A menos de dos meses del inicio del verano, las perspectivas para la Costa Atlántica argentina acaban de complicarse. Si hasta hace unos días la expectativa de los empresarios turísticos era, en el mejor de los casos, repetir los resultados de la temporada pasada, la fuerte devaluación del real brasileño después de la reelección de Luiz Inácio Lula da Silva sumó una amenaza inesperada: Brasil podría volverse todavía más competitivo para los argentinos que buscan vacaciones de playa.
El movimiento cambiario del lunes 26 de octubre sacudió los mercados regionales y volvió a poner en discusión el costo de veranear en la Argentina. Con un real más barato, destinos como Florianópolis, Camboriú y otras playas brasileñas pueden ganar atractivo frente a Mar del Plata, Pinamar, Villa Gesell y el resto de la costa bonaerense. Todo esto ocurre cuando las familias argentinas ya vienen recortando días de descanso, ajustando presupuestos y concentrando sus viajes en los fines de semana.
Sin embargo, no todos los operadores turísticos creen que Brasil será el principal problema de la temporada. Mientras los hoteleros alertan sobre la pérdida de competitividad cambiaria, desde las agencias de viajes consideran que el factor climático podría tener un peso todavía mayor en las decisiones de los turistas.
"Me parece que hay más dudas por lo climático que por cuestiones cambiarias", sostuvo en diálogo con PERFIL Adrián Pastine, secretario de la Federación Argentina de Asociaciones de Empresas de Viajes y Turismo (FAEVYT).
Su mirada introduce un matiz en las expectativas del sector. Para Pastine, las devaluaciones de las monedas de los países vecinos son fenómenos recurrentes a los que la actividad turística debe adaptarse. En cambio, la incertidumbre sobre las condiciones meteorológicas del próximo verano podría influir directamente en la elección de destinos.
Brasil más barato, salarios ajustados y vacaciones cada vez más cortas
La preocupación de los operadores turísticos tiene dos componentes. Por un lado, la pérdida de competitividad de los destinos nacionales frente a Brasil. Por otro, el deterioro de la capacidad de consumo de las familias argentinas, que afecta tanto a los viajes dentro del país como a los internacionales.
"Antes de la devaluación de Brasil, la actividad del turismo interno tenía como máxima aspiración repetir los niveles de la temporada pasada", aseguró a PERFIL Daniel Loyola, miembro del directorio de la Federación Económica de la Provincia de Buenos Aires (FEBA) y referente de Turismo.
El dirigente explicó que las expectativas ya eran moderadas antes del resultado electoral brasileño. "Se preveía una temporada con tendencia nuevamente en los fines de semana. Algo que ya se pudo observar el pasado año. La gente ya no vacaciona por 15 días o un mes, como era antiguamente", señaló.
Según Loyola, solamente los turistas de mayor poder adquisitivo conservan la posibilidad de extender sus estadías en destinos exclusivos como Cariló. Para el resto del mercado, la tendencia es a reducir la duración de las vacaciones.
"Creemos que, a partir de la devaluación de Brasil, la actividad se va a resentir aún más", advirtió.
Loyola considera que el problema es más profundo que la competencia cambiaria. "No ayuda la cuestión económica, que está sensiblemente mal. Al punto que la crema del mercado, que era el turismo al exterior, aprovechando el dólar barato, también se resintió", explicó.
Según los datos del INDEC correspondientes a septiembre, la cantidad de turistas argentinos que viajaron al exterior registró una caída interanual del 13,2%. El retroceso muestra que el ajuste del gasto familiar también alcanzó a quienes venían aprovechando la relación cambiaria para viajar fuera del país.
El abaratamiento del real introduce una nueva variable: aun con menos argentinos viajando, Brasil podría captar una mayor proporción de quienes todavía cuentan con presupuesto para salir de vacaciones.
"Está decayendo el mercado turístico del país, por la situación económica y el tipo de cambio desfavorable para el turismo receptivo", sostuvo Loyola.
La consecuencia es una presión creciente sobre los márgenes de los prestadores. Los hoteles, restaurantes y establecimientos turísticos intentan mantener tarifas competitivas para evitar perder clientes, pero deben absorber incrementos de costos.
"Los prestadores están haciendo en la Argentina un gran esfuerzo. Tratan de no trasladar la totalidad de aumentos significativos a los precios. Se pierde rentabilidad, pero apuntan a consolidar un poco la estructura que tienen montada", describió el representante de FEBA.
Hoteles en alerta: subir las tarifas puede terminar ahuyentando a los turistas
La inquietud también se instaló entre los empresarios hoteleros, que observan cómo el movimiento del real puede modificar las decisiones de viaje justo cuando comienza a definirse la temporada alta.
Gabriela Ferrucci, presidenta de la Asociación de Hoteles de Turismo de la República Argentina (AHT), advirtió a PERFIL que el sector enfrenta un escenario especialmente complejo por la combinación de dificultades económicas, cambiarias y climáticas.
"La devaluación del real y el impacto climático de El Súper Niño comprometen severamente la temporada en la costa argentina, configurando un escenario de extrema incertidumbre para los destinos nacionales", afirmó.
Ferrucci puso el foco en un problema que atraviesa a buena parte de la actividad: la imposibilidad de trasladar los mayores costos a los precios que pagan los turistas.
"Nuestros hoteles enfrentan fuertes aumentos en costos laborales y energéticos que no han podido ni pueden trasladar a tarifas", explicó.
