Teresa Arijón publicó Teoría del cielo con Arturo Carrera a principios de los 90. Esa teoría del cielo era, ante todo, una concepción de la poesía. Al comienzo de Soledad inesperada hay una muerte, la de la madre, y, tal vez no casualmente, está esa misma palabra, “cielo”, que en el libro de los 90 nombraba la poesía. La escritura de Teressa Arijón nace en esa ausencia originaria de la madre. Y nace también en una condición específica, asociada en varias tradiciones –como lo estudió en algún momento Furio Jesi– con la condición misma de poeta: la orfandad.
“Su voz había quedado grabada en un carrete de cinta. Una tarde de sábado resurgió sin ser llamada…”. El libro es la exploración de una ausencia que atraviesa toda una vida, una ausencia con la que la construcción de la voz poética de Arijón convive a lo largo de su historia. No es que determine la existencia de esa voz, que no es por otra parte una voz homogénea, sino una voz que va mutando en el tiempo. No la determina, pero sí, en cambio, la acompaña. Le es paralela. Le pide testimonio.
“Su voz se borró en mí, aunque evoco las palabras”. La palabra poética es, en Soledad inesperada, palabra que preserva. Es el lugar donde se cuece la memoria. En el libro de Arijón hay una especie de obsesión que por comodidad podemos llamar pasión etimológica, pero que opera, más bien, como una obsesión por el modo en que las palabras se conectan inesperadamente con un pasado, con un hálito temporal, que no remite nunca a algo cercano a un origen. Más cerca de las evocaciones onomásticas proustianas que de la aridez de la ciencia etimológica, lo que se moviliza con la palabra, para Arijón, es algo que involucra la evocación, que abre hacia un pasado pero que la palabra nunca llega a cubrir del todo.
“Las cenizas se derramaron suavemente, dejando en el aire una estela de polvillo levísimo”. Como ese polvillo, la escritura de Soledad inesperada está tocada por la dispersión y por la gracia. El libro es poesía, es relato autobiográfico y es, también, cuaderno de traducción (y Arijón es una gran traductora), registro de sesiones de terapia, laboratorio de escritura y diario de lecturas. Se teje con citas de textos que son, también, motores de escritura. Pasan así Perec, Ocean Vuong, Cecilia Meireles, Derrida, Gottfried Benn, Borges, Carrera, Barthes, Kuitca, María Moreno... Son voces desde las que se trama la poesía, que puede también tocarse con los modos y con los tonos del ensayo.
En un momento, Soledad inesperada recuerda unas palabras de la Nobel francesa Annie Ernaux: “No escribo porque estés muerta. Has muerto para que yo escriba, ahí está la diferencia”. En ese hiato entre palabra y pasado se juega la escritura de Arijón. Y eso la Teresa niña y la Teresa adolescente que empieza a hacer, al mismo tiempo, experiencia de la ausencia y de la escritura y evocación de la infancia lo sabe.
Es esa distancia aquello que tal vez toda poesía testimonia.
Soledad inesperada
Autora: Teresa Arijón
Género: novela
Otras obras de la autora: Un mollón de veranos; Teoría del cielo (junto a Arturo Carrera); Óstraca; La mujer pintada; La escrita; Alibí; Poemas y animales sueltos
Editorial: Lumen, $ 40.000









