le apetece tanto el cargo que hasta se desdijo de lo que había dicho en el Senado, hace pocos meses, asegurando que no aceptaría una nominación por decreto. Agua bajo el puente: se lleva todo el torrente, incluyendo las convicciones. Suele ocurrir.

Igual, los palmares de las criticas la encabeza el otro nominado, Lijo, tal vez la factura política más cara que ha pagado el Gobierno y él mismo durante 10 meses de aluviones en su contra, mostrando estos días últimas y explosivas manifestaciones de tipo institucional, incluyendo a una UIA con integrantes que han competido con la ex Cámara de la construcción o la de los Estados Unidos —felices porque ahora Donald Trump los habilita a pagar funcionarios venales— para distinguirse en el pago de sobornos. Son otros que parecen haber ingresado a la vida espiritual luego de bañarse en el Jordan.

La Corte Suprema definirá la semana próxima el ingreso de Lijo y García-Mansilla

Bastante raro el proceso de pulpo que afecta al mandatario, explicado por él mismo ante un auditorio internacional, ya que sus brazos y ventosas se han desplegado y complicado por distintas áreas de la Justicia. Tanto que el ministro Cúneo Libarona defiende como pocos su cargo, en aras de la fe ha postergado otros convencimientos. Por ejemplo, dos veteranas como María Servini y la ex de Nisman, Arroyo Salgado, ofrecen actitudes diferentes ante la sofisticada causa del Criptogate. A una le tocó por sorteo, ha delegado la investigación en el fiscal (Eduardo Taiano), se desprende del protagonismo sensacionalista en algún sentido: demasiado trabajo. La otra, federal de San Isidro, se reveló tan entusiasta del trabajo que pretende hacerse cargo de esa misión y quiere saber si Milei envió los tuits comprometedores desde la residencia de Olivos, que está bajo su jurisdicción. Raro: siempre todos los magistrados se quejan por no tener recursos ni tiempo para afrontar la cantidad de trámites que llegan a sus juzgados. Una, Servini, por edad no podría acceder a la Corte, la viuda de Nisman en cambio debe pensar que es una posible candidata a ese tribunal por razones de genero y falta de concurrencia femenina.

La imposición del dúo masculino a la Corte por tiempo determinado enfrenta conflictos varios, de los acontecimientos posteriores en el Senado con mayoría opositora para voltearlos a nuevos cursos políticos con derivaciones inesperadas. En el mundillo oficial se desplumó Manuel Adorni como candidato a senador en la Capital, sea porque hasta hace una quincena brillaba como el lucero y lo querían en la cercanía de Milei o, ahora, debido a que no resulta lúcida su participación —junto a la hermana del Presidente, Karina— con los miembros de la operación Cripto que enchastraron la gestión. Quedo expuesto aunque haya sido solo traductor en esos encuentros, suponiendo que hable inglés. Primero, para desplazarlo, sondearon a Iván de Pineda, luego a Claudio Zuchovicki, ambos —como otros— declinaron el compromiso, ahora van por otros nombres, quizás menos encumbrados para la postulación porteña.

De la motosierra a la topadora

El parcial ocaso de Adorni como candidato singularmente se confronta con la resurrección de Mauricio Macri, quien estaba dispuesto a morir en términos politicos, se reservaba un entierro de lujo y ahora, gracias al escándalo de las cripto —aun sin explicar por el gobierno— y el decreto por los nuevos miembros de la Corte, empezó a salir del entubamiento respiratorio: hasta habla. La mejor semana del año para él, también por la derrota de Boca Juniors en el futbol, encarnada por su enemigo Juan Román Riquelme y el controversial director técnico Fernando Gago. Aunque le duela como simpatizante el resultado, esa ecuación lo benefició. En cambio, sin duda por un proceso que va a continuar, Milei sufrió un golpazo; a pesar, inclusive, de palabras y asistencias de su colega norteamericano en su ultimo viaje a USA. Logró con Trump lo que otros nunca obtuvieron, también concedió posiciones (Ucrania), pero quedó en suspenso la negociación con el FMI: un acuerdo que el gobierno requiere por el aporte de dinero fresco.

No tuvo Milei tiempo para esquivar la crisis, al revés de Menem y Nestor Kirchner, uno cuando se fue a refugiar al departamento de un amigo, Miguel Vico, lloriqueando por el desprestigio que le ocasiono el litigio con su esposa Zulema, quien no lo dejaba entrar a Olivos y él luego la mandó a despedir de la residencia. Días crueles, viviendo en otra casa, hasta que Jorge Antonio lo sacudió como a un niño y lo forzó a asumir sus responsabilidades. Otra huida fue hacia el Sur la del matrimonio K con el caso Blumberg, llegando luego a poner la foto del hijo asesinado en su despacho, o cuando marchó al sur para no quedarse en la Capital por la tragedia del incendio de Cromañón. Fueron fugas hacia adelante. El Milei dos —como dice Rosendo Fraga— de este sábado, el capítulo que se inicia con una vuelta de página del uno, sin duda repetirá como corresponde el elogio a su victoria sobre la inflación, la reducción del gasto público y otros éxitos económicos. Merecidos, claro. Salvo que en los últimos días se oscurecieron esos méritos por una sucesión de episodios conocidos que, al menos, han puesto cautela y retroceso en la baja del riesgo país. Por no hablar de los mercados que parecían cohetes. Otra realidad.