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Cuando el bienestar deja de ser un tema “blando”

“Frente a objetivos de rentabilidad y desempeño, hablar de felicidad en el trabajo podía sonar ingenuo”, dice la autora. Como Argentina tiene el peor ranking promedio en América Latina y el Caribe, “el malestar deja de ser un tema periférico”, porque la angustia afecta el compromiso y la creatividad de los empleados.

Cuando el bienestar deja de ser un tema “blando”
26-10-2026 | 21:02

Como leyeron… el bienestar dejó de ser un tema “blando”: estrés, vínculos, confianza y seguridad psicológica forman parte de una conversación cada vez más vinculada al desempeño de las organizaciones.

Durante mucho tiempo hablar de felicidad en el trabajo podía sonar ingenuo. Frente a objetivos, rentabilidad y desempeño, el bienestar quedaba relegado a beneficios, actividades recreativas o iniciativas destinadas a mejorar el clima laboral.

En Argentina apenas el 25% de los empleados está comprometido con su trabajo, según Gallup. El porcentaje se ubica por debajo del promedio de América Latina y el Caribe, del 30%, y cayó cuatro puntos respecto del promedio anterior.

Dicho de otro modo: tres de cada cuatro trabajadores argentinos no están hoy genuinamente comprometidos con lo que hacen.

El problema excede nuestras fronteras. A nivel global, el engagement cayó al 20% en 2025 y Gallup estima que el bajo compromiso representa alrededor de US$10 billones en productividad perdida.

Compromiso no es sinónimo de felicidad, ni todo trabajador desmotivado tiene un problema de salud mental"

La Organización Mundial de la Salud (OMS) agrega otra dimensión: la depresión y ansiedad provocan aproximadamente 12.000 millones de jornadas laborales perdidas cada año, con un costo cercano a US$1 billón en productividad.

El bienestar dejó de ser una cuestión accesoria. Hoy la pregunta es: ¿cuánto puede costarle a una empresa desatenderlo? Cuando el malestar empieza a impactar en compromiso, innovación y productividad, deja de ser un tema periférico. Pasa a ser una variable de negocio.

Compromiso no es sinónimo de felicidad, ni todo trabajador desmotivado tiene un problema de salud mental. Existe una conexión difícil de ignorar entre cómo trabajan las personas, cómo son lideradas, cómo se vinculan y la capacidad de una organización para innovar, retener talento y producir resultados.

Durante años, buena parte de las respuestas al malestar laboral se centraron en el individuo: aprender a manejar el estrés, desarrollar resiliencia, meditar u organizarse mejor. Todo eso puede ayudar. Pero no existe técnica de mindfulness capaz de compensar indefinidamente una sobrecarga estructural, un liderazgo hostil o una cultura en la que nadie puede decir que algo está funcionando mal.

El 50% de los trabajadores en Argentina tuvo problemas mentales

La propia OMS plantea la necesidad de intervenir también sobre las condiciones y los entornos laborales. El trabajo puede ser fuente de propósito, pertenencia y realización, pero también puede convertirse en un factor de riesgo.

Los vínculos también producen resultados. Trabajar no es simplemente ejecutar tareas; es coordinar con otros, interpretar, confiar, pedir ayuda, disentir, reconocer errores, dar feedback y tomar decisiones con personas que muchas veces piensan distinto.

Un meta-análisis del Centre for Economic Performance de la London School of Economics, que reunió 339 estudios, casi 1,9 millones de empleados y más de 82.000 unidades de negocio, encontró una asociación positiva entre el bienestar de los empleados y la productividad, la lealtad de los clientes y la rentabilidad, y una relación inversa con la rotación.

Gallup muestra que el engagement de los managers a nivel mundial pasó del 32% en 2022 al 22% en 2025"

Tal vez durante años subestimamos aquello que llamamos “clima laboral”. En buena medida, se construye en la calidad de los vínculos cotidianos y puede favorecer o deteriorar no sólo cómo se sienten las personas, sino también cómo colaboran, innovan y producen resultados.

El costo de tener miedo. En este escenario cobra especial relevancia el concepto de seguridad psicológica. ¿Puedo hacer una pregunta, reconocer un error, expresar una duda o contradecir una decisión sin temor a ser castigado o ridiculizado?

No implica bajar la exigencia ni evitar conversaciones difíciles. Se trata de que el miedo no silencie información que la organización necesita conocer.

Cuando alguien detecta un error y decide callarlo; cuando un profesional joven tiene una idea, pero considera peligroso cuestionar a su jefe; o cuando un equipo esconde un problema debajo de la alfombra hasta que yaes demasiado tarde, la falta de seguridad psicológica deja de ser una cuestión de clima. Se convierte en un problema de aprendizaje, innovación y desempeño.

¿Quién sostiene a quienes sostienen a los equipos?

La pérdida de compromiso tampoco afecta únicamente a los colaboradores. Gallup muestra que el engagement de los managers a nivel mundial pasó del 32% en 2022 al 22% en 2025.

Los líderes reciben presión por resultados, conducen equipos, atraviesan reorganizaciones y, al mismo tiempo, deben adaptarse a la inteligencia artificial, nuevas formas de trabajo y expectativas laborales diferentes.

Pretender equipos comprometidos sin mirar qué les ocurre a quienes los conducen es abordar sólo una parte del problema.

La felicidad es una experiencia personal, pero las organizaciones pueden intervenir sobre las condiciones que favorecen el bienestar. El desafío es profesionalizar esa gestión: comprender el estrés y el burnout (síndrome de agotamiento profesional), revisar cargas y formas de trabajo, formar mejores líderes y fortalecer vínculos, confianza, seguridad psicológica y propósito.

No se trata de convertir a las empresas en espacios terapéuticos ni de reemplazar indicadores de desempeño por índices de felicidad. Se trata de crear condiciones para que las personas puedan estar mejor y, al mismo tiempo, comprometerse, desarrollarse y producir mejores resultados.

Porque las organizaciones producen resultados a través de personas. Y cuando esas personas están agotadas, desconectadas o tienen miedo de hablar, el bienestar deja de ser solamente un asunto humano: se convierte en un asunto de negocio.

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