La decisión de incrementar los precios para recuperar rentabilidad podría terminar agravando la situación.
"El gran dilema es que encarecer los precios incentivaría la salida de turistas hacia Brasil y desalentaría la llegada de viajeros regionales que veníamos recuperando", advirtió.
El riesgo es doble. Por un lado, una mayor cantidad de argentinos podría elegir destinos brasileños. Por otro, un real depreciado puede desalentar la llegada de turistas de ese país, para quienes los servicios argentinos se vuelven relativamente más caros.
Frente a este panorama, la titular de la AHT reclamó medidas oficiales para aliviar la estructura de costos de los establecimientos.
"Resulta imprescindible implementar medidas urgentes de alivio fiscal y reducción de cargas tributarias para sostener el empleo y la viabilidad de los establecimientos de la costa", planteó.
El Súper Niño preocupa más que el dólar a las agencias de viajes
La incertidumbre climática es otro de los factores que aparece en las proyecciones de la temporada. La perspectiva de un episodio intenso de El Niño durante los próximos meses plantea interrogantes sobre las condiciones meteorológicas que podrían acompañar las vacaciones de verano.
Aunque el fenómeno no implica necesariamente lluvias permanentes en la Costa Atlántica, sus posibles consecuencias ya son consideradas por los operadores turísticos.
Pastine sostuvo que, a diferencia de las fluctuaciones cambiarias, el clima puede convertirse en un factor determinante para quienes buscan destinos de playa.
"Las cuestiones devaluatorias que puedan tener las monedas de los países vecinos son una constante, algo cíclico que ocurre en nuestra región. Tenemos que ir adaptándonos y mejorar nuestra capacidad competitiva para atraer tanto al turismo interno como al externo", explicó.
Desde su perspectiva, la incertidumbre meteorológica puede pesar más en la elección de las vacaciones que una diferencia circunstancial de precios entre destinos.
El secretario de FAEVYT señaló que las condiciones climáticas también podrían incidir sobre el turismo hacia Brasil, ya que las previsiones para el verano abarcan distintas regiones del país vecino.
De todos modos, los pronósticos estacionales no permiten determinar con precisión cuántos días de lluvia tendrá cada destino ni asegurar que una región estará libre de precipitaciones. Por eso, la incertidumbre afecta las decisiones de compra sin que todavía sea posible medir su impacto sobre las reservas.
En cuanto a las perspectivas de ocupación, Pastine se mostró algo más optimista que otros referentes del sector. "Esperamos que sea algo similar a lo del año pasado, tal vez un poco mejor. Pero está la incertidumbre de lo climatológico en el medio", sostuvo.
El fin de las vacaciones de 15 días: ahora se imponen las escapadas
Más allá de las diferencias sobre el impacto del real y del clima, los tres referentes coinciden en un cambio estructural del negocio turístico: las vacaciones se están acortando.
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La tradicional estadía de dos semanas o un mes en la Costa Atlántica pierde terreno frente a escapadas de pocos días y viajes distribuidos a lo largo del año.
Pastine explicó que incluso las personas que mantienen capacidad económica para viajar están modificando sus hábitos. "En vez de gastarse todo en un mes de vacaciones en algún lado, creo que lo particionan en dos, tres o cuatro salidas anuales", señaló.
Este comportamiento tiene un efecto directo sobre la ocupación hotelera y la facturación de los destinos. "Particularmente en la Costa Atlántica, los fines de semana, jueves, viernes, sábado y domingo, es notable la diferencia de crecimiento de ocupación que tenés", describió.
Para los prestadores, esta concentración implica depender cada vez más de unos pocos días de alta demanda. Y cuando el clima no acompaña durante un fin de semana, las posibilidades de recuperar esa facturación se reducen.
El fenómeno también alcanza a la gastronomía, los balnearios, los comercios y los servicios recreativos, actividades que dependen del movimiento de visitantes durante la temporada.
El financiamiento, otra clave para sostener el turismo interno
En un contexto de pérdida de poder adquisitivo, la posibilidad de financiar las vacaciones aparece como una herramienta para estimular la demanda.
Sin embargo, las tasas de interés elevadas y una oferta limitada de cuotas restringen las posibilidades de compra de buena parte de las familias.
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Pastine consideró que una mejora en las condiciones del crédito podría tener un efecto inmediato sobre el movimiento turístico. "Habiendo crédito, sin duda va a mejorar muchísimo la capacidad de la gente de viajar y aprovechar para hacerlo", afirmó.
El dirigente recordó que actualmente existen algunas alternativas de financiación con tarjetas para viajes nacionales, aunque lejos de la oferta disponible en otros períodos.
"Hoy en día tenemos las tasas donde están y obviamente eso encarece el financiamiento, con lo cual no hay tanta oferta", explicó.
Para las agencias, la sensibilidad de la demanda al financiamiento es muy alta. Una mayor disponibilidad de cuotas a tasas accesibles permitiría ampliar el universo de personas que pueden viajar y también distribuir los gastos de las vacaciones a lo largo del año.
"En cuanto las tasas se acomoden y haya mayor financiamiento para viajes, eso va a tener una respuesta inmediata de los consumidores, sin duda", aseguró Pastine.
La temporada 2027 llega así con expectativas divididas pero con cautela. Los hoteleros advierten que la competencia de Brasil y los costos locales amenazan la rentabilidad; desde FEBA temen que la actividad se resienta todFavía más; mientras que las agencias confían en que el turismo pueda repetir, e incluso mejorar ligeramente, los niveles del verano anterior.
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