•Dilemas de PanamA /

Dos elefantes se balanceaban …

El nuevo gobierno panameño debe equilibrar las relaciones con Estados Unidos y con China, sus más importantes socios comerciales y los principales usuarios del Canal.

Dos elefantes se balanceaban …
17-10-2026 | 01:23

Mientras la atención regional se concentraba en Venezuela, las elecciones presidenciales del 5 de mayo en Panamá –aparentemente marcadas por el hartazgo de la corrupción y la desigualdad en uno de los países con las tasas más altas de crecimiento económico de América Latina– se desarrollaron con normalidad, pese a una reñida competencia entre los candidatos de dos de los partidos tradicionales y uno independiente.
Finalmente, por una diferencia de dos puntos fue electo presidente Laurentino Cortizo, el candidato del Partido Democrático Revolucionario (PRD), fundado originariamente por Omar Torrijos. Tanto Cortizo como los restantes aspirantes han manifestado su disposición a dar continuidad a la política exterior del saliente presidente Varela. El punto fundamental, no obstante, es cómo el nuevo presidente encarará un dilema crucial para Panamá: equilibrar las relaciones con Estados Unidos y con China, sus más importantes socios comerciales y los principales usuarios del Canal.
A diferencia de los altibajos entre la confrontación y el desarrollo de un dificultoso diálogo entre Washington y Moscú en torno a la crisis venezolana, la creciente influencia de China en Panamá ha seguido un camino más cauto pero no por eso menos exitoso, como un engranaje importante en las aspiraciones de proyección global de Beijing.
China ha evidenciado una estrategia de largo plazo bien definida de hacia dónde quiere llegar a nivel regional y global, así como lo que espera de América Latina y el Caribe, resaltando que la República Popular China y América Latina son “socios naturales”, y que esta es una “extensión natural” de la Iniciativa de la Franja y de la Ruta (BRI), lanzada originariamente en el marco euroasiático. En este contexto, Panamá surge geográficamente como el “eje vertical” del proceso horizontal de la BRI a nivel de Eurasia, Africa y Asia Pacífico, vinculada al comercio y a la inversión china en América Latina y el Caribe y al tránsito de mercancías entre el Pacífico y el Atlántico. China, por su parte, se ha consolidado como un importante inversor y socio comercial de la región, en virtud de la demanda china de materias primas y alimentos.
En este marco, Panamá se ha convertido en una plataforma clave para China a escala global y ha sido pionera, en la región, en la incorporación a la BRI. En el marco de un viraje significativo de su política exterior, en junio de 2017 Panamá rompió relaciones con Taiwán y reconoció a la República Popular China, asumiendo formalmente su política de Una Sola China. El reconocimiento fue seguido por una histórica visita del presidente Varela a Beijing a fines del mismo año.
El abrupto giro en las relaciones llevó a la firma, en noviembre de 2017, de un memorándum de entendimiento entre Beijing y Panamá que dio lugar a que este país se incorporara a la BRI. Para julio de 2018, se habían firmado 28 acuerdos bilaterales y para diciembre del mismo año, a raíz de la visita del presidente Xi Jinping al país centroamericano, se anunciaron otros 19 acuerdos entre los dos países. Panamá firmó el memorándum de entendimiento de 2017 como una pieza esencial de la BRI, en tanto es un hub logístico crucial para la vinculación y para la entrada de productos chinos a América Latina y el Caribe, no solo por su recientemente ampliado canal bioceánico sino también por ser un centro de conexión aérea con el resto de la región.
Por su parte, China es el segundo usuario más importante del Canal de Panamá después de Estados Unidos, y entre los acuerdos sino-panameños no solo se prevé la construcción de un cuarto puente sobre el canal sino también una amplia inversión en el puerto de contenedores de Colón; la construcción de un puerto de cruceros en la isla de Amador y el desarrollo de una red ferroviaria que conecte la ciudad de Panamá con la provincia de Chiriquí, mientras que se ha avanzado en la preparación de la firma de un acuerdo de libre comercio que en abril de 2018 había llegado a una quinta ronda de negociaciones entre ambos países, ante la manifiesta incomodidad de la administración Trump
Más allá de la histórica presencia estadounidense en Panamá, luego de la recuperación del Canal en 1999 por parte de los panameños a raíz del acuerdo Carter-Torrijos, Estados Unidos sigue siendo su principal socio comercial e inversionista y el principal usuario del canal, cuya importancia geoestratégica no ha disminuido y más bien ha aumentado con su reciente ampliación.
El control del Canal de Panamá –obligado paso para el tránsito de mercancías entre el Pacífico y el Atlántico que configura un 5% del comercio mundial– y algunas de sus prerrogativas, como el paso expedito de sus embarcaciones militares, no ha dejado de ser una prioridad para Washington. Adicionalmente, el acuerdo de libre comercio (TLC) entre Estados Unidos y Panamá fue firmado por ambos gobiernos en 2007, entrando en vigor el 31 de octubre de 2012.
En este contexto, el desembarco de China en Panamá ha generado tensiones con Estados Unidos, particularmente a raíz de la guerra comercial en curso entre ambas potencias y la preocupación de Washington por la creciente presencia de China en la región, pero también por la falta de transparencia y los potenciales límites a la sustentabilidad de la BRI, que, entre otras críticas, compromete a los países de la región a endeudarse para el desarrollo de la infraestructura y la conectividad.
De hecho, en septiembre de 2018 Washington llamó a consulta a sus diplomáticos en Panamá como parte de las tensiones que se generaron en torno a estas iniciativas, impasse que fue aparentemente superada. Sin embargo, según algunas versiones, la demora en la firma del acuerdo de libre comercio entre China y Panamá responde a la necesidad de no irritar a Estados Unidos en la delicada coyuntura de la actual búsqueda de una salida a las complicaciones comerciales sino-estadounidenses.
La reactivación de la tensión en la guerra comercial entre Washington y Beijing en días recientes complejiza el curso de acción de la nueva administración de Cortizo en Panamá, que deberá maniobrar, para preservar los intereses panameños, entre dos elefantes en pugna que pisan fuerte en torno al Canal.

*Analista internacional y presidente de Cries.

También en Perfil