Según datos del último censo canadiense, se estima que en Canadá hay cerca de veinte mil argentinos residentes. La mayoría vive en Toronto, Montreal y Vancouver. A mediados de julio último, uno de ellos se destacó por asumir como ministro de Cultura del gobierno de Justin Trudeau. “Somos muy amigos y me consulta sobre Argentina”, cuenta a PERFIL Pablo Rodríguez, quien nació en Tucumán y a los 8 años su familia se exilió en ese país porque su padre fue secuestrado y torturado durante la última dictadura militar.
—¿Cómo es ser ministro en Canadá?
—Ya hace casi tres meses que asumí como ministro de Cultura y es un poco loco. Yo llevo en la política de Canadá varios años pero esto es bastante diferente. Soy una de las treinta personas que se sientan en la mesa de gabinete donde se toman decisiones. Por una parte es una sensación genial; por otra es un desafío enorme.
—¿Qué áreas dependen de vos?
—Todo lo que tiene que ver con la música, la televisión, el cine, los documentales, los museos y los libros. También internet, que en Canadá está bajo el ámbito de este ministerio. La cultura abarca muchas cosas. Estar a cargo de todo eso es un desafío y un gran honor. Estoy muy contento.
—En tus redes se ve que tenés buena relación con Trudeau…
—Somos muy amigos. Yo dirigí su campaña en 2012/2013 y después dirigí su campaña en Quebec, que sería la parte francesa. Yo vivo, trabajo y represento un sector del país donde la mayoría de las personas hablan francés. Charlamos muchas veces de Argentina y estuvimos allí juntos durante dos días cuando él viajó en 2016 y me pidió que lo acompañara. Le presenté gente de mi familia que vive en Buenos Aires. La mayoría de ellos están en Tucumán pero tengo primos ahí y los visitamos.
—¿Qué hablan de Argentina?
—El tiene buena relación con el presidente actual así que mucho de política. Cuando hay noticias sobre Argentina o pasa algo, me pregunta.
—¿Y de fútbol?
—También. A mitad de año durante el Mundial un día estábamos en el Parlamento y jugaba Argentina. Entonces me puse a ver el partido en mi celular y justo estaba sentado detrás de él así que cada vez que había un gol o pasaba algo, me escuchaba y se reía.
Cuando estuvo en Argentina junto a Trudeau uno de los lugares que visitaron fue el Parque de la Memoria. Para el argentino fue un momento especial porque su padre, Julio Rodríguez Anido, fue secuestrado y torturado. El era profesor en la Universidad Nacional de Tucumán y tras su liberación tomó la decisión de abandonar Argentina.
—¿Cómo viviste esa visita?
—Fue un momento de muchísima emoción. Mi familia tuvo que salir del país pero no por decisión propia. La verdad que quedarse en Argentina no era una opción, así que volver en el contexto que lo hice fue muy emocionante. Esa emoción la compartí con el primer ministro porque es un tema del que hemos hablado y a él lo conmueve mucho. De hecho, en ese momento estuvo con personas que pasaron por lo mismo que yo y le contaron sus historias.
—Esta semana Canadá fue noticia por la legalización de la marihuana. ¿Cómo se dio?
—Lo hicimos por una razón muy clara. La juventud canadiense tiene acceso fácil y consume marihuana. Como lo hacen jóvenes de muchos países y en particular dentro del G7. Nosotros creíamos que teníamos que cambiar el sistema y además entendemos que el Estado va a aprovechar esto. Además, es una realidad que a veces no se sabe qué es lo que se consume y puede ser porquería. Entonces lo que dijimos es que el sistema anterior no estaba funcionando y por eso impulsamos uno nuevo. Nosotros no queremos que haya más marihuana, al contrario, queremos que haya menos y por eso lo hacemos. Queremos quitarle este producto al crimen organizado, controlar la calidad de lo que se consume, controlar el acceso de la juventud a ese producto y evaluar cómo va la cosa. Pensamos que es una alternativa viable y que puede tener un resultado positivo.
—¿Tuvieron opositores?
—La verdad no tanto. Más que nada del partido conservador, lo que es común aquí. Tanto con Trudeau hijo como con Trudeau padre nuestro partido históricamente se ubica en el centro. Los partidos conservadores, que están más a la derecha, sí se opusieron. Nosotros lo que explicamos es que tomamos el ángulo de salud pública para impulsar este sistema. Pensamos que era lo que debíamos hacer para garantizar la salud de la juventud y su futuro. Fue un debate largo, que tomó un año y que recién esta semana (N. de la R: el 17 de octubre) se legalizó el consumo, así que deberemos estar atentos a los resultados.
—¿Siguieron el debate por el aborto que se dio en Argentina y que incluso apoyó una canadiense muy famosa, la escritora Margaret Atwood?
—No puedo comentar sobre lo que se decidió en Argentina. Acá en Canadá es algo que fue debatido y discutido hace muchísimo tiempo y se entiende que las mujeres tienen derecho a decidir qué hacen con sus propios cuerpos.
—Se habla de la probable presidencia de Jair Bolsonaro en Brasil ...
—Seguimos lo que sucede en el mundo y prestamos mucha atención a América Latina, somos prácticamente vecinos. Tenemos un gigante entre nosotros, estamos en el mismo continente y seguimos los temas con mucho interés.
Canadá hizo del cannabis un asunto de salud pública. Desde el miércoles pasado, en Canadá, cualquier persona mayor de 19 años puede comprar y llevar consigo hasta 30 gramos de marihuana. Y no podrá ser detenido por la policía ya que hasta esa cantidad se considera de uso personal y recreativo. Además se podrá cultivar un máximo de cuatro plantas en cualquier propiedad privada y se indultará a los ya condenados por posesión.
Según un estudio hecho por Environics Analytics, en Toronto los casi tres millones de habitantes fuman un promedio de casi 142 millones de porros al año. Estas cifras son similares en los principales centros urbanos de Canadá y por ese motivo, Justin Trudeau prometió que si era elegido primer ministro, legalizaría el cannabis. A casi tres años de su elección cumplió su promesa. De esta manera Canadá se convirtió el 17 de octubre en el segundo país en legalizar este producto tras Uruguay y el primero dentro del G7. Esto ya generó, por ejemplo, que se ofrezcan empleos de de catadores de marihuana. En Holanda se permite la venta y el consumo pero solo dentro de los llamados coffee shops.